HISTORIA, ARTE Y DISEÑO PARA ESCUELAS DE ARTE

Apuntes de Fundamentos del Arte II: El impresionismo

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Después del fracaso de la Comuna de París (1871) y la brutal represión que las clases populares sufren (más de 20.000 muertos), con la III República, la burguesía francesa se consolida definitivamente en el poder y prosigue la transformación capitalista de Francia por los caminos ya iniciados durante el II Imperio de Napoleón II.El crecimiento capitalista y la industrialización desencadenan un desarrollo sin precedentes de las fuerzas productivas. Los avances de la investigación científica, junto con la creación de nuevos materiales, transforman radicalmente la faz de Europa.

Tanto la concepción de la realidad, de la naturaleza como del hombre, cambia a un ritmo vertiginoso que, en muchos aspectos, no encuentra parangón desde el Renacimiento. Todos estos cambios afectan profundamente al arte.

El impresionismo

Durante el siglo XIX el medio por el que los artistas conseguían su aceptación, la difusión de su obra y el prestigio, era a través de los Salones o Exposiciones Nacionales que les abrían las puertas del apoyo y recompensa de la Administración. Para un pintor no ser aceptado en un Salón suponía su marginación y su fracaso. La decisión de incluir o excluir las obras competía a los jurados formados por autoridades académicas cuyos rigurosos criterios se basan en la tradición más conservadora. Se rechazaban las obras originales que supusieran una ruptura con el arte oficial. Ya Courbet se vio obligado a organizar por su cuenta una exposición paralela al no ser aceptado en el Salón oficial.

En 1863, el propio Napoleón III influyó para que se organizara una exposición con las obras de los artistas que el jurado no había admitido. A esta exposición se la denominó “Salón de los rechazados”, entre los que se encontraban Manet y algunos de los que años más tarde, en 1874, organizarán la primera exposición impresionista: Monet, Renoir y Pissarro, entre otros.

Caricatura crítica sobre la exposición impresionista de 1874

Las exposiciones realizadas por los impresionistas entre 1874 y 1886 contribuyen a minar el prestigio y la autoridad de los Salones oficiales que ya a finales del siglo XIX pierden todo su crédito.

La exposición de 1874 es una alternativa democrática a la estructura autoritaria del Salón. Los pintores impresionistas se presentan a esta exposición con el nombre de Sociedad Anónima Cooperativa de Artistas. Se proponen exponer libremente sin jurados ni recompensas honoríficas. Esta nueva forma de afrontar la producción artística no prospera, y aún en día hoy parece una utopía, puesto que, desde entonces, la obra de arte se ve sometida como cualquier otra mercancía a las leyes del mercado basadas en una feroz competitividad.

Antecedentes

Algunos rasgos distintivos del movimiento impresionista aparecen por separado en algunas de las preocupaciones técnicas de los maestros del pasado. La reflexión sobre los problemas de la luz y los efectos de la pincelada pastosa y suelta se encuentra en una tradición pictórica que va desde los maestros venecianos hasta Rembrandt, desde Velázquez a Goya, además de los esfuerzos para captar el ambiente atmosférico realizados por Turner y Constable.

No obstante, los impresionistas articulan todos estos caracteres aislados en una formulación coherente preocupada fundamentalmente por su manera de abordar el problema de la visión.

El primer pintor que, sin identificarse totalmente con el impresionismo, revoluciona el panorama pictórico francés a mediados del siglo XIX es Manet.

Edouard Manet (1832-1883)

Nació el 23 de enero de 1832 en París. Hijo de Auguste, jefe de personal del Ministerio de Justicia y de Eugénie-Désirée, hija de un diplomático.

Cursó estudios en la Escuela de Bellas Artes de París y durante su formación con Thomas Couture, copió obras de todo género, centrándose en el Renacimiento y en Velázquez, Rubens y Tiziano. En esas copias sobresalía el protagonismo del color puro y la definición clara de la luz y la sombra.

Su forma de retratar la vida cotidiana, su utilización de amplias y simples áreas de color y su técnica de pincelada directa, rápida y empastada provocaron el rechazo y las críticas a su obra, aunque él nunca quiso ser un radical y buscaba ser aceptado en un mundo que todavía no estaba preparado para asumir una pintura en la que la vida se presenta tal cual.

