HISTORIA, ARTE Y DISEÑO PARA ESCUELAS DE ARTE

Apuntes Bloque 2: El Romanticismo tardío

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  1. EL RETRATO FOTOGRÁFICO EN NADAR

Gaspard-Félix Tournachon, más conocido como Nadar, fue un fotógrafo, periodista, ilustrador, caricaturista y aeronauta francés nacido en 1820 y fallecido en 1910.

Autorretrato de Nadar

Por consejo de un amigo compró una cámara fotográfica que utilizó para recoger los retratos que habrían de servir de base de las caricaturas de su obra Panthéon Nadar, 1853, donde aparecieron grandes personajes de la política y la cultura del momento pertenecientes a su círculo de amistades, tales como Charles Baudelaire. Una foto que hizo a éste fue luego empleada como modelo por Manet para un grabado.

Nunca se planteó el retrato fotográfico como una actividad con la que ganar dinero, pues mantenía unas ideas estéticas sobre cómo realizar los retratos que le alejaban de los criterios más comerciales, pero que por el contrario lo elevaban al rango artístico. En todo momento se negó a colorear los retratos, así como a practicar cualquier tipo de retoque. También renunció a la utilización de elementos de atrezzo. Nadar únicamente se sirve de la luz –modo de iluminar al modelo– y del gesto –mirada y actitud de los modelos favorecida por la relajación de los amigos fotografiados–, como elementos principales de la fotografía.

Julio Verne visto por Nadar

Nadar hacía retratos como lo haría un pintor pero con un medio nuevo. Nadar seguía los cánones clásicos ya sentados en la pintura con una técnica nueva, no deja de cultivar un género artístico del que también participa la pintura. En las obras de Nadar lo importante es realmente el rostro del retratado razón por la cual se prescinde de adornos superfluos. En aras del realismo, desprecia el coloreado de las imágenes o su retoque buscando con ello una mayor claridad.

Caricatura de Nadar subido a un globo

A Nadar se deben las primeras fotografías aéreas de la historia en el año 1858, realizadas con una cámara fotográfica desde un globo aerostático. Esta innovación tuvo un gran interés militar. En los años 1870 fue nombrado comandante de una compañía de globos aeroestáticos para tomar fotografías de las posiciones de los prusianos que cercaban el París de la Comuna.

También fue el primer fotógrafo en realizar fotografías con luz artificial consiguiendo captar imágenes de las catacumbas de París.

  1. LA ARQUITECTURA HISTORICISTA. NEOGÓTICO. NEOMUDÉJAR.

El siglo XIX es, desde el punto de vista arquitectónico, un siglo complejo. Frente a la cierta uniformidad que habíamos visto hasta ahora, nos encontramos ahora con una serie de cambios, casi revoluciones, a niveles estéticos, estructurales y técnicos como hasta entonces no se había visto. Solo el gótico, quizá, plantee una reformulación a nivel técnico con respecto al románico de cierta importancia. Lo que ocurre ahora en el XIX, es mucho más claro. La cuestión es que esto solo será el inicio, las bases de algo mucho mayor que será el siglo XX.

Palacio de Ópera Garnier, París

Pero centrémonos: la estética neoclásica, tan aristocrática, tan poco rompedora y tan conservadora, llevó a una romántica, burguesa, más activa, más rupturista, aunque sin dar el salto definitivo. Empezaba a darse el desarrollo técnico suficiente como para que la revolución en la arquitectura hubiera llegado, pero no; el romanticismo frenó la vorágine de cambio y se quedó en un estilo quizá nuevo, pero que partía de la mezcla de lo conocido. Son estos “neos” (neobarroco, neorenacentista, neomudéjar…) que dan un paso más allá con el eclecticismo, pero que tampoco ofrecía nada realmente rompedor ni novedoso.

Pabellón Real de Brighton

El primer estilo que sí lleva a cabo este cambio será la arquitectura en hierro. El hierro, este material tan ligado a la Revolución Industrial, es clave en el desarrollo y en los cambios tan determinantes que la arquitectura va a sufrir. Ligereza, flexibilidad, menor coste, velocidad de construcción… Todo esto aparece en el momento en el que el hierro se convierte en el centro de la atención de ingenieros y arquitectos.

