HISTORIA, ARTE Y DISEÑO PARA ESCUELAS DE ARTE

Escultura griega (II)

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La preocupación de los griegos por lo humano tiene un buen ejemplo en la escultura. las representaciones humanas evolucionaron desde los rígidos atletas del periodo arcaico hasta la expresión de sus más emotivas pasiones o su belleza sensual en le periodo helenístico, pasando por el ideal de hombre capaz de codearse con los dioses, en el perfecto equilibrio del periodo clásico.

La escultura arcaica
 
Las primitivas xoanas de madera dan paso, en la etapa arcaica, (s. VII a.C.) a una escultura monumental en piedra, de carácter funerario o para lugares de culto muy ligada a las tradiciones artísticas orientales, especialmente la egipcia, de la que toma algunos esquemas competitivos, y el hieratismo junto con otros detalles decorativos.
Los kuroi son el modelo ideal de belleza masculina; desnudos y con una profunda indiferencia emotiva por las circunstancias del mundo, parecen estar en armonía con realidades superiores. El modelado de formas cúbicas y las pronunciadas aristas configuran unas imágenes estáticas y de rostro impávido. pronto se inicia la evolución hacia un realismo que se aleja de los modelos egipcios y que singulariza la escultura griega, consiguiendo una mayor plasticidad y blandura en los modelados, contornos más suaves y naturales y la llamada sonrisa arcaica, estableciéndose una relación más viva entre la estructura ósea y la muscular.

Las korai son el ideal femenino. se representan vestidas con dignidad, muestran casi siempre alguna actividad con sus brazos aún manteniendo la rígida frontalidad de los kuroi. Se adornan con complicados peinados y refinados aderezos y aparecen embutidas en sus vestidos, de tal forma que los mantos y sus pliegues geométricos dificultan la relación entre ropa y cuerpo.
La superficie triangular de los tímpanos de los templos plantea un problema competitivo que los escultores irán resolviendo en los cada vez más elaborados relieves policromos de frontones, frisos y metopas.



El periodo severo
 
Al comienzo de la época clásica (periodo severo) encontramos una marcada evolución en la escultura. El Efebo de Kritios rompe la rígida postura anterior, su cabeza se vuelve y el cuerpo apoya su peso en una sola pierna. Este contraposto repercute flexionando el resto del cuerpo y transmitiendo la apariencia de figura viva que parece comenzar a relacionarse con el espacio que le rodea. Los mismos efectos encontramos en el Grupo de los Tiranicias, tal vez el primer monumento europeo a la libertad que celebra el triunfo de la democracia; sus dos figuras contrapuestas y anatómicamente más perfectas rompen la frontalidad e inician la búsqueda del movimiento.

 

La nueva visión estética del periodo severo evoluciona hacia un realismo anatómico en el que desaparece la sonrisa arcaica y los rostros reflejan una intensa naturalidad. El modelado de los cuerpos es cuidadoso e integra a los personajes en el espacio. Aparece también un nuevo material, el bronce, que comienza a ser la producción característica de este momento.

 

El Auriga de Delfos guía orgullosamente su carro en una procesión ceremonial de victoria, concentrado y estático, con rostro austero al que dan vida unos ojos de pasta vítrea. Manifiesta un tenso autodominio que contrasta con la sencillez del ligero ropaje de pliegues simples pero variados. Da una imagen de cohesión en la que el todo prima sobre las partes. Este equilibrio competitivo también lo encontramos en el Poseidón del cabo Artemisión, concentrado en el momento de máxima tensión al disponerse a lanzar el tridente.

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