La figura de Manet rechaza la tradición académica, pero su formación parte de maestros como Tiziano, Tintoretto, Velázquez y Goya, con los que se familiariza en el Louvre, en España e Italia.

Manet, Almuerzo sobre la hierba

Su polémica entrada en el mundo pictórico la realiza en el ya mencionado “Salón de los rechazados” de 1863 con su obra El almuerzo sobre la hierba (1863), cuadro que escandaliza al público y a la crítica.

El tema parece clásico, inspirado en El concierto campestre de Giogione y Tiziano joven, y en un grabado basado en la obra de Rafael El juicio de Paris. Manet procede a la destrucción de este tema de referencias mitológicas al presentarlo como escena contemporánea a orillas del Sena. Las tres figuras del primer plano aparecen desconectadas entre sí, rasgo que aún se acentúa más si tenemos en cuenta el contraste entre la figura femenina desnuda y las masculinas vestidas. La figura femenina del fondo parece flotar entre las del primer plano debido a una especial representación de la perspectiva.

Pero lo que realmente provoca un fuerte impacto entre el público de su época es el hecho de que Manet ofrece una visión de la luz y la composición que los ojos de sus contemporáneos no estaban preparados para asumir. La sensación de volumen no se crea a partir del claroscuro. La luz se representa como una mancha tonal clara que contrasta violentamente con las zonas de sombra, mediante machas de color yuxtapuestas y sin gradaciones. Las figuras no se sitúan en un espacio ambiental, sino que se funden en él en una perspectiva ilusoria acentuada por unos colores casi planos.

Manet, Olympia

En realidad, Manet propone mostrar la sensación inmediata que produce la aplicación de la luz sobre una escena sin que medien correcciones intelectuales. El mismo procedimiento utilizará en otra de sus más conocidas pinturas como es la Olympia (1863).

Los impresionistas consideran a Manet como su guía, pues ven en su pintura algunas de las características que ellos intentan llevar a sus últimas consecuencias: la importancia de la luz, de la sensación, la variación arbitraria de la perspectiva y los motivos cotidianos que el realismo elevó a la categoría de obra de arte.

Características del impresionismo

La luz. La tradición pictórica desde el Renacimiento hasta Courbet tiene a representar a los objetos y las personas un tanto artificialmente. Los modelos se sitúan en el estudio siguiendo las indicaciones del artista. La iluminación procede, por lo general, de las ventanas. El artista crea la sensación de volumen mediante las diversas transiciones graduales de la luz a la sombra. Esta forma de iluminar los cuerpos y los objetos es una convención artificial a la que el ojo del hombre se había acostumbrado.

No obstante, cuando la fuente de luz cambia se vuelve más potente, la impresión que recibimos es totalmente diferente. Esto ocurre sobre todo cuando los objetos iluminados lo son por el sol, al aire libre.

Los cuerpos que reciben directamente la luz natural no los percibimos con el mismo volumen que los iluminados con luz indirecta. Al aire libre, los contrastes entre luz y sombra son mucho más violentos, las zonas iluminadas aparecen exageradamente brillantes y las sombras más profundas y oscuras, sin apenas todos medios o grises.

Monet, Estación de San Lázaro

Si observamos sin prejuicios, nos damos cuenta de que lo que vemos al aire libre aparece de forma muy distinta de cómo hasta entonces se había representado en la pintura occidental.

La fotografía. Al mismo tiempo que nace el impresionismo se generalizan las cámaras fotográficas portátiles y las instantáneas. Desde el Renacimiento, una de las misiones sociales de la pintura consistía en representar para la posterioridad la apariencia de las cosas y de las personas (retrato). La aparición de la fotografía priva a la pintura de esta función si la entendemos en su sentido más tradicional. Éste es uno de los motivos por el que, a partir de ahora, los pintores se lanzan a la indagación de nuevos caminos de expresión pictórica que permitan reproducir la realidad desde planteamientos que favorezcan la diferenciación de la reproducción fotográfica.

En realidad, fotografía y pintura no son artes que disputen entre sí, sino dos expresiones artísticas diferentes como lo son la pintura y la escultura.

La estampa japonesa. Cuando a mediados del siglo XIX Japón rompe su aislamiento comercial con occidente, comienzan a circular una serie de grabados que en muchas ocasiones se utilizan como papel de embalar y que se pueden adquirir a precios muy asequibles. Son los llamados Ukiyo-e, que significa “pintura de los mundos flotantes”.

