HISTORIA, ARTE Y DISEÑO PARA ESCUELAS DE ARTE

Historia del Diseño Gráfico en España (y III)

in Historia del Diseño Gráfico by

Tercera y última parte de esta serie, donde analizamos el periodo comprendido entre los años sesenta y comienzos del siglo XXI.

La vía del desarrollo

Con la década de los sesenta, España no sólo se abrió al mundo en sus costumbres, sino que también lo hizo en los campos de las artes plásticas, la arquitectura y el diseño. Se puso en marcha el Talgo, se crearon las grandes ferias de Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao y se participó en las grandes Exposiciones de Nueva York y Bruselas. Apareció el Grupo R en Barcelona; en Madrid, Rolaco-MAC inició su segunda etapa, se fundó el SEDI (Sociedad de Estudios de Diseño Industrial), desarrolló sus actividades la Asociación de Dibujantes, vinculada a los sindicatos (Garbayo, Prieto, Cándido, Cobos, Tamayo, Echevarría) que se convirtió en el antecedente de la Agrupació de Desenyadors Gràfics del Foment de les Arts Decoratives (ADGFAD) de Barcelona (1961) y del Grupo 13 de Madrid (1963). Estos grupos compatibilizaban inquietudes innovadoras en lo conceptual, pero sobre todo fueron plataformas de afianzamiento profesional y promocional que instituyeron tarifas, contratos profesionales, deontología, concursos de carteles, exposiciones y anuarios. La ADGFAD arrancó con gran empuje, se incorporó a ICO-GRADA (International Council of Graphic Design Association), publicó revistas, organizó exposiciones de vallas publicitarias en la Rambla de Barcelona e impulsó, a partir de 1964, los Premios LAUS, logrando que revistas europeas como Graphis, Time, Print y Gebrauchsgraphik se hicieran eco de la actividad de sus protagonistas: Josep Pla Narbona, Ricard Giralt Miracle, Gervasio Gallardo, Tomàs Vellvé, Joan Pedragosa o Antoni Morillas, entre otros.

Portada de la revista CAU, por Enric Satué, 1971.

En Madrid, y a consecuencia de la celebración del IV Congreso Internacional de Publicidad organizado en 1963 por la International Advertising Association Inc., nació el Grupo 13, integrado por Juan Poza, Pedro Laperal, Escobedo, Fernando Olmos, Julián Santamaría, Valdés Garbayo y Cruz Novillo, que estableció vínculos de colaboración con la ADGFAD, preparó la exposición de La Ventana e impulsó la editorial y revista Prag, la primera que monográficamente se dedicó al diseño gráfico.

Señalización de una salida de la Autopista A7 en la Comunidad Valenciana, por Paco Bascuñán, Nacho Lavernia y Daniel Nebot

El diseño gráfico, nueva imagen de España

Durante los años setenta surgió una nueva generación de creadores nacidos en la posguerra que, por lo general, tuvo acceso a la universidad o a estudios medios, a diferencia de las generaciones precedentes, habitualmente autodidactas o formadas en escuelas de artes y oficios. En Barcelona, aparecieron las escuelas de diseño, aterrizaron las más prestigiosas agencias internacionales de publicidad, se incorporaron a nuestra cultura figuras internacionales de la talla de Zimmermann, América Sánchez, Carlos Rolando o Eskenazi, y se editaron publicaciones especializadas, como Documentos de comunicación visual o la revista Cau, que ponían en evidencia el relevo generacional que se estaba produciendo con la entrada en escena de Enric Satué, Alberto Corazón, Ferran Cartes o Josep M. Trias, por citar algunas integrantes de este colectivo de profesionales que definitivamente decidieron llamarse diseñadores gráficos o comunicadores visuales.

Cartel oficial de la Exposición Universal de Sevilla 92, por Javier Romero, 1992.

