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Apuntes de Fundamentos del Arte II: El surrealismo

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El término surrealista fue empleado por primera vez por el crítico de arte, Guillaume Apollinaire en 1917, siendo adoptado a partir de ahí por André Bretón, Paul Eluard y otros colaboradores de la revista Litterature, este hecho indica los comienzos eminentemente literarios del movimiento, máxime cuando en 1922 Bretón y Soupault descubren la «escritura automática», como método para dejar aflorar el subconsciente y las ideas más íntimas del artista evitando el tamiz que supone la razón y la consciencia.

Fruto de estas ideas, colaboraciones y la influencia de Freud y el psicoanálisis, los escritores publican en 1924, bajo la firma de Bretón el Manifiesto surrealista, donde se expondrán los objetivos y el ideario del grupo.

El surrealismo se propone la superación del realismo externo para llegar a niveles más profundos de la realidad que se buscarán en lo mágico, los sueños. El subconsciente en el surrealismo, pues, supone la culminación de la exploración de los misterios interiores del ser humano.

Características

«Bello, como el encuentro fortuito sobre una mesa de operaciones de una máquina de coser y un paraguas.» Esta frase del poeta Lautréamont (1846-1870) fue tomada como divisa por los surrealistas y es una buena síntesis de alguna de sus características principales:

  • Búsqueda del subconsciente, de elementos oníricos o mágicos que se llevan al plano de la realidad con una intención casi redentora de un mundo que no funciona bajo la consciencia y lo racional.
  • Representaciones abogan por un mundo onírico, fantástico, muy cargado de símbolos, que desafían a la lógica y que sorprenden, descolocan y pueden llegar a fascinar a un espectador que observa con «ojos racionales».
  • Influencia de las investigaciones y hallazgos de Freud acerca del subconsciente, los sueños y el psicoanálisis.
  • Vinculación inicial con el dadaísmo ya que muchos de sus artistas habían militado previamente en ese grupo, pero tratan de desarrollar aún más sus postulados. Se debe criticar al arte tradicional pero de manera constructiva, creyendo en la posibilidad de cambio.
  • Ruptura con los convencionalismos sociales llegando incluso a la excentricidad, prueba de ello es la obra del genio español Salvador Dalí.
  • Creación de métodos y técnicas de liberación del interior como la escritura automática, el frottage o el «método paranoico-crítico».

Los precursores del surrealismo

Artistas de otras épocas ya introducen elementos surrealistas en sus obras: El Bosco, Archimboldo, Goya, Blake… No obstante, se considera que los inmediatos precursores de este movimiento son:

Henry Rousseau (1844-1910). Artista singular, pues se dedica a la pintura como actividad de distracción, ya que carece de cualquier tipo de formación artística. Su técnica acabada y minuciosa contrasta con temas, motivos y colorido muy poco académicos. Los resultados obtenidos dejan ver una realidad sobrepasada por la magia y el misterio, si bien su característica fundamental es la gran ingenuidad que transmite a sus lienzos, lo que le confiere el título de fundador de la tendencia naif (ingenua). Entre sus obras podemos destacar Gitana dormida (1897) y La encantadora de serpientes (1907).

La encantadora de serpientes, Rousseau

Marc Chagall (1889-1986). Su formación se mueve entre la influencia fauve y la tradición eslava. Sus temáticas siempre tendrán reminiscencias de su infancia y de su religión judía. También tiene ciertos matices de ingenuidad y son características sus figuras, que en ocasiones aparecen libremente en posiciones antinaturales o ingrávidas por la escena pictórica, creando un mundo plagado de símbolos y visiones oníricas. Una de sus principales obras es La aldea y yo (1911).

La aldea y yo, Chagall

La pintura metafísica: Giorgio de Chirico (1888-1978). Se caracteriza por su inspiración clásica, pero articulada en torno a un lenguaje simbólico, plagada de imágenes inquietantes y de seres irreales (mezcla de maniquíes, robots, objetos articulados…) que se mueven en espacios vacíos, desolados, rodeados de arquitecturas y líneas que recuerdan a las perspectivas renacentistas, pero que conducen a la nada, al infinito. Son imágenes que crean incertidumbre y desasosiego en el espectador. De su producción destaca El gran metafísico (1917).

El gran metafísico, Chirico

Las tendencias surrealistas

El movimiento surrealista, antes de disolverse durante la Segunda Guerra Mundial, distinguió entre dos formas de entender la plasmación artística de lo onírico:

1.Surrealismo figurativo

Sirviéndose por una parte de la figuración, de los objetos y personajes tomados de la realidad y de la naturaleza, y por otra de los convencionalismos de la perspectiva del Renacimiento, crean imágenes sorprendentes, impactantes (metamorfosis de objetos, asociaciones, espacios extraños, fragmentación…).

Sus principales autores son:

Óscar Domínguez (1904-1957). Con un lenguaje propio, ecléctico, combinando el cubismo y el surrealismo. Máquina de coser electrosexual (1935).

Máquina de coser electrosexual, Domínguez

René Magritte (1898-1967). Con acusada influencia metafísica. Combina lo extraño y lo cotidiano, lo erótico y lo macabro, traspasando sistemáticamente los límites entre realidad y apariencia. El hijo del hombre (1964).