Bajo la ola de Kanagawa – Ukiyo-e

Estas estampas pertenecen a una escuela que, a partir del siglo XVIII, se separa del arte tradicional del Oriente Lejano. En ellas se representan escenas de la vida cotidiana desde puntos de vista y perspectivas insólitos, colores planos y muy vivos finamente contorneados, perfecta captación del ambiente luminoso y atmosférico y una ausencia absoluta de los valores compositivos de la tradición pictórica europea.

Todos estos aspectos entusiasman a los impresionistas, que ven en la estampa japonesa una manera de captar la realidad totalmente afín a sus presupuestos teóricos.

La técnica. El impresionismo, por el hecho de realizar sus obras al aire libre (au plain air) y por la necesidad de captar la inmediatez de los efectos luminosos y atmosféricos, utiliza una técnica de ejecución rápida y en muchas ocasiones sumaria. Las pinceladas suelen ser vigorosas y cargadas de pasta. En unas ocasiones es corta y en otras larga y sinuosa. Otra técnica muy utilizada es diluir el óleo hasta alcanzar una fluidez semejante a la acuarela.

Composición. Sustituyen la representación geométrica del Renacimiento por una concepción del espacio derivada del encuadre fotográfico, lo que supone en muchas ocasiones la ausencia de un tema central e incluso la representación de figuras incompletas al quedar cortadas por los bordes del cuadro.

Los pintores impresionistas

En el Café de Guerbois se reunían una serie de jóvenes pintores en torno a la figura de Manet para discutir sobre arte. Estas reuniones ayudan a pintores como Monet, Renoir, Pissarro, Cézanne y Degas, entre otros, a fijar sus ideas sobre pintura y los caminos que conviene seguir.

En 1874, en el estudio del fotógrafo Nadar, se da a conocer por primera vez el movimiento impresionista mediante una exposición de estos pintores –a excepción de Manet- que viene a mostrar los caminos iniciados por cada uno de ellos entre los años 1860 y 1870. El cuadro de Monet Impresión: Sol Naciente (1872) sirve de pretexto para que un crítico, irónica y despectivamente, los bautizara con el nombre de impresionistas.

Exterior del taller de Nadar

Esta exposición y otras posteriores crean un gran revuelo y rechazo tanto del público como de la crítica. Será bastantes años después cuando el impresionismo se convierta en poco menos que en el arte oficial del gusto burgués.

A pesar de una serie de características generales que todos los impresionistas comparten, en realidad cada artista evoluciona por senderos particulares, afirmando su propia visión y personalidad.

Claude Monet (1840-1926). Nació el 14 de noviembre de 1840 en la Rue Laffitte de París, aunque se crió en Le Havre, donde se trasladó a los cinco años y donde cursó estudios de dibujo y pintó marinas junto a Eugène Louis Boudin. Ganó algo de dinero dibujando caricaturas.

Monet, Nenúfares

Ingresa en el estudio Gleyre, donde conoce a Bazille, Renoir y Sisley. Frecuentaría este estudio hasta el invierno de 1863-64.

En mayo de 1868 vive en Fécamp con su mujer Camille y su hijo. Su situación familiar es muy difícil y tras un fallido intento de suicidio en el mes de junio, recibe ayuda económica de Gaudibert. En ese mismo verano se traslada a El Havre, donde es condecorado con la medalla de plata de la Exposition Maritime Internationale du Havre.