Liberados del lastre político de la dictadura y metidos ya de lleno en una modernización general del país, el diseño gráfico se había transformado en la imagen de una renovación en la que participaban todos los ámbitos sociales. Los periódicos, las editoriales, las empresas, las entidades financieras, los partidos políticos, las asociaciones culturales y deportivas y, sobre todo, las administraciones y servicios públicos se amparaban en el diseño para dar un new look a su imagen pública, siguiendo el modelo de los países democráticos y socialmente bien organizados. Es evidente que las de los ochenta y noventa fueron unas décadas pródigas en creadores con identidad propia, de difícil adscripción a una tendencia o corriente.

Algunos signos de identidad corporativa diseñados por Alberto Corazón

En Madrid, y al amparo de lo que se denominó “movida madrileña”, se afianzaban figuras como Óscar Mariné y Emilio Gil, que acabarían montando el estudio Tau Diseño. En Valencia, activo foco de diseño, destacaban primero aquella aventura creativa que fue La Nave y, después, el trabajo llevado a cabo de manera individua por cada uno de sus componentes: Paco Bascuñán, Daniel Nebot, Nacho Lavernia, Lorenzo Company, Luis González, J. Vicente Paredes, Pepe Gimeno, Rafael Ramírez Blanzo… o desde Murcia, Severo Almansa. En Galicia, Xosé Díaz, Alberto Permuy, Francisco Mantecón, Manolo Janeiro o Pepe Barro se convirtieron en los abanderados de esta disciplina que poco a poco iba incidiendo en todo el territorio español, hasta llegar a la década de los noventa, cuando los profesionales de Aragón crearon el Foro de Diseño, formado, entre otros, por Néstor Ayats, Manuel Estradera, Francisco Rallo, M. Rebolledo o M. Jesús Samper. Y contextualizando todas estas aportaciones, las figuras excepcionales de Daniel Gil, con las cubiertas que diseñaba para Alianza Editorial; Diego Lara en el campo de los libros y catálogos y sus ocasionales colaboraciones con Andrés Trapiello; Roberto Turégano, en el diseño de logotipos y carteles para teatro; Saura y Torrente, en el campo de la nueva bibliofilia; Claret Serrahima, con su trabajo dedicado a la difusión cultural; Fernando Gutiérrez, renovando la compaginación de la prensa periódica, o Josep Bagà, en una elegante racionalización de los recursos gráficos. Una larga nómina que ha permitido a algunos hablar del boom del diseño. Vemos pues cómo los diseñadores españoles pisaban fuerte y protagonizaban un resurgir de nuestra gráfica, que ya era reconocida internacionalmente.

Cartel de Todo sobre mi madre, película de Pedro Almodóvar, por Óscar Mariné, 1999.

Pero todavía existe un último capítulo, el que justo han empezado a escribir el equipo Typeware, Type·o·Tones, el colectivo GRRR, Chema Ribagorda o José María Cerezo, entre otros, que se inició con la incorporación del ordenador como herramienta de trabajo. La era digital ha empezado y está teniendo su gran despliegue en esta primeras décadas del siglo XXI, que probablemente, y a consecuencia de la globalización, borrará fronteras nacionales y ámbitos culturales e, indiscutiblemente, primará la creación individual y la capacidad de seguir comunicándonos con las imágenes, sea cual sea el soporte.

Tipografía de José María Cerezo

La del diseño es ya una larga historia, constituida por miles y miles de originales llamados a ser multiplicados en infinitas ediciones. Creaciones pensadas para las sociedades masivas, ideadas para la comunicación, destinadas a facilitar la vida en colectividad. Folletos, carteles, calendarios, libros, carátulas, etiquetas, expositores, etc., que hasta ahora solían acabar en la basura, empiezan a ser valorados y recuperados por lo que son más que por lo que valen, por lo que representan como documentos de un aquí y un ahora irrepetibles.

Entradas anteriores:

Historia del Diseño Gráfico en España (I)

Historia del Diseño Gráfico en España (II)

Daniel Giralt-Miracle | Descubrir el Arte, 14. Abril de 2000.
Imprimir

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*

Latest from Historia del Diseño Gráfico

Ir Top