Ya nada sería igual.

Neogótico:

En el siglo XIX la Europa continental vivió una auténtica fiebre neogótica que, además de levantar nuevos edificios, restauró y completó edificaciones medievales, como catedrales y castillos. En Francia destacó la labor restauradora y reconstructora de Eugène Viollet-le-Duc.

Viollet Le Duc

El ambiente artístico de mediados del siglo XIX fue muy proclive al medievalismo, que se extendió por todas las artes, especialmente en la decoración y el mobiliario (Arts and Crafts), pero también en pintura, con distintos criterios (los nazarenos en Alemania, los prerrafaelitas en Inglaterra) o en literatura (drama romántico, novela histórica, novela gótica) o en música (óperas de ambientación medieval).

Clara Bianca von Quandt, Julius von Carolsfeld (1820)

Edificios representativos:

El Palacio de Westminster, sede del parlamento del Reino Unido en Londres.

El Palacio de Westminster , también conocido como las Casas del Parlamento, es un edificio gótico victoriano que alberga las dos Cámaras que componen el Parlamento Británico. En octubre de 1834, un asolador incendio destruyó el antiguo palacio que había alojado el Parlamento desde 1512. De los 97 proyectos presentados para la construcción del nuevo edificio, los ganadores del concurso fueron los arquitectos Charles Barry y Augustus Welby Pugin. En 1847 el edificio se veía prácticamente terminado con la construcción de 1.200 habitaciones, 11 patios y 3,5 kilómetros de pasillos.

Las gárgolas de Notre Dame de Paris, fruto de la intervención de Viollet-le-Duc (1846).

La profunda restauración de Notre Dame quería arreglar los grandes daños sufridos por el edificio en la revolución francesa de 1789, y venía auspiciada por el novelista Víctor Hugo, que, con su exitosa novela Nuestra Señora de París (1831) protagonizada por Quasimodo y que adaptaría tiempo después Disney, iniciaba una importante campaña a favor de proteger y mantener el patrimonio, generando mayor interés por la Edad Media y sus monumentos.

Tower Bridge sobre el Támesis, en Londres.

A medida que Londres se fue expandiendo, fue necesaria la construcción de varios puentes que unieran las dos orillas del Támesis. Durante el siglo XIX se produjo un gran crecimiento en la zona  y se hizo necesaria la construcción de un nuevo paso. Para no afectar al creciente tráfico fluvial, se tomó la decisión de crear un puente levadizo accionado por máquinas de vapor, que se vería finalizado en 1894, después de 8 años de construcción.

San Jerónimo el Real de Madrid

Este es el único edificio de estilo gótico en Madrid. Se trata de un gótico tardío con influencias renacentistas. Lo más bello de la iglesia está en su exterior. Los Jerónimos han sufrido diversas modificaciones desde su construcción original en 1502, el edificio que vemos hoy es en su mayor parte del siglo XIX, época en que se reconstruyeron la fachada y las dos torres gemelas que enmarcan la capilla mayor

Palacio Episcopal de Astorga

El Palacio de Astorga tiene un aspecto medieval, mezcla de castillo, fortaleza, catedral y palacio. Construido en estilo neogótico, se utilizó granito gris del Bierzo. Todo empezó cuando se quemó el antiguo palacio arzobispal de Astorga, el obispo Joan Baptista Grau i Vallespinó ordenó la construcción de un nuevo palacio y le fue encargado a su viejo amigo Antonio Gaudí, el gran arquitecto catalán. Gaudí no pudo desplazarse hasta Astorga por la cantidad de trabajo que le mantenía ocupado y mandó a su amigo el obispo que le enviara toda la información del entorno donde iba a situarse el palacio y una vez estudiado, preparó los planos y envió el proyecto a Astorga. El 24 de junio de 1889 se iniciaron las obras. Durante la Guerra Civil el edificio es cuartel de la Falange y en 1956, el obispo Juliá Castelltort comienza la restauración del edificio para convertirlo en lo que se pensó en sus comienzos, ser la residencia del obispo.

