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Laurent y la fotografía española del siglo XIX

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Jean Laurent y Minier fue uno de los fotógrafos extranjeros más populares en la España del siglo XIX. Había iniciado su trabajo en París, donde llegó a alcanzar un gran éxito profesional como retratista al daguerrotipo. En 1857 viajó a España con el propósito de realizar un amplio catálogo de vistas de sus ciudades, sus monumentos y sus gentes. En mayo de 1858 la prensa da ya noticia de su trabajo, ponderando su colección de “vistas fotográficas de las estaciones, puentes y otros edificios y puntos notables” del ferrocarril de Madrid a Alicante. A lo largo de casi cincuenta años de trabajo entre nosotros, Laurent llegó a tomar más de 20.000 fotografías que, en rigor, abarcan casi todas las especialidades de la época: retrato, series de ciudades, corridas de toros, monumentos, obras de arte, tipos populares, galerías de celebridades… Fotografías que luego vendía en todos los formatos en sus gabinetes de Madrid y París, y a través de una extensa red de representantes establecidos en la mayoría de las ciudades españolas y europeas.

Vista del puente sobre el Segura, Murcia. 1863. Fotografía de Jean Laurent

Así llegó Laurent a vender la imagen –su imagen- de España y, a juzgar por los datos que conocemos, con excelentes resultados económicos. Hasta tal punto puede afirmarse que Laurent y Cía fue una de las más importantes compañías fotográficas europeas del siglo XIX junto a las de Frith, Gaudin, Braun, Alinari, Wilson o Levy.

Patio de los Leones de la Alhambra vista por Laurent

Laurent no se limitó al empleo de las técnicas fotográficas de su época, sino que se mostró además como un innovador. Así, en 1856 consiguió fabricar y vender junto a José Martínez Sánchez, el llamado papel leptográfico, que a punto estuvo de desbancar al de albúmina. A otro nivel, y al margen de sus importantes reportajes fotográficos, su estudio fue uno de los más reputados y concurridos del Madrid de su época, aunque no fue el retrato la especialidad en la que más destacó, siendo superado en calidad –y probablemente en cantidad- por otros profesionales como Martínez Hebert o Eusebio Juliá.

Jean Laurent – El santero (Córdoba, 1870).

No es fácil hacer un balance cualitativo de la ingente obra de Laurent, aunque muchas de sus fotografías resisten muy bien la comparación con las de los mejores fotógrafos de su tiempo, como Clifford, al que decididamente supera en sus tomas de tipos humanos. Aunque carecen del vigor, la intención y la espontaneidad de los registrados por Napper, Negre o Thompson, y adolecen de la rigidez y el estatismo del pictorialismo de la época, los tipos populares de Laurent tienen una extraordinaria calidad y resultan absolutamente imprescindibles para conocer a los españoles del XIX: toreros, mendigos, santeros, carreteros, titiriteros…

Retrato de Isabel II, Jean Laurent, ca. 1860

La diferencia entre Clifford y Laurent estriba en que el trabajo del primero es más personal, acabado y homogéneo, mientras que el de Laurent es más desigual, heterogéneo y con evidentes altibajos de calidad. Algo natural si tenemos en cuenta que con Laurent llegaron a trabajar decenas de profesionales y que, obviamente, él no fue el autor de las miles de fotografías que figuran en sus catálogos.

General Prim (J.Laurent), entre 1865-1870

La obra de Laurent ha llegado a convertirse en una referencia inevitable y emblemática de la fotografía española del siglo XIX.

Trozo detallado del acueducto romano. Jean Laurent, hacia 1870

Decenas de escritores han hecho referencia a sus vistas de ciudades y tipos populares, que se han repetidos cientos de veces en enciclopedias, revistas, catálogos y manuales. Sus copiosos archivos, incrementados con el trabajo de sus sucesores –Lacoste, Roig, Portugal y Ruiz Vernacci- llegaron a alcanzar la considerable cantidad de cincuenta mil fotografías, de las que casi la mitad fueron realizadas por el propio Laurent. Este dato nos da una idea del trabajo ingente de este extraordinario fotógrafo, sin cuya obra no podría entenderse la historia de la fotografía española del siglo XIX ni, por supuesto, la imagen de las ciudades, los pueblos, los monumentos y las gentes españolas de su tiempo.

Extracto de un artículo de Publio López Mondéjar publicado en la revista Foto en noviembre de 1991
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