HISTORIA, ARTE Y DISEÑO PARA ESCUELAS DE ARTE

La arquitectura modernista

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A caballo entre los siglos XIX y XX, aproximadamente entre 1890 y 1910, por primera vez, y como resultado de un siglo de indefiniciones y variantes, surge un estilo artístico unitario, el modernismo, transmisor de la herencia cultural del siglo XIX y fundamento de muchas de las corrientes arquitectónicas del siglo XX.

Contribuyen a su formación, aunque sin poder precisar qué elemento es decisivo para la aparición del nuevo estilo, el neogótico, el movimiento del Arts and crafts, la ingeniería y la arquitectura del hierro, la pintura de los prerrafaelitas, el impresionismo y el simbolismo, y hasta el gusto por los objetos japoneses o las nuevas técnicas en el trabajo en curva de la madera.

El modernismo es un fenómeno complejo, que se produce en las ciudades de aquellos países donde se ha alcanzado un cierto grado de desarrollo industrial. Incluye muchas de las manifestaciones de su época, desde los espectáculos, los vestidos y el adorno personal hasta las artes figurativas, y desde el mobiliario y la decoración hasta la arquitectura y el urbanismo.

Pretende, frente al académico y oficial eclecticismo de falsa historicidad, ser el reflejo de una sociedad moderna y activa para hacer una ciudad alegre, nueva y elegante.

Es el estilo de una rica y refinada burguesía de fin de siglo, la más preparada social e intelectualmente, libre de prejuicios, satisfecha y optimista ante los logros del progreso industrial, que necesita unos productos de calidad superior a los que la industria fabrica hasta el momento.

Este estilo se difunde como moda –elemento de primerísima importancia en la actual cultura de masas-, lo que explica el vivo interés por las nuevas formas, a la vez que su integración en los cada vez más rápidos ritmos de producción y cambio del proceso industrial.

A pesar de las diferentes interpretaciones y nombres que recibe en los países en los que se desarrolla (Art Nouveau en Bélgica y Francia, Jugendstil en Alemania, Sezessionstil en Austria, Modern Style en Inglaterra, Liberty en Italia o Modernisme en Cataluña), mantiene unas características comunes.

  • El modernismo es un estilo de rápida y sincrónica difusión internacional, en la época del desarrollo trasnacional del capitalismo y de las uniones internacionales proletarias.
  • Surge como resultado de la voluntad artística de superar las formas tradicionales y dominar la tecnología moderna para adecuarla a los nuevos gustos. Este dominio tecnológico es el que permite logar la unificación ideal de todas las artes, puras y aplicadas. Los artistas dan la misma importancia y diseñan tanto las vajillas y muebles como la decoración y la arquitectura, es decir, les interesan, por tanto, todas las actuaciones que lleva a cabo el hombre para resolver sus necesidades, para intentar superar la dicotomía artesanía-industria y conseguir unir la vida y e arte. El valor del “diseño” cobra primacía sobre el producto.
  • Una decoración orgánica invade los edificios, fundiendo la arquitectura con la naturaleza y los edificios con los ambientes urbanos.
  • Las fuerzas naturales, en sus oposiciones y contrastes, se reflejan en la fuerza que la línea ondulada de la arquitectura modernista coba en acción y reacción, como en un golpe de látigo.
  • Las superficies curvas y la decoración floral y ondulante dan forma a los edificios y recubren los muebles y las paredes. Las algas marinas, los lirios y los tulipanes, las mariposas y los largos cabellos femeninos se unen en una curiosa mezcla de naturaleza y abstracción que repite el juego de la arquitectura y naturaleza, de los artificioso y lo natural.
  • Se utiliza el hierro en perfiles curvos, como decoración y estructura, se conjuga con el hormigón, y dota de una fuerte linealidad a los conjuntos. Se usan variados materiales: ladrillo, piedra, vidrio, cerámica, en una experiencia que agrupa distintas producciones.
  • La falta de simetría y las extrañas formas que a veces adoptan los planos revelan sorprendentemente un alto grado de racionalismo en la lograda integración y continuidad espacial de todos los elementos del edificio: interiores y exteriores, escaleras y habitaciones, materiales y decoración.