Fachada de la catedral de Barcelona

A finales del siglo XIX, el industrial barcelonés Manuel Girona Agrafel se ofreció a sufragar la obra de la fachada y de sus dos torres laterales que fue llevada a cabo según los planes del arquitecto Josep O. Mestres inspirados en el proyecto inicial que ya se había dibujado en el siglo XV. Los hijos del señor Girona completaron la empresa del padre con la construcción del cimborrio, que se finalizó el año 1913.

Neomudejar:

El neomudéjar es un estilo artístico y arquitectónico que se desarrolló principalmente en la Península Ibérica a finales del siglo XIX y principios del XX. Se enmarca dentro de las corrientes orientalistas de la arquitectura historicista imperante en Europa por aquella época. El nuevo estilo se asoció especialmente a construcciones de carácter festivo y de ocio, como salones de fumar, casinos, estaciones de tren, plazas de toros o saunas.

Mercado neomudéjar en Málaga

En España el estilo neomudéjar fue reivindicado como estilo nacional, por estar basado en un estilo propiamente hispánico. Arquitectos como Emilio Rodríguez Ayuso o Agustín Ortiz de Villajos vieron en el arte mudéjar algo únicamente español y empezaron a diseñar edificios utilizando rasgos del antiguo estilo, entre ellos las formas abstractas de ladrillo y los arcos de herradura.

Sin embargo, lo que la historiografía ha considerado tradicionalmente como neomudéjar, son en muchos casos obras de estilo neoárabe, puesto que utilizan elementos califales, almohades y nazaríes, siendo el único aspecto mudéjar el uso del ladrillo visto.

Frecuentemente se ha considerado a la plaza de toros de Madrid de Rodríguez Ayuso y Álvarez Capra de 1874 como el inicio del neomudéjar

  1. LAS EXPOSICIONES UNIVERSALES. LA TORRE EIFFEL.

En 1851 se celebró en Londres la primera Exposición Universal, que se llamó oficialmente Gran Exposición de los Trabajos de la Industria de Todas las Naciones. La idea, a lo que parece, fue del esposo de la reina Victoria tras visitar la Exposición Industrial de París. Se trataba de mostrar los avances industriales y técnicos en el ámbito internacional. Lógicamente, se necesitan recintos específicos para estas exposiciones. Así, para la Exposición de 1851 se construyó el Crystal Palace, ubicado en Hyde Park, de J. Patxon.

Curiosamente, no se trataba de un arquitecto, sino de especialista en la construcción de invernaderos a los que recuerda el aspecto exterior del edificio. La obra tenía las siguientes características, que respondían perfectamente a las exigencias de unas edificaciones propias de la revolución industrial capitalista:

  • Rápida ejecución.
  • Materiales reciclables
  • Materiales fabricados en serie (hierro y cristal).
  • Fácil ensamblaje de los materiales. Las columnas de sustentación, de hierro, eran huecas y por ellas iban tanto los desagües como el cableado.
  • Adecuada ventilación.
  • Ampliable mediante la panelación de sus elementos.
  • Luz abundante (la construcción respetaba los árboles que quedaban dentro). Aspecto frágil, pero resistente.

Desde el punto de vista estético realiza los ideales de la revolución industrial, del progreso, ya que la belleza es un factor puramente utilitario (“bella apariencia”) que traduce la mentalidad economicista. Podría decirse que es el espíritu de la fábrica. Ciertamente, hubo numerosas quejas por la fealdad del edificio, construido mediante bóvedas de cañón de acero y cristal. Se le llamó monstruo de cristal; pero fue defendido por sus valores técnicos: daba imagen de progreso, justamente la que Inglaterra quería presentar y representar en aquellos momentos. Se trata más de una obra de ingeniería que de arquitectura, pero en buena medida el camino de la modernidad arquitectónica, como vemos hoy, consiste en fundir ambos saberes. El Crystal Palace será modelo de muchas construcciones de índole socio-festiva quizás debido a la rapidez y bajo coste.

