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Frankenstein, el monstruo primigenio

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Hace 85 años la mirada lúgubre y cadavérica del monstruo más famoso de la historia del cine, Frankenstein, se posó por primera vez en los ojos de un acongojado espectador en su butaca. Una mirada que parece albergar todo el dolor del mundo. Un ser fabricado por el hombre y al que el hombre busca destruir.

En noviembre de 1931, los estudios Universal estrenaban El doctor Frankenstein, una película que -junto a Drácula, estrenada ese mismo año- reportaría tantos beneficios en taquilla que la productora iniciaría un ciclo mítico de películas sobre monstruos. El doctor Frankenstein sentó las bases del cine de terror y ha sido imitada y versionada en el cine y la televisión hasta la saciedad.

Es curioso como la película supone una metáfora del propio actor protagonista.Boris Karloff era un completo desconocido a sus 44 años y su papel como ser renacido resucitó su propia carrera cinematográfica. De hecho su elección planteó serias dudas en un inicio a la productora, que prefería a Bela Lugosi, ya conocido por haber interpretado a Drácula. Sin embargo, este rechazó el papel, cosa de la que se arrepintió toda su vida en sus propias palabras. En fin, cosas del cine.

La película, dirigida por el británico James Whale, está rodada con mimo y prestando gran atención a la dirección artística. La cámara se mueve con destreza entre decorados de bello acabado. A pesar de la época en la que fue realizada, los efectos visuales y el maquillaje del monstruo gozan de gran realismo. El artífice de esto último fue Jack P. Pierce, -que después participaría en otros films de monstruos de la Universal como El hombre lobo o La momia– quien tuvo la idea de pintar de verde la piel del personaje para que en el blanco y negro de la pantalla apareciese con un tono más pálido que los demás. Su trabajo fue tan notorio queUniversal adquirió los derechos de ese maquillaje.

El guión de la película se toma varias licencias artísticas y no sigue al dedillo la novela de Mary Shelley, que por cierto cumple 200 años desde su publicación este año. En el libro, por ejemplo, no se menciona cómo el doctor Frankenstein da vida a su creación. Es en esta película donde se da por primera vez la idea de que un rayo infunde la energía suficiente a este collage humano para revivir.

También resulta curioso que al médico coprotagonista se le dé el nombre de Henry, en lugar del original Víctor. Las razones que llevaron a Universal a imponer esta modificación son puramente comerciales, consideraban que Henry era un nombra más amable para el espectador. Claro ejemplo de la tiranía con que las productoras imponían sus criterios de marketing sobre directores y guionistas.

La censura de la época impidió que se escuchara la frase que pronuncia el doctor Frankenstein tras devolver la vida al monstruo: “Ahora sé lo que se siente al ser Dios”. En posteriores reediciones en DVD, sin embargo, se ha incluido. También se censuró el final de la secuencia más poética de la película.

En ella, el monstruo se encuentra con una niña. Lejos de asustarse, la pequeña habla con ternura a Frankenstein y le invita a jugar. Él se convierte por unos instantes en otro niño, y se siente querido. James Whale nos muestra un ser inocente, que no tiene la culpa de ser quien es. Alguien destinado a ser odiado, temido y a hacer el mal. Un ser que no pidió regresar a la vida y que no comprende el mundo en el que se encuentra.

Sin duda se da una imagen terrorífica del monstruo, pero que también produce empatía. “Yo soy yo y mis circunstancias”, que diría el filósofo Ortega y Gasset. Frankenstein es fruto de sus circunstancias, de su vivencia en el calabozo de un castillo sin ver la luz del sol.

El ser humano que lo creó es en última instancia el responsable de sus actos. Un científico que quiso ser Dios y dar vida a un muerto. Alguien como Prometeo, quién al robar el fuego del Olimpo y dárselo a los humanos fue castigado con severidad por Zeus. Una vez más, el capricho de los dioses vence a las buenas intenciones.

Borja Negrete | Vía El Mundo

Aquí tienes la peli completa (en inglés)

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