El Art Nouveau

El fuerte desarrollo de la industria ligera y la existencia de unos profesionales e industriales preocupados por las artes y las ciencias dan a la Bélgica de fines del siglo XIX un ambiente de renovación y optimismo, atenta a los movimientos artísticos de otros países, como el Arts and Crafts inglés o los pintores impresionistas y postimpresionistas que exponen en Bruselas.

En este clima ilustrado y dinámico trabajan Victor Horta (1861-1947), iniciador del movimiento, y Henry van de Velde (1863-1957), importante continuador y teórico de este estilo.

La Casa Tassel (1892-1893) de Bruselas, obra de Horta, es la primera manifestación arquitectónica libre de influencias historicistas y con las características del Art Nouveau. La casa, de tres plantas, tiene un marcado sentido unitario entre sus elementos estructurales y decorativos. La visible estructura de hierro se hace decoración mediante sus ondulaciones y detalles. De la escalera principal arrancan molduras de hierro que forman las barandillas y la ornamentación. Todos los elementos y dependencias se integran armoniosamente en sinuosos ritmos que llenan paredes, vidrieras, puertas y suelos, y en una flexible distribución de su plano.

Casa Tassel (detalle de la escalera)

Su obra más significativa es la construcción de la Casa del Pueblo de Bruselas (1896-1899) (destruida en 1965). Edificio en hierro y cristal, con funciones comerciales, recreativas y de reunión, contaba con un auditorio en los pisos altos en el que la simplicidad y el funcionalismo de la estructura de hierro se conjugaban con la propia curvatura de las vigas. El exterior, en forma también curvilínea, tenía una cuidada fachada que ponía de manifiesto la variedad de ambientes internos.

Casa del Pueblo, V. Horta

Van de Velde se interesa por los problemas teóricos y por la enseñanza y difusión del nuevo estilo mediante escritos y conferencias. Ejerce una notable influencia en sus contemporáneos y trata de mantener el método del proyecto unitario de todos los elementos que se relacionan con la arquitectura.

Escritorio Van de Velde

Diseña vestidos, joyas, carteles, muebles y otros elementos decorativos. Expone sus trabajos en París en la tienda de Sigfried Bing, llamada LArt Nouveau, que da nombre al modernismo en Francia y Bélgica.

El Modernisme

El desarrollo industrial de Cataluña no se quiebra con la Primera Guerra Mundial, sino que se mantiene y se crea, entre la enriquecida burguesía, un ambiente fácil y sin preocupaciones y un modo de vida jovial y alegre con un futuro prometedor. Todo ello en los más diversos aspectos de la vida de Barcelona, ciudad que recoge los frutos de ese desarrollo.

Este clima de seguridad y vigor inspira el fenómeno cultural de la Reinaixença en su intento nacionalista y renovador por incluir Cataluña en las corrientes estéticas europeas y el Modernisme alcanza arquitectónicamente un desarrollo y una vigencia mayores que en otros lugares, pues se prolonga hasta los años veinte.

Característica del Modernisme es el acento neogótico de muchas de sus obras, consecuencia del nacionalismo de la burguesía catalana que pretende encontrar en lo medieval un esplendor modélico.

Entre los arquitectos más imporantes, Gaudí, como artista genial, anticipa y supera en sus edificios el propio marco del estilo. Pero otros muchos arquitectos hacen que Barcelona cobre especiales tonos modernistas.