Monet, Impresión: Sol naciente

Pintaba al aire libre paisajes y escenas de la sociedad burguesa, y gozó de cierto éxito en las exposiciones oficiales. Según su estilo evolucionaba, transgredía los convencionalismos en beneficio de una expresión artística más directa. En 1874, junto a sus colegas, organizan sus propias exposiciones. Se autodenominaron los independientes, aunque se les aplicó burlonamente la etiqueta de impresionistas a causa del aspecto inacabado de sus obras (como una primera impresión) y también porque una de las pinturas de Monet llevaba el título Impresión: sol naciente (1872, Museo Marmottan, París). Monet trata de representar un instante de un amanecer, de ahí su título Impresión: Sol Naciente. La simple elección de este tema ya rompe con el academicismo que imperaba a finales del XIX. Dentro del movimiento impresionista no existen unos temas más importantes que otros, cualquier tema es válido, lo importante es como se resuelve el cuadro, y si éste es capaz de capturar el instante. Para Monet la velocidad de los nuevos medios de transporte, la aceleración del ritmo de vida o la rapidez de los acontecimientos debía plasmarse en el arte, así que es que trata de copiar del natural un instante, la luz fugaz del amanecer que llena de suaves y cálidas tonalidades la bahía. Para conseguir esta sensación de fugacidad utiliza pinceladas yuxtapuestas a partir de colores primarios, que reconstruyen la imagen a cierta distancia. Se prescinde de algunos colores como el negro, que no existe en un estado puro en la naturaleza, en su lugar se utilizan tonos fríos para las sombras. Por efecto de la luz, las formas se difuminan logrando la ansiada desmaterialización que persigue el Impresionismo. La técnica utilizada es de pinceladas cortas, pastosas y compactas, prescindiendo de líneas o dibujo,  que convierten a la luz en la auténtica protagonista de la obra, tratando de representar el instante fugaz del amanecer. La composición también es más arriesgada que en el arte academicista, así el motivo principal no se sitúa en el centro de la obra. También se prescinde de la perspectiva geométrica.

Uno de los primeros objetivos de Monet es fijar la inmediatez de la sensación visual. Para ello escoge los motivos acuáticos. Pinta en las orillas del Sena y en Argenteuil –donde instala su estudio en una barca- los efectos de luz sobre el agua. Las vibraciones luminosas y los reflejos sobre el agua excluyen la perspectiva y la iluminación fija, dos de las constantes de las reglas tradiciones de la representación pictórica.

Para Monet, el color es el protagonista indiscutible. La línea se ha disuelto a favor de la mancha, de las pinceladas cortas y enérgicas que yuxtaponen los colores según las leyes de la simultaneidad. Los objetos y los reflejos son tratados con la misma contundencia. La solidez del reflejo expresa nuestra forma de percibir; la sensación visual sin ningún tipo de ordenación intelectual nos dice que el color del reflejo es tan sólido como el objeto mismo.

Camille Pissarro (1830-1902). Estudioso de Turner y formado bajo la influencia de Corot y Millet, es, junto con Monet, el mejor representante de la nueva visión de la naturaleza.

Sus motivos predilectos son los ambientes de los pueblos campesinos, en los que se esfuerza por representar la unidad del efecto luminoso.

Pissarro, Tejados rojos

Su etapa más significativa es aquella en que, al contrario de los efectos evanescentes y disolventes de la materia que se aprecia en Monet, la armonía cromática y la solidez de las formas y sus estructuras se unen en un equilibro sutil que repercutirá en la obra de Cézanne, como en sus Tejados rojos de 1877.

Auguste Renoir (1841-1919). Nació el 25 de febrero de 1841 en Limoges. Hijo de un sastre que trasladó a su familia a París.

Durante su infancia trabajó como decorador en una fábrica de porcelanas. Con 17 años copiaba pinturas sobre abanicos, pantallas de lámparas y persianas. Fue admitido en la Academia de Bellas Artes y en 1862 se matriculó en la academia del pintor suizo Charles Gabriel Gleyre, donde se encontraría con Fridéric Bazille, Claude Monet y Alfred Sisley.

En su obra más temprana se pudo observar la influencia de pintores como Monet en su tratamiento de la luz, y de Eugène Delacroix en su tratamiento del color. En 1864 tuvo lugar su primera exhibición en París, pero no fue verdaderamente reconocido hasta 1874, en la primera exposición de pintores de la nueva escuela impresionista.

Renoir, Las dos hermanas en la terraza

Pierre-Auguste Renoir falleció el 3 de diciembre de 1919 en Cagnes.

Renoir colabora con Monet en la disolución de las formas a través de las vibraciones luminosas, pero a lo largo de su carrera se convierte en el exponente más claro del hedonismo que subyace en la amabilidad de toda la pintura impresionista.

A diferencia de los anteriores pintores prefiere como motivo el ser humano, sobre todo la mujer, que para él expresa la belleza. Sus cuadros de desnudos femeninos vibran en multitud de tonos claros en los que se aprecian las influencias de Fragonard, con el que Renoir se había familiarizado en su anterior trabajo como pintor de porcelanas.

