HISTORIA, ARTE Y DISEÑO PARA ESCUELAS DE ARTE

Claves de la pintura románica

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Mucho de lo que en el campo pictórico produjo el románico se ha perdido: frescos, tablas, ilustraciones de libros y pergaminos. Sin embargo, sí conservamos interesantes muestras de frescos para la decoración mural, para los cuales se extendían los colores sobre una capa fresca de cal, que los absorbía, o con mosaicos. Estos últimos son casi una exclusiva de Italia. En cuanto a la pequeña dimensión, se desarrolla una verdadera especialidad: la miniatura.

Pantocrator de San Clemente de Taüll – Pintura Románica, Museo Nacional de Arte de Cataluña

Los esquemas y las técnicas varían, naturalmente. Ante todo, los temas son en gran parte iguales, comunes también a la producción escultórica del tiempo: episodios del Viejo y del Nuevo Testamento, vidas de santos, ilustración de las actividades humanas, vicisitudes de leyendas o glorias pasadas. En resumen, todo aquel conjunto de argumentos que entonces se llamaban moralia, relatos de contenido moral.

La pintura románica, como todas las artes de este periodo, se fija más en el efecto que en la elegancia. Y está más atenta al relatar que al decorar. Utiliza con frecuencia colores vivos, incluso violentos, creando imágenes que a veces parecen desmañadas, pero siempre eficazmente expresivas. Así, los artistas ya no se esfuerzan en dar realismo al fondo sobre el que se mueven sus personajes. Cuando aluden al ambiente natural o ciudadano en que se desarrollan sus historias, lo hacen con medios simbólicos: una planta para significar el Paraíso terrenal, una serie de rayas para simbolizar el mar, etc. Por el contrario, no sólo deforman las figuras, sino que utilizan tal deformación para acentuar la actitud expresiva del conjunto. Junto a ello, podemos decir que la composición estilizada y rítmica según esquemas repetitivos (muchas figuras dispuestas siempre igualmente, por lo general con una andadura horizontal, o bien simétricamente ordenadas alrededor de un punto de interés central) es uno de los elementos más comunes y típicos de las obras románicas. Por último, los colores. Pueden ser muy vivos o más apagados, y con una amplísima variedad de tonos y gamas.

San Isidoro de Léon (Panteón, Anuncio a los pastores)

Además, habría que señalar como temas iconográficos principales para, por ejemplo, los ábsides, el Cristo en majestad, el Pantocrátor, en su mandorla canónica; y, alrededor de esta figura, la simétrica muchedumbre de santos, hombres y poderes infernales expulsados por Cristo. Sobre las largas paredes de la nave recorre en cambio la procesión de los Santos y de los personajes de la Biblia. En Italia, país muy cercano al mundo bizantino, las pinturas se sustituyen a menudo por grandes mosaicos con el típico fondo dorado de origen oriental. Más rara que la decoración con figuras, pero muy característica de la época, es la decoración de las paredes del edificio (y sobre todo de los pilares) con grandes y elaborados motivos geométricos.

Mosaicos en la iglesia de San Marcos, Venecia

En lo que se refiere a las miniaturas, recuérdese que en esta época son verdaderamente parte integrante de la pintura, de tal manera que esquemas e influencias de una actividad se encuentran frecuentemente tomados de la otra. El campo de la decoración del libro es vastísimo. Sin embargo, dos son los usos más frecuentes de la miniatura: la ilustración propiamente de un episodio y la decoración de las letras iniciales de los capítulos y de los parágrafos. Viveza de colores, fantasía, habilidad para condensar en poco espacio amplios y movidos episodios, son las mejores características de este arte.

Miniatura románica del Códice Calixtino
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