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El Bosco: el artista que pasó de la Edad Media al Renacimiento

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La pintura del madroño, hoy más conocida como El Jardín de la Delicias del Bosco, llegó al Museo del Prado en 1933, procedente del Monasterio del Escorial, con el fin de llevar a cabo su restauración. Era, por entonces, una obra herida por el paso del tiempo y poco conocida fuera de los círculos especializados. Más de 80 años después, se ha convertido, por derecho propio, en una de las obras maestras más reconocibles no solo del autor sino de toda la historia del arte occidental que relata el Prado.

La presencia de este maravilloso tríptico en España se la debemos al afán coleccionista de Felipe II y a su particular gusto por la pintura primitiva flamenca, pasión de la que, de hecho, da su justa medida la completa colección que atesora hoy la pinacoteca de pinturas de los Países Bajos entre los siglos XV y XVI. Esta pasión filipina significó, a la postre, la salvación física de estas obras, evitando que desaparecieran como así sucedió con otros muchos originales e incluso de otros grandes maestros del renacimiento flamenco durante las guerras de religión que asolaron los Países Bajos en la Edad Moderna.

España puede enorgullecerse de mostrar al mundo el mayor número de sus admirables realizaciones. El monasterio de El Escorial, dentro de Patrimonio Nacional, el Museo del Prado y la Fundación Lázaro Galdiano, que sumó a las colecciones públicas españolas un nuevo original del artista, su San Juan Bautista, representan la morada contemporánea del artista y justifica el esfuerzo compartido para organizar un amplio programa de actividades y exposiciones con motivo de la celebración del V Centenario de la muerte de El Bosco. La exposición será una oportunidad para poner al día el conocimiento sobre el maestro y su obra.

Panel central del Jardín de las Delicias [detalle]

Al Museo del Prado le ha correspondido liderar el proyecto más ambicioso, como es la organización de la exposición más completa de obras del Bosco jamás realizada. Una ocasión realmente irrepetible para disfrutar del extraordinario grupo de originales que conservamos en España, reunidos ahora junto a otras maravillosas obras procedentes de colecciones y museos de todo el mundo. En total 23 pinturas y 8 dibujos que significan más de un 77% del corpus de obras conservadas actualmente del pintor holandés. A todas estas instituciones debemos agradecer la generosidad de poner a disposición de este proyecto expositivo algunas de sus más valiosas obras maestras. Gracias, también, a la Fundación BBVA que une, nuevamente, su patrocinio al programa de grandes exposiciones de nuestro Museo.

La exposición será una oportunidad para poner al día el conocimiento sobre el maestro y su obra y, muy especialmente, el momento de ofrecer, con generosidad, el avance en el estudio realizado por el propio Museo en las últimas décadas a través del análisis técnico de sus obras y de la constante labor de conservación y restauración desarrollada por nuestros expertos.

El Bosco, desde la singular perspectiva de los Países Bajos, representa como pocos artistas la migración de las ideas y creencias del mundo medieval al Renacimiento que se produce a caballo entre los siglos XV y XVI. Su pintura refleja esa compleja codificación del saber culto y popular de un mundo en transición y nos proyecta, con igual fuerza, hacia el pasado más remoto de los orígenes míticos de la naturaleza y del hombre, como hacia la delación de los conflictos humanos que por universales no dejan de sernos tan familiares y contemporáneos. Ideas antiguas expresadas en formas nuevas, ideas nuevas puestas ante nuestra mirada a través de imágenes primordiales.

Panel del infierno del Jardín de las Delicias [detalle]

De la perplejidad del espectador ante sus obras dejó prueba temprana Antonio de Beatis en 1517, un año después de la muerte del artista, cuando tras contemplar El jardín de la Delicias en el Palacio de Enrique de Nassau, en Bruselas, aludía a que allí se representaban, “cosas tan placenteras como fantásticas que a quienes no tengan conocimiento de ellas, de ningún modo se les podrían describir bien”. Quien inventarió el famoso tríptico a su llegada al Escorial en 1593 lo describió como “una pintura de la variedad del Mundo, que llaman del Madroño”. Una breve descripción que la completará pocos años más tarde el Padre Sigüenza en “La fundación del monasterio del Escorial” de 1604, primer comentario extenso y apologético sobre el pintor. “Quiero mostrar ahora que sus pinturas no son disparates, sino unos libros de gran prudencia y artificio, y si disparates son, son los nuestros, no los suyos, y, por decirlo de una vez, es una sátira pintada de los pecados y desvaríos de los hombres… Mas cuando hubo de vicios tanta copia, la diferencia que, a mi parecer, hay de las pinturas de este hombre a las de los otros, es que los demás procuraron pintar al hombre cual parece por de fuera; éste sólo se atrevió a pintarle cual es dentro”.

Desde Sigüenza no hemos dejado de hablar de las fabulosas invenciones del Bosco, convirtiendo su obra en una invitación a la reflexión y al comentario sobre lo divino y, sobre todo, lo humano. En definitiva, ante cada una de sus pinturas, durante siglos, no hemos hecho otra cosa que mantener una larga conversación culta sobre esa “variedad del mundo”. Una conversación que continúa abierta y a la que invitamos a todos los amantes del arte a que se acerquen al Prado a partir del 31 de mayo para celebrar ésta que será, sin duda, la gran exposición de su centenario.

Miguel Zugaza | Director del Museo del Prado

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