Cascada monumental, Barcelona

La siguiente exposición fue la de Barcelona en 1888, que no significa, en lo fundamental, ninguna novedad desde el punto de vista arquitectónico. Su tendencia fue modernista (uso del hierro y del ladrillo como principales materiales de construcción), aunque se mezclaron muchos estilos diferentes pudiendo decirse que el conjunto resultó ecléctico: desde edificios de inspiración modernitas hasta neomudejáres o neogóticas pasando por un edificio inspirado en el Crystal Palace londinense y una gran cantidad de decoración urbana (fuentes, esculturas, paseos, etc.). A. Gaudí intervino en la realización de la Cascada Monumental.

La siguiente exposición tiene lugar en París, en 1891. Fue quizás la exposición más relevante en lo que a metros construidos se refiere. Curiosamente, la construcción que ha quedado como prototipo de esta exposición se construyó dos años antes: la Torre Eiffel, realizada por un ingeniero, que era especialista en la construcción de puentes (por ejemplo, el puente colgante de Lisboa). La Torre se hizo para ser, como los pabellones, desmantelada después de la exposición; pero ahí se quedó, en el Campo de Marte, como icono del progreso (habría casi escribirlo con mayúscula). En si la Torre no tenía ninguna finalidad, sino simplemente estar con el significado de “mira lo que somos capaces de levantar”. Sin embargo, ha quedado como emblema de la ciudad. Su valor arquitectónico es muy escaso y su prototipo son los puentes que Eiffel había hecho (por ejemplo, los pilares no son otra cosa que arcos para viaductos). Además de la Torre, se levanto, obra de Dutert y Contamin, la Sala de Máquinas, inspirada nuevamente en el Crystal Palace londinense. El latiguillo permanente de estas exposiciones parece ser hierro y cristal, hierro y cristal, hierro y cristal… Los pabellones argentino y chileno de la exposición de París dan fe de ello.

La Torre Eiffel es una construcción de hierro de 300 metros de altura que fue creada para la Exposición Universal de París de 1889. Actualmente constituye el símbolo más representativo de París.

Con un diseño creado por Gustave Eiffel, la construcción de la Torre Eiffel duró poco más de dos años y en ella trabajaron 250 obreros.

Inicialmente la torre fue objeto de controversia: los artistas del momento la consideraron monstruosa y, dada su baja rentabilidad al terminar la exposición, se planteó la posibilidad de derruirla en diferentes ocasiones. A principios del siglo XX, con la llegada de las guerras mundiales, las autoridades encontraron su utilidad como antena de radiodifusión y con ella captaron mensajes que ayudaron a los aliados de forma decisiva.

  1. LA ESCULTURA DEL SIGLO XIX. RODIN.

Algunos autores románticos—algún escritor, como por ejemplo Gautier—sostuvieron que la escultura era el arte que menos se prestaba a encarnar la idea romántica, quizás porque la escultura hasta ese momento había sido básicamente naturalista y no eran capaces de pensar otra forma de modelar. Sin embargo, los hechos desmentirán esa tesis, pues la expresión de los sentimientos, la libertad creativa y la imaginación (llámese lo irracional o como se le quiera llamar)—los tres ejes en torno a los cuales gira el movimiento—alcanzará plenamente a la escultura, que se alejará del neoclasicismo para buscar su inspiración quizás en el otoño de la Edad Media. Nuevas formas de modelar, nacidas de una nueva forma de mirar, harán posible que la escultura exprese de manera extremadamente efectiva las claves románticas. De hecho, resulta incluso fácil reconocer la escultura romántica, pues es netamente diferente, aunque beba de la tradición, de la hecha en los siglos anteriores. Podría decirse sin temor al error que con la escultura romántica lo interior—el alma—aparece abruptamente, con vigor, en la superficie: ésta es la que nos entrega la profundidad. Así, veremos que la superficie deja de ser lisa para transformarse en un borbotón de materia que, aunque figurativa aún, es capaz de expresar lo que a veces las palabras sólo pueden sugerir.

Auguste Rodin

Aguste Rodin (París 1840-Meudon 1917) es considerado uno de los mayores renovadores de la plástica del siglo XIX, pues desde Bernini (muerto en 1680) puede decirse que no se encuentra un estilo escultórico del todo nuevo, como el de Rodin, tan personal que es casi imposible no reconocer una obra de su mano.