Lluís Domènech i Montaner (1850-1923) construye para la Exposición Internacional de Barcelona (1888) un restaurante (actualmente Museo de Zoología). En él entremezcla elementos de inspiración medieval con los más novedosos del modernismo: materiales variados (ladrillo, cerámica, hierro) y vistos, múltiples y originales detalles y un amplio interior logrado mediante una estructura metálica.

Museo de la zoología

Pero es quizá en el Palau de la Música Catalana (1895-1908) donde el modernismo de este arquitecto tiene su máxima expresión, tanto por su estructura, que permite grandes superficies de cristal, una variada policromía y una exuberante decoración floral, como por la integración de los diversos materiales (vidrio, mosaico, piedra, escultura.

Palau de la Música

Antoni Gaudí (1852-1926) es el mejor y más creativo arquitecto de la época del Modernismo y, aunque algunas de sus obras o características coinciden con las de este estilo, su genio individual es difícilmente clasificable.

Conocedor de las nuevas técnicas y presupuestos de la construcción de su tiempo, deja adivinar tras de sí la exaltación simbólica y la fuerza emocional de sus preocupaciones trascendentes en sus obras llenos de elementos caprichosos o extravagantes. Su voluntad de alejarse de las corrientes contemporáneas y de plasmar en la arquitectura su interpretación personal nos impiden considerar sus obras como meramente modernistas.

Casa Batlló (detalle)

La arquitectura de Gaudí es más audaz y libre de prejuicios técnicos y formales que la de su tiempo y la demostración de la capacidad de la arquitectura como vehículo de expresión lírica, de no estar casi siempre limitada por el utilitarismo y las tradiciones.

Los elementos torcidos, sinuosos, o con aspecto blando, de algunas de sus obras, parecen contravenir las posibilidades técnicas para su realización; aunque esta fantasía y libertad formal es mucho más exigente en su resolución técnica que en edificios más racionales, Gaudí, muy buen conocedor de las nuevas posibilidades que utiliza para lograr la estabilidad de sus edificios, nunca nos muestra sus soluciones, las oculta, menospreciando lo que para él es sólo habilidad y no tan importante como para que todo se supedite a ello.

Templo expiatorio de la Sagrada Familia

Hombre muy conservador y religioso, se rebela contra el pragmatismo de su época, aplica con convicción la técnica al servicio de la fantasía y confiere a sus obras con una intensidad rítmica, plástica y colorista mediante la ordenación de estructuras, materiales y funciones.

Como un maestro constructor medieval define y dirige la organización de las estructuras y superficies. En vez de utilizar las nuevas técnicas de producción en serie, él mismo coordina las múltiples producciones artesanales de sus obras: cerámica, forja, mosaico, ebanistería y vidrio como todo un grupo de voces que se unen en su plegaria arquitectónica.

En su obra podemos apreciar claras influencias historicistas, pero que él integra genialmente en nuevas soluciones sin tener que romper con el pasado, como Horta y el modernismo.

En la Casa Vicens (1883-1888), motivos y materiales –ladrillo y azulejos- neomudéjares, curiosamente combinados, anticipan las formas modernistas, años antes de que Horta comience la Casa Tassel, al igual que en El Capricho (1884-1887) en Comillas, Cantabria.

Casa Vicens

Posteriormente, sus obras adquieren un sello mucho más personal. Destacan, entre ellas el Palacio Güell (1886-1890), donde sobresale el extraordinario trabajo de las verjas de hierro forjado. La reforma de la Casa Batlló (1904-1906), que recubre con mosaicos multicolores, formas óseas y una coronación crestilínea.

Casa Batlló

En el Parque Güell (1910-1914), proyecto de una ciudad jardín que nunca llega a concluirse, la portentosa imaginación de Gaudí crea unas formas que quieren ser tan infinitas como las de la naturaleza, sin imitarlas y sin limitaciones. Mediante una asociación singular entre arquitectura (orgánica) y naturaleza emplea todas las posibles fantásticas combinaciones entre arquitectura y escultura y diversos materiales.

