HISTORIA, ARTE Y DISEÑO PARA ESCUELAS DE ARTE

Constable, el pintor de las nubes

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Si hay un pintor de nubes por excelencia, ese es, sin duda, John Constable (1776-1837), quien puso todo su empeño por representar de forma precisa los cambiantes cielos de la campiña inglesa, donde pasó la mayor parte de su vida (apenas viajó fuera de Inglaterra). Constable, quien llegó a autodefinirse como “el hombre de las nubes”, no fue un paisajista al uso, ya que centró su principal interés en los cielos; el motivo principal de la mayoría de sus cuadros. Quiso entender cómo se comporta la atmósfera y para ello se convirtió, de forma autodidacta, en un estudioso en la materia y minucioso observador meteorológico. En la parte trasera de sus famosos estudios de nubes, anotaba qué tiempo hacía mientras ejecutaba sus obras, la mayoría de las cuáles le llevaban poco más de una hora de trabajo. En algunos casos dejó escritos datos y comentarios muy precisos, lo que tiene un indudable interés meteorológico.

Retrato de John Constable pintado hacia 1799 por Ramsay Richard Reinagle. © National Portrait Gallery

John Constable tuvo desde niño un interés romántico por las nubes, que se fue convirtiendo también en un interés científico. Pintó con reiteración los paisajes de la región inglesa de Suffolk, el lugar que le vio nacer y donde también nació su interés por la Meteorología. En un primer momento por el viento –el escultor de las nubes–, no en vano el negocio familiar era el de los molinos –de agua y de viento–, representados en muchos de sus paisajes. Uno de sus cuadros más conocidos es “El carro de heno”, pintado en 1821, donde las nubes parecen estar dotadas de movimiento y algunas de ellas –las más oscuras– amenazan lluvia.

“El carro de heno” (1821) John Constable. © National Gallery, Londres.

La importancia que Constable da al cielo en sus pinturas queda reflejada en un comentario que le hizo en una carta, fechada el 23 del octubre de 1821, al entonces obispo de Salisbury, John Fisher. Leemos en ella lo siguiente: “[los cielos] deben ser, y así será siempre en mi pintura, una parte importante de la composición. Sería difícil citar un tipo de paisaje en el que el cielo no sea la ‘tónica’, el nivel de la ‘escala’ y el principal ‘órgano del sentimiento’  […] El cielo es la fuente de la luz en la naturaleza y lo gobierna todo.”

“Estudio de nubes, horizonte con árboles” (1821) John Constable. © Royal Academy of Arts, Londres

Durante los años 1821 y 1822, John Constable llevó a cabo, de forma sistemática, una serie de estudios de nubes pintados al óleo, elaborados a partir de los numerosos bocetos que el pintor dibujó al aire libre en sus frecuentes paseos por los alrededores de Hampstead. A través de un centenar largo de pinturas trató de plasmar la realidad cambiante de la atmósfera local, en un intento por comprender ese comportamiento. Dicha tarea fue llamada “skying” (recorrer el cielo) por el propio Constable, en un intento por inmortalizar, gracias a su  aguda visión, el fascinante espectáculo nuboso. En cuadros como “Estudio de nubes, horizonte con árboles”, dibujado el 27 de septiembre de 1821, se percibe, por un lado, la minuciosidad con la que un naturalista disfrazado de pintor retrata las nubes –su gran obsesión–, y por otro, la componente poética –inherente al movimiento romántico– que irremediablemente nos atrapa, haciéndonos partícipes de la emoción y la sensación placentera que provoca en nosotros la observación del cielo. John Constable describió con las siguientes palabras ese cuadro: “Las nubes se amontonan formando masas de gran densidad y aparentan desplazarse desde lo alto con lentitud; por encima de estas grandes nubes aparecen otras, numerosas y opacas, pequeñas, que pasan con rapidez frente a ellas… Flotan mucho más cerca de la tierra y quizás puedan precipitarse con una corriente de viento más fuerte que, junto con la liviandad que las caracteriza, incide en que se trasladen a gran velocidad.” Una descripción como ésta sólo puede provenir de una persona con unas grandes dotes de observador meteorológico.

“Estudio de nubes” (1821). John Constable. © Royal Academy of Arts, Londres

La celeridad con la que Jonh Constable pintó éste y el resto de sus estudios de nubes, se justifica por el hecho de que el pintor quería capturar instantáneas del cielo, algo que sólo era posible ejecutando con rapidez sus bocetos, antes de que el aspecto del cielo cambiara demasiado. Tal y como ya se ha apuntado, estos estudios de nubes y otros cuadros en los que el cielo dominaba la escena, los completaba con información precisa acerca del tiempo reinante, lo que ha dado pie a algunas investigaciones en las que se han cotejado esos datos aportados por el pintor con los registros meteorológicos que ya por aquella época comenzaban a tomarse en Londres y en otros lugares de Inglaterra.

José Miguel Viñas | Vía CONEC

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