HISTORIA, ARTE Y DISEÑO PARA ESCUELAS DE ARTE

De Canovas a Rodin: la escultura en el siglo XIX

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El siglo XIX, por definición, es el siglo del eclecticismo, de los neos y de una voluntad de avance y de la experimentación inéditos hasta entonces. En el campo de la escultura, bien podría advertirse que, aún perviviendo valores clásicos inspirados en las manifestaciones grecolatinas -¡Ay, Praxíteles y Mirón, cuánto disteis al arte!- se nota la búsqueda de la innovación y el uso de diferentes materiales, aunque, como veremos, el mármol sigue siendo piedra angular de este arte.

Junto a ello debemos advertir además el intento de desligar escultura de arquitectura, máxime cuando la incipiente industrialización alcanzaba nuevas cotas hasta entonces no conocidas. Y he que aquí, en tiempos convulsos para la política, la economía y la sociedad, despertaron el germen del llamado realismo, manifestado en una crisis social y en una crítica feroz que evolucionaría, en su epígono, hacia el expresionismo escultórico en la factura y hacia una consciencia social en cuanto a su temática.

De esta manera, el siglo XIX amanece sumido aún en el neoclasicismo, cuya principal figura –junto al danés Bertel Thorvaldsen- fue Antonio Canova (1757-1822). Nacido en Italia, su formación comenzó de la mano de un artista de segunda fila a quien el joven discípulo no tardaría en superar. Sin lugar a dudas hubo un hecho que cambió el destino de este artista: su primer viaje a Roma. Allí pudo conocer la estatuaria clásica que tanto le gustará e inspirará. Desde entonces sucesivos encargos no harán más que acrecentar su fama de manera mundial. Entre sus comitentes encontramos a algunos de los personajes más influyentes de su tiempo, que van desde el papado hasta el mismísimo Napoleón Bonaparte.

Entendió la escultura como una sublimación de las formas de la naturaleza inspirándose en el ideal de belleza de los modelos clásicos. En consecuencia, buscó siempre la objetividad en sus obras, llegando incluso a reservar parte de la ejecución a técnicos especialistas en el trabajo del mármol.

Pese a ello, no es un escultor frío. En sus figuras se aprecia un toque de sensualidad y un componente emotivo que, unidos a su gusto por la multiplicación de puntos de vista, le convierten en un escultor equilibrado y en un precedente de la mejor escultura posterior.

Las tres gracias

Una de sus principales obras es el grupo de Las tres gracias, que fue un encargo, precisamente, de la familia Bonaparte. En concreto de Josefina, esposa de Napoleón. El tema es de sobra conocido y está basado en las Metamorfosis de Ovidio –baste recordar aquí las celebérrimas obras de Rubens o de Rafael-. Aunque Josefina no pudo ver esta obra en vida, pues falleció antes de verla terminada, su nieto la adquirió para la familia tras un intento de compra por parte de un duque inglés.

Canova utilizó un solo bloque de mármol para la obra a partir del cual devastó las tres figuras desnudas. Las jóvenes Gracias se funden en un abrazo entre ellas que denota una gran carga erótica en el conjunto, pero sin caer en la vulgaridad.

Las tres gracias (detalle)

Las formas de sus cuerpos son contorneadas y en ellas se puede ver un guiño al mundo clásico. Las tres jóvenes aparecen en una graciosa postura, tan sólo se apoyan en uno de sus pies recreando un precario equilibro que otorga dinamismo al conjunto.

Opuesto a Canova encontramos a la quizá sea la gran figura de la escultura del siglo XIX: Auguste Rodin (1840-1917). Su voluntad y capacidad creadora le convirtieron en una fuerza de la naturaleza, en una réplica decimonónica de la terribilitá de Miguel Ángel, a quien admiraba profundamente.

Aunque el Impresionismo sea un movimiento esencialmente pictórico, en la escultura de Rodin se evidencian puntos de contacto con las obras de los pintores impresionistas. No sólo se trata de una vinculación cronológica. El acabado rugoso y abocetado de buena parte de las esculturas de Rodin provoca que la luz extraiga de ellas vibraciones y contrastes muy próximas al Impresionismo. Evidentemente, la propia naturaleza técnica de la escultura, por necesidad fruto del trabajo minucioso en el taller, imposibilita una total identificación con la pintura.

Rodin poseyó una capacidad extraordinaria que le permitió trabajar todo tipo de materiales, técnicas y formatos. A sus facultades para la escultura unió un carácter apasionado que le empujó hacia planteamientos y temas dramáticos, casi románticos.

Puertas del Infierno (Museo Rodin)

Al igual que en el caso de su admirado Miguel Ángel, la gran obra de Rodin quedó inconclusa y de ella se han extraído algunas de sus obras más famosas como El pensador. Se trata de la Puerta del Infierno (1880-1917), monumental construcción inspirada en la Divina Comedia de Dante y con las puertas del Baptisterio de Florencia como referente histórico más claro.

Las monumentales puertas en un principio estaban destinadas para la entrada del futuro Museo de Artes Decorativas en París, sin embargo este proyecto nunca llegó a realizarse y en su lugar se construye la estación y el hotel de D´Orsay. La guerra y posteriormente la muerte del artista impidió nuevamente la culminación del proyecto. Finalmente J.E. Matsbaum encargará los dos primeros bronces, uno para el Museo Rodin de Filadelfia y el otro para el Museo Rodin de París.

El pensador

Rodin trabajó durante más de veinte años (hasta 1900) para componer su proyecto: las jambas debían esculpirse en mármol mientras que las puertas y las tres figuras superiores, se harían de bronce y se dorarían.

La iconografía de la obra nos remite a La Divina Comedia de Dante o a los poemas de Baudelaire. Más de 180 pequeñas figuras desnudas se agitan surgiendo de un fondo rocoso y de nubes. La humanidad sufriendo o gozando tras el pecado de Adán y Eva. En la parte superior, las tres figuras se corresponden con distintas visiones de una escultura de bulto redondo de Adán que se enlazan a través de la mano izquierda señalando la figura del pensador que está bajo ellos.

Las tres figuras superiores representan la victoria de Muerte mientras que el Pensador, parece reflexionar sobre el destino de la humanidad.

Puertas del Infierno (detalle)

La influencia miguelangelesca en Rodin se hace patente en las figuras de los condenados que ascienden y caen en un movimiento en espiral igual que en el Juicio Final; en la figura del Pensador vemos ese ethos (estatismo emocional de las figuras) que Miguel Ángel reflejaba en su David o el non finito de la Madonna Rondanini que ha llevado a calificar la obra de Rodin como impresionista.

El modelado es digno de mención; en los desnudos observamos gran energía y fuerza expresiva Rodin pone de manifiesto su maestría en los acabados más pulidos como en aquellos rugosos y de aspecto inacabado. Esta técnica, de carácter impresionista, permite efectos lumínicos gracias a la multiplicación de planos, y es utilizada por el escultor para reforzar el colosalismo y fuerza de las figuras.

Rodin rompe con el clasicismo y realismo imperante en la escultura. Las cualidades anatómicas de sus figuras se exageran buscando mayor expresividad y convirtiéndolo en precursor del Expresionismo, la carga dramática que contienen cada una de sus figuras lo hace enlazar con el Romanticismo, a la vez que la carga simbólica de la obra nos permite clasificarla como simbolista.

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