HISTORIA, ARTE Y DISEÑO PARA ESCUELAS DE ARTE

Seurat y el puntillismo

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Hacia 1880 la experiencia de los impresionistas empezaba a agotarse. Muchos protagonistas del movimiento seguían pintando; algunos de ellos, como Pissarro, se mantenían escrupulosamente fieles a las premisas de la impresión de la luz y del color; otros, como Monet, seguían su camino en solitario; eran búsquedas totalmente personales que conducían a emocionantes conquistas, ya en los umbrales de la abstracción. En la pintura europea el largo eco del impresionismo siguió vivo hasta el primer decenio del siglo XX, pero fue casi sofocado por el sonido de nuevos estímulos y propuestas fascinantes, en algún caso mucho más decisivas y duraderas que las sofisticadas ideas de los nabis y los simbolistas. Las premisas del impresionismo, en lo que respecta a la relación entre ejecución pictórica y luz real, encontraron un desarrollo muy interesante en la técnica del puntillismo, cuyo principal representante, Georges Seurat (1859-1891), era también un hábil fotógrafo. Las escenas no se tomaban del natural, sino que eran estudiadas de modo meticuloso; los personajes no estaban en movimiento, sino en un perfecto y absoluto estatismo; sobre todo los colores se aplicaban de un modo nuevo. Siguiendo las leyes de la óptica, cada color se extendía pacientemente en numerosos y pequeños puntos, separados los unos de los otros: vistos desde lejos, esos toques de luz se fundían y recomponían de modos refinado los cambios de luz. Varios artistas siguieron los pasos de Seurat, entre ellos Paul Signac (1863-1935), al que atraían sobre todo el paisaje marino y los colores de la costa mediterránea, y más tarde otros pintores, que iniciaron diversos movimientos en Europa con características técnicas similares.

Baño en Asnières, 1884. Georges Seurat. Londes, National Gallery.

Es una obra de grandes dimensiones y de notable empeño, que sigue el camino poético y estilístico abierto por la Grande-Jatte, con una fijeza de gestos que parece casi metafísica.

El circo, 1890. Georges Seurat. País, Musée d’Orsay.

De las vibraciones de la luz vespertina Seurat pasó a la vivacidad eléctrica y antinatural de los colores del circo, con gestos, expresiones y movimientos que parecen intencionadamente forzados. La pintura quedó incompleta debido al prematuro fallecimiento del autor.

Las modistas, 1885. Paul Signac. Zurich, Colección E. Bührle.

Invitado al Salon des Indépendants de 1884, Signac se convirtió en poco tiempo en uno de los personajes más relevantes de la nueva generación. A partir de 1886 adoptó el puntillismo de Seurat; analizó también la división del color en escritos teóricos. Ese análisis se tradujo en un estilo pictórico en el que el punto de Seurat se transformaba en una pequeña mancha o en un toque de color. El encuentro con Van Gogh y la precoz muerte de Seurat en 1891 llevaron a Signac a un desarrollo estilístico personal, definido como neoimpresionismo: una mezcla entre el ritmo calculado de las composiciones de Seurat y la luz viva y el color de la tradición impresionista.

Tarde de domingo en la Grande-Jatte, 1886. Georges Seurat. Chicago, Art Institute.

Esta obra, terminada después de una larga serie de dibujos, esbozos, bocetos y pruebas, es una gran composición clave en la historia de la pintura. Conservada en el Art Institute de Chicago, es la obra más célebre de Seurat, mide más de dos metros de altura por tres de ancho. La Grande-Jatte es una isla del Sena, destino de los paseos estivales de los parisinos. Seurat pintó una tarde soleada, pero la atmósfera no es nada festiva: la silenciosa inmovilidad de las figuras sugiere una melancólica serie de soledades individuales, una sensación de incomunicación que contrasta abiertamente con la joie de vivre que se expresaba en los pasatiempos colectivos pintados por Renoir. En suma, si el motivo y la luminosidad difusa pueden recordar el impresionismo, la sensibilidad de Seurat, la técnica de ejecución y el calculadísimo ritmo competitivo son radicalmente opuestos a la captura del instante de Monet y sus compañeros. Seurat compuso una escena solemne, meditada, con un ritmo basado en la monumentalidad inmóvil de los personajes. La pintura, en definitiva, es el manifiesto técnico del puntillismo, la corriente postimpresionista iniciada por Seurat: el color ser aplica sobre la tela en una serie de pequeños toques de pincel, de puntos separados que forman casi implacablemente los pasos entre sombra y luz.

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2 Comments

  1. Se que es muy conocido el puntillismo pero figurativo, yo he visto las obras de Gabino Amaya Cacho, quien fundó su propia técnica llamada puntillismo abstracto, que consiste en hacer puntos de colores sin ninguna figuración, lo que resalta aún más los colores y que desde lejos asemejan movimiento.

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