Nacido en una familia humilde, comenzó a estudiar en la Escuela de Artes Decorativas con catorce años; después lo intentó en la Escuela de Bellas Artes, pero fue rechazado tres veces. Consiguió trabajo como ayudante de albañilería y decoración. En esa época modela sus primeras piezas. Finalmente en 1864 envía al Salón su primera obra: El hombre de la nariz rota, rechazada de inmediato. Continuó trabajando como decorador en Bruselas, donde estuvo residiendo algunos años.

Hombre de la nariz rota

Viajó a Italia donde quedó impresionado por las obras de Miguel Ángel, influencia decisiva en sus obras posteriores como, por ejemplo, El despertar de la humanidad o La Edad del Bronce, que será la segunda de sus obras que envíe al Salón.

Su escultura más conocida es El pensador (todo el mundo dice siempre El pensador de Rodin, casi como el apellido del artista formase parte del título de la obra, tan identificado ha quedado con una manera de trabajar, con un estilo. Este mismo fenómeno sucede con La piedad de Miguel Ángel, también sin coma de separación). En El pensador encontramos a un hombre desnudo sentado ocupado en pensar; toda su anatomía, poderosa, refleja la tensión del acto reflexivo (para saber más salones e Il pensieroso, de Miguel Ángel).

El Pensador fue titulada inicialmente por su autor El Poeta, y luego, Dante Pensando, en principio la pieza estaría situada en medio de una serie de condenados esculpidos en bajorrelieve, meditando su destino. Modelada entre los años 1880 y 1882 en un estilo que mezcla realismo y romanticismo, la obra presenta el gusto del escultor por lo no acabado que tanto admiraba en Miguel Ángel. En la actualidad se encuentra en el Museo Rodin de Francia.

Rodin se refirió a ella manifestando: “Un hombre desnudo sentado sobre una roca (…). Su cabeza sobre su puño, preguntándose. Pensamientos fértiles lentamente nacen en su mente. Él no es un soñador. Él es un creador”.

La escultura representa a simple vista la magnitud de esta meditación: el personaje se encuentra imperturbable, sumido en la profundidad de sus reflexiones, librando una dura batalla interna. Rodin expresa esta fuerza, de una potencia retenida, a través de la constitución muscular de su trabajo, de modo que la escultura no otorga a la fuerza psíquica más que la imagen de la apariencia externa.

Rodin no esculpe sólo retratos conceptuales: también encontramos algunos que representan a personas y están llenos de talento; véase, por ejemplo, La parisiense o La sudamericana señora Vicuña.

Los burgueses de Calais

No podemos olvidar los retratos de grupo, cuyo mayor exponente son  Los burgueses de Calais, que representa un famoso hecho de la ciudad durante la guerra de los Cien Años.  El conjunto está lleno de libertad expresiva y es bastante novedoso para la época. El escultor tardó diez años en hacerlo y fue colocado en el patio del Museo de Basilea.

  1. EL MOVIMIENTO ARTS AND CRAFTS. WILLIAM MORRIS.

Inglaterra fue la cuna de la revolución industrial. Este fenómeno supuso la estandarización y la producción en masa de las artes decorativas, lo que se entendió para algunas personas como un proceso productivo algo lamentable, pues se despojaba a todos estos objetos de su valor singular al sufrir la aplicación de las técnicas productivas de la industria. Ante esta situación surgió lo que se conoció con la denominación de Aesthetic discontent, es decir, el malestar estético.

Frente a esta situación surgió de la mano de John Ruskin una respuesta, iniciando el aesthetic movement, una tendencia que pone de relieve el valor creativo del trabajo artesanal. Esta corriente que se conoció con el nombre Arts and Crafts culpaba a la división del trabajo de las fábricas como responsables de la degradación del trabajo del artista, por ello perseguían a través de esta escuela, ratificar un lugar a los artesanos y artistas en la fabricación en  masa, sin perder de referencia el pasado, en especial la Edad Media y la posición otorgada a este oficio en el trabajo gremial.

William Morris estudió arquitectura y Artes y pronto sintió la animadversión hacia la manera de producir del mundo capitalista en el que vio inmerso, por ello sintió la necesidad de escaparse de las imposiciones de la industria, no sin mirar hacia el futuro, orientado por su profundo amor al Arte.