Renoir, Baile en el Moulin de la Galette

Una de sus obras más importantes es Baile en el Moulin de la Galette (1876). representa uno de los muchos bailes que tenían lugar junto al “Moulin de la Galette” en el barrio de Montmartre, uno de los más famosos y bohemios de París. La escena tiene lugar en el exterior y aparecen numerosos personajes, hombres y mujeres, charlando unos y bailando otros, bajo una luz que se proyecta a través de las copas de los árboles. El cuadro se organiza claramente a través de una diagonal que recorre el cuadro dividiéndolo en dos espacios, el inferior ocupado por hombres y mujeres, organizados en círculo alrededor de una mesa y un banco, charlan de manera distendida. En la mitad superior formando un círculo más amplio aparecen varias parejas bailando. En toda la obra vemos ya inequívocas señales de la técnica impresionista como puede ser el propio tema, la vida urbana tan del gusto de este pintor, como el predominio del color que se aplica a base de pinceladas sueltas y el interés del pintor por captar la luz, filtrada a través de los árboles y que se proyectan en los trajes y en el suelo creando manchas de luces y sombras, violáceas y amarillentas en el suelo o pardas y marrón en la chaqueta del hombre sentado en la silla de espaldas al espectador. El dibujo prácticamente desaparece bajo las pinceladas de color. Asimismo, el pintor ha alterado las leyes de la perspectiva situando dos puntos de vista diferentes dentro de la misma obra, así el grupo inferior, más próximo al espectador, se ve desde un punto de vista alto mientras que las parejas que bailan al fondo tienen un punto de vista frontal.

Edgar Degas (1834-1917). Nació el 19 de julio de 1834 en París. Hijo de un aristocrático banquero, su madre provenía de una familia de rancia tradición de Nueva Orleans, en Estados Unidos. Fue el primogénito de la familia y desde pequeño su padre lo puso en contacto con el arte.

En 1845 inicia su bachillerato en el Liceo Louis-le-Grand y lo termina en 1853. Abandonó la Facultad de Derecho para pintar. En 1854 se convierte en alumno de Louis Lamothe, discípulo de Ingres, y asiste en 1855 a la Escuela de Bellas Artes en París. Desde 1865, influenciado por el movimiento impresionista, abandona los temas académicos para dedicarse a una temática contemporánea.

Degas. Ensayo de ballet

Su temática es el teatro, cafés, carreras de caballos y las mujeres, en las que se centra gran parte de su obra intentando atrapar las posturas más naturales y espontáneas de sus modelos. En su afán por capturar el movimiento en una obra de arte, acudía a diario y permanecía horas observando los ensayos de las bailarinas, incluso, contrató algunas para que le sirvieran de modelo mientras pintaba.

Al contrario que los impresionistas, Degas considera que la forma tiene valor en sí misma y no como motivo cambiante según las condiciones que nuestra retina percibe. Su preocupación por este hecho y por la representación del espacio le llevan a preferir los motivos captados en el interior de locales, habitaciones, teatros…

A pesar de su alejamiento de los presupuestos impresionistas sobre el color, la luz y la disolución de la forma llega más lejos que ninguno de éstos en la captación de lo instantáneo, gracias a las posibilidades que le ofrece la nueva visión fotográfica.

Degas. La clase de danza

De su producción destaca La clase de danza (1874). Degas acudía con asiduidad a la Ópera de París, como espectador, pero también entre bastidores, a la sala de la danza, donde lo introdujo un amigo músico de orquesta. En dicha época todavía se trataba del edificio de la calle Le Peletier, y no de la Ópera diseñada por Garnier, que pronto la sustituirá. A partir de comienzos de los años 1870 y hasta su muerte, las bailarinas ejerciendo durante los ensayos o en reposo, se convierten en el tema de predilección de Degas, incansablemente recuperado con numerosas variaciones en las poses y los gestos. Más que el escenario y las luces de candilejas, es el trabajo previo que le interesa: en entrenamiento. Aquí, la sesión se acaba: los alumnos están agotados, se estiran, se contorsionan para rascarse la espalda, arreglan su peinado o su ropa, un pendiente, un lazo, poco atentas al inflexible profesor, retrato de Jules Perrot, antiguo maestro de ballet. Degas ha observado con atención los gestos más espontáneos, naturales y anodinos, momentos de pausa, cuando la concentración se afloja y el cuerpo se relaja, tras el esfuerzo de un aprendizaje extenuante y de un rigor implacable. El punto de vista levemente en picado, centrado en la diagonal de la estancia, acentúa la perspectiva lejana de las láminas de la tarima.

 

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