El hijo del hombre, Magritte

Paul Delvaux (1897-1994). Se especializa en representaciones nocturnas con figuras en trance, sonámbulas y mujeres inquietantes, desnudas, que deambulan en escenarios clásicos. El resultado, al más puro estilo surrealista, es crear un ambiente onírico, de ensoñación, pero casi de pesadilla. Pygmalion (1935).

Pygmalion, Delvaux

Salvador Dalí (1904-1989). Quizá el alma del grupo, y sin duda, el símbolo del surrealismo en la memoria común. Él mismo llega a decir: «el surrealismo soy yo». Dalí viaja por primera vez a París en 1926, coincidiendo con el máximo apogeo surrealista y se une al movimiento en 1929. Llega avalado por la colaboración con Buñuel en la película Un perro andaluz (1929), y por una serie de cuadros que son un auténtico medio liberador de ansiedades y traumas del artista.

Dalí, en consonancia con el grupo, crea imágenes oníricas, dotadas de gran poder de emoción a partir de un lenguaje figurativo, pero inventando relaciones y asociaciones insólitas de los objetos.

Premonición de la Guerra Civil

En esta etapa creará su método «paranoico-crítico» (que él mismo define como «un medio espontáneo de conocimiento irracional basado en la asociación interpretativo-crítica de los fenómenos delirantes»), que expresará en la relación paranoico = blando/crítico = duro. El método «paranoico-crítico» revela imágenes producidas no tanto por efecto del sueño como la búsqueda lúcida de fotografiar el propio sueño.

Dalí será expulsado del movimiento surrealista en 1934 por el propio Bretón, cansado de sus excentricidades, a pesar de que su llegada había revitalizado enormemente al grupo por la novedad de sus invenciones. Ya en los años cercanos a la Segunda Guerra Mundial el artista catalán ahondará más en las posibilidades de este método incorporando visiones personales y reminiscencias del modelado clásico como Premonición de la guerra civil o El gran masturbador (1929).

El gran masturbador, Dalí

Hacia 1938 abandona el experimento surrealista, aunque nunca deja de utilizarlo en ciertas imágenes de sus cuadros, para inclinarse por una objetividad neta, basando su pintura en el fundamento simbólico y el análisis de objetos en diferentes estados. Somete a las figuras a diversas mutaciones, buscando un efecto fantástico o metafórico. Se vuelve lentamente al estilo figurativo, llegando a alcanzar en ocasiones un realismo casi fotográfico.

Después de la Segunda Guerra Mundial regresará a España, comenzando una nueva etapa llamada por algunos autores «mística» o «pseudoclásica», en la que conjugará la influencia de los grandes genios de la pintura, con una concepción pseudoacademicista, de un preciso realismo y una técnica minuciosa adornada con un cierto lenguaje simbólico, heredado de sus etapas anteriores.

En sus últimos años insiste en la repetición de fórmulas anteriores, aunque su personalidad genial no decaerá. No obstante su versatilidad y su capacidad creadora traerán consigo una cierta mercantilización y trivialización de su obra, lo cual ha llevado a ver en este artista un personaje que representaba un papel sorprendente y no a un genial dibujante capaz de sintetizar influencias clásicas, vanguardistas y derivadas del progreso científico, como los avances en el psicoanálisis de Freud.

2.El Surrealismo abstracto

Los autores de esta corriente serán los más fieles a los manifiestos literarios y los más capaces de inventar universos personales no figurativos. Los más destacados son:

Max Ernst (1891-1976). Procedente del expresionismo y del dadaísmo, no solo le interesaba conseguir una imagen final surrealista, sino anular la razón en el proceso creativo. Para ello utiliza nuevas técnicas como el frottage (colocar un papel o un lienzo sobre una superficie rugosa y frotar con un lápiz consiguiendo así una imagen). La mujer 100 cabezas (1929).

La mujer 100 cabezas, Ernst

Joan Miró (1893-1983). Su papel en el movimiento surrealista es fundamental. Su aportación más genuina se sitúa en el campo del «automatismo» (basado en la anulación de la mente racional-superficial para liberar la mano, que así queda sometida a los impulsos de un grafismo inconsciente).

Lo fantástico de Miró es la creación de un universo nuevo, en el que los objetos son mostrados mediante signos que se disponen de una manera desordenada, en una especie de horror vacui, de manera ingenua y burlesca.

Constelaciones, Miró

En este universo tienen cabida el humor, la poesía, lo grotesco y pese a su primera apariencia trivial e ingenua, el artista alcanza gravedad en su conjunto con la mezcla de realidad y alucinación, en un ámbito espacial sin dimensiones ni distancias.

Miró abandonará el surrealismo como estética dominante en los años treinta. A partir de este momento recurrirá a las formas orgánicas y al claroscuro, como lo demuestran sus «pinturas salvajes», variando su estética anterior.

Símbolo de la esperanza y de la evasión de la estupidez humana, Miró reinventa su propio lenguaje, capaz de expresar un universo de símbolos, creando imágenes poéticas y sugerentes al filo de la objetividad y de la realidad.

La masía, MIró

En sus últimos años Miró acometerá un proceso de profundización y simplificación de sus propias formas. Hablamos así de las llamadas «pinturas lentas», esmeradas, preciosistas, en las que usa colores primarios muy luminosos, y las «pinturas espontáneas» en las que da rienda suelta a su ingenuidad, agitando tanto los fondos como las figuras con salpicaduras de color. Constelaciones (1940), La Masía (1921).

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