HISTORIA, ARTE Y DISEÑO PARA ESCUELAS DE ARTE

Haring y Basquiat, los grafiteros que desafiaron al arte contemporáneo

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Jean-Michel Basquiat (1960-1988) ha entrado en el selecto club de los artistas que han alcanzado los 100 millones de euros en una subasta. En este caso, los 99 millones pagados por un empresario japonés le hacen escalar al olimpo de los Picasso, Gauguin, Van Gogh y compañía.

El lienzo, de 1,83 metros de alto y 1,73 de ancho, que muestra un perfil con forma calavera, en pintura acrílica, lápiz graso y aerosol, marca un hito en el trabajo de Basquiat, que murió a los 27 de años de sobredosis después de una vida complicada.

Considerada como una de las obras más importantes del pintor, Basquiat compuso ese “Untitled” cuando era prácticamente desconocido en el mundo del arte, y fue comprado por 19.000 dólares en 1984 durante una subasta por un coleccionista privado.

De la provocación al museo

Unidos por el trágico destino de artistas malditos ( Keith Haring [1958-1990] murió de sida a los treinta y cuatro años; Basquiat falleció de una sobredosis a los veintisiete), los dos más célebres autores de grafitis transformaron un gesto agresivo contra el escenario urbano en un nuevo género de arte.

El más consciente de los dos fue Haring. Formado en la School of Visual Arts de Nueva York, era un formidable creador de personajes, como el célebre Niño radiante, dentro de una actividad por lo general festiva, próxima al mundo del cómic. Su creatividad (hábilmente encauzada también al diseño gráfico) se volcó en los materiales más diversos; trató de rivalizar con la televisión en el continuo desfile de imágenes.

Mucho menos lúdica, expresión del malestar metropolitano de los barrios multiétnicos de Nueva York, era la pintura de Basquiat, hijo de un haitiano y de una portorriqueña, conocido también con el tag SAMO, la firma logo usada para los grafitis realizados con spray en las estaciones del metro de Nueva York. ‘Descubierto’ por Andy Warhol, Basquiat recuperó imágenes primitivas con un estilo de agresividad inmediata, bajo el que se ocultaba una creciente desesperación.

Autorretrato, Keith Haring. 7 de noviembre de 1985. Milán, colección privada.

Artista de lúcida autoconciencia, Haring se autorretrató como inagotable creador de imágenes, las cuales se caracterizaban de modo inconfundible por el nítido dibujo del contorno, por la falta de profundidad y por un dinamismo expresado con los signos típicos de los cómics. Enfermo de sida, Haring dedicó los últimos años de su vida a sensibilizar a los jóvenes sobre el problema del contagio del sida.

Tabac, Basquiat. 1984. Zurich, Colección Galería Bruno Bischofberger.

Aunque menos influido por las imágenes de la publicidad que Haring, Basquiat era consciente de los tótems visuales que se imprimen con gran fuerza en el escenario urbano; no obstante, debido precisamente a su uso frecuente, acaban desgastados y anulados, como esta impresionante máscara de la muerte.

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