Fue discípulo de John Ruskin y, alentado por los textos de este, fue fundador del movimiento Arts and Crafts. Esta tendencia no pretendía desacreditar a la máquina, ellos entendían que la producción industrial era algo coetáneo pero que en este proceso era indispensable el papel del artista en la elaboración de modelos y en la selección de los materiales, encomendando al artista un nuevo cometido.

Su estilo es predominantemente decorativo, realizando un mobiliario sencillo manufacturado, lo que elevó el coste de estos productos.

Papel pintado por W. Morris

Durante la segunda mitad del siglo XIX se establecieron colectivos con estos fines, desarrollando creaciones decorativas de diversa naturaleza. El modo de trabajo estaba inspirado en los gremios, por ese motivo, no era frecuente conocer la autoría del artículo ya que estaban trabajados de forma cooperativa en los talleres. Además de productos artísticos ya frecuentes como muebles, textiles, azulejos, vidrios, aparecen ahora otros de interés como por ejemplo los papeles pintados para la decoración de las paredes o la impresión de libros, que por primera vez se considera como arte.

A pesar de que uno de las principales bases filosóficas del movimiento era proponer obras de calidad y hechas artesanalmente al alcance de todo esta norma no pudo ser cumplida. El Arts and Crafts era un movimiento que se desarrollaba en talleres donde se invertía una cantidad importante de recursos económicos e humanos lo que llevó a convertir al movimiento en un estilo elitista porque solamente los adinerados podían pagar el costo de una obra artesanal. A partir del movimiento Artes y Oficios surgieron el Art Nouveau y el Modern Style.

  1. LA MÚSICA POPULAR ESPAÑOLA: LA ZARZUELA.

La zarzuela es un género lírico, escénico y musical surgido en España que se distingue principalmente por contener partes instrumentales, partes vocales (solos, dúos, coros…) y partes habladas. La zarzuela es el equivalente español del opéra-comique francés o del singspiel alemán.

Cartel anunciador de una zarzuela

El auge de la zarzuela y su fama comienzan a partir de 1839, gracias a los iniciadores del género, los músicos Francisco Barbieri y Emilio Arrieta. Al gran éxito de la zarzuela en la España del diecinueve también ayudó el público, que se aprendía las canciones y las cantaban por las calles y en los cuplés.

Cartel de la zarzuela La Gran Vía, de Federico Chueca, estrenada en 1886

En las zarzuelas abundan el género costumbrista y regionalista, escenas cómicas y de amor, normalmente cantadas a dúo y con la ayuda del coro, y los libretos incorporaban modismos y términos de la jerga popular para asegurar así el rotundo éxito de la obra.

Encontramos dos clases de zarzuelas: las del género chico, de un solo acto, y del género grande, de dos o más actos. Destacaron compositores como Tomás Bretón, Ruperto Chapí y Federico Chueca.

Sus características generales son:

  • La orquesta suele ser de menores dimensiones que en la ópera.
  • Los solistas suelen interpretar arias, romanzas, dúos, tercetos, etc. Destacan las coplas: música más ligera, graciosa y con elementos populares y de ella nacerá en el futuro el cuplé.
  • El coro tiene una presencia más destacada que en la ópera del XIX. A través de él se presentan los temas más vistosos y entendibles para el pueblo.
  • La música suele ser más sencilla que en las óperas, y requiere algo menos de especialización técnica de los cantantes
  • Suele tener partes de danza, de carácter popular, castizas o de moda en el momento del estreno de la obra.
Dibujo con varios tipos castizos de Madrid

Algunas de las zarzuelas más famosas son: Agua, azucarillos y aguardiente, y Los compositores, de Federico Chueca. El barberillo de Lavapiés, de Francisco Barbieri. La boda de Luis Alonso, de Gerónimo Jiménez. La bruja, de Ruperto Chapí. La canción del olvido, de José Serrano. La chulapona, de Federico Torroba. La Corte del faraón, de Vicente Lleó. La Dolores y La verbena de la paloma, de Tomás Bretón. Doña Francisquita, de Amadeo Vives. Gigantes y Cabezudos, de Manuel Fernández Caballero.

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