HISTORIA, ARTE Y DISEÑO PARA ESCUELAS DE ARTE

Las virtudes de El Bosco

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La virtud más notoria de El Bosco es su inventiva. Las figuras y formas que pueblan sus cuadros se inspiran en motivos del arte medieval y de la tradición popular, que el pintor transforma y combina con una imaginación asombrosa. En sus cuadros vemos hombres-pez, hombres-árbol, hombres-barco, y un sinfín de criaturas, construcciones y herramientas que no acertamos a nombrar. Su fantasía recuerda a películas como La guerra de las galaxias -a la que inspiró– y a espectáculos como el Circo del Sol.

El mensaje del Bosco era común para su tiempo. Sus escenas muestran un mundo apocalíptico en el que se dirimen el destino del hombre y el combate entre el bien y el mal. Lo que resulta único es su forma de traducir ese mensaje en pintura. A pesar de lo llamativo que resulta en ellos lo infernal, los cuadros del Bosco con frecuencia son luminosos. Los colores son intensos y la luz que en la mayor parte de sus escenas se ve más allá del horizonte es de un blanco infinito. En un conjunto de tablas conocido como Visiones del más allá (no. 31) comprobamos la convicción con que el artista representa sus fantasías poéticas. Las figuras espectrales de unos demonios nos ayudan a imaginar la profundidad del mal; en otra tabla un túnel de luz nos impulsa hacia la esperanza. Las figuras -en este y en la mayor parte de los cuadros del artista- tienen gestos resignados y honestos, y gracias a ello tanto el terror como la salvación nos parecen próximos.

Las tentaciones de San Antonio [detalle]

La fantasía del Bosco es tan fértil, tan deslumbrante, que puede esconder las cualidades formales de su pintura. El artista maneja los pinceles con una delicadeza extraordinaria. Lo podemos comprobar en el maravilloso cuadro La Adoración de los Magos del Museo del Prado, seguramente su obra mejor conservada (no. 12). Al margen de los vestidos de los personajes, dignos del diseñador más radical de nuestro tiempo, Bosco nos asombra por su forma de pintar las texturas del extraño edificio que ha cobijado el Nacimiento, y los tonos de la laguna que se ve tras él. En estas secciones del cuadro el artista nos anima a valorar lo próximo. En el azul claro y saturado del cielo nos transporta al más allá. En la parte trasera del tríptico (que podemos contemplar gracias al montaje del cuadro en esta exposición) se representan en grisalla escenas de la pasión de Cristo ante un delicadísimo cielo nocturno, iluminado por la luz de la luna. El preciosismo del Bosco es heredero directo de la pintura de manuscritos del siglo XV -representados en la exposición por unos pocos pero excepcionales ejemplares (nos. 34-36).

A quien visite la muestra del Prado le sorprenderá también la frescura de los dibujos del artista de ‘s-Hertogenbosch; de El nido del búho (no. 45), por ejemplo, o del fantástico El hombre-árbol (no. 33). El Bosco fue un pintor que gozó de mucho éxito en vida, y cuya obra fue muy imitada. Es fácil comprender por qué: su sensibilidad artística y sus fabulosas invenciones agudizan nuestra sensibilidad, y nos ayudan a ensanchar el mapa de lo que somos capaces de imaginar.

Alejandro Vergara | Jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte Museo Nacional del Prado | El Mundo

Junto a este magnífico artículo os voy a sorprender con otro maravilloso reportaje sobre este magnífico pintor que fue El Bosco. En concreto, se trata de un artículo firmado por Fernando Marías, Catedrático de Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid. En el traza una visión muy particular sobre el artista. El artículo original fue publicado en la revista El Cultural. Lo he escaneado para que podáis disfrutarlo tanto como lo he hecho yo. Para descargároslo, pinchad AQUÍ.

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