Parc Güell

El Modern Style

En Inglaterra, el movimiento Arts and Crafts se mantiene activo e influye en el continente. Aunque sus seguidores ingleses recelan del exceso decorativo del Art Nouveau, surge en Glasgow un grupo de pintores que participan más de las nuevas ideas, del Modern Style, y se amplía a otros artistas en la Escuela de Arte de Glasgow.

Entre ellos destaca Charles Rennie Mackintosh (1868-1928), diseñador que alcanza pronto gran fama en Europa, especialmente a partir de la Exposición de sus diseños en la Secesión de Viena en el año 1900. Sin embargo, sus novedosas experiencias no tienen fácil aceptación en el ambiente de su país con una clase dominante celosamente conservadora de sus costumbres y tradiciones. Desde 1913 no encuentra ningún encargo ni en Escocia ni en Inglaterra.

Diseños de mobiliario de Mackintosh

En su obra somete la exuberancia curvilínea del Art Nouveau a una geometrización que se hace mayor a medida que diseña los elementos más estructurales. En los objetos decorativos pequeños, pinturas y vidrieras, los ritmos curvilíneos tienen cierta presencia, pero en muebles, y sobre todo en arquitectura, predomina el rigor geométrico.

Escuela de Arte de Glasgow

En 1897 gana un concurso para la construcción de la nueva Escuela de Arte de Glasgow (1898-1899), la mejor de sus obras. El edificio presenta una fachada asimétrica en piedra, con una entrada que evoca a formas arquitectónicas tradicionales escocesas, y unas grandes cristaleras de aulas enmarcadas en hierro. La sensibilidad de las proporciones y los delicados ornamentos de hierro dan unidad al edificio.

La Secesión vienesa

La aristocrática Viena imperial mantiene durante todo el siglo XIX el gusto por el eclecticismo historicista y especialmente por el neoclásico, del que perdura su equilibrio y claridad en las nuevas tendencias en mucha mayor medida que en otros lugares.

Un desarrollo separado de los elementos decorativos y de la organización volumétrica de los edificios da lugar a una característica mezcla entre elementos clasicistas en la composición, simplicidad y simetría, y detalles modernistas, naturalistas, lineales y planos en la ornamentación. Cuando los elementos decorativos desaparecen, esta separación prepara la evolución hacia un elemental esquematismo se transformará en el protorracionalismo . Las formas cuadradas, la decoración plana y geométrica y una simplicidad cromática son características del modernismo austríaco.

Otto Wagner (1841-1918), arquitecto que trabaja dentro de las tradiciones académicas, pone en su discurso de 1894, para el nombramiento de profesor de la Academia de Arte de Viena, las premisas para la renovación arquitectónica: vincular la arquitectura con las exigencias de la época, contar con las nuevas técnicas y liberarse de la imitación de otros estilos. Una de sus principales obras son las estaciones, viaductos y oficinas del Metro vienés (1894-1889), que propagan por toda la ciudad el nuevo gusto. Sustituye la decoración ecléctica por las nuevas formas, pero, sin apartarse de la tradición, mantiene los clásicos esquemas compositivos.

Estación del Metro de Viena, Otto Wagner

Otro arquitecto importante fue Joseph Hoffmann (1870-1956), preocupado por el problema de la decoración, está solo en parte relacionada con el anterior y casi entra de lleno en el desarrollo de las variantes protorracionalistas. En el Palacio Stoclet (1905-1911) en Bruselas, una lujosa residencia para un rico industrial, las blancas superficies de mármol y las aristas de bronce dorado, que enmarcan un variado juego de simples formas geométricas, destacan la cuidada riqueza del diseño de los elementos interiores. Éstos, influidos por Mackintosh, e incluso con murales de Klimt en el comedor, son realizados por el taller de artes decorativas de Hoffmann y van a tener una gran difusión por toda Europa.

Palacio Stoclet, J. Hoffmann

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