HISTORIA, ARTE Y DISEÑO PARA ESCUELAS DE ARTE

Apuntes Bloque 3: Las Vanguardias (I)

in Fundamentos del Arte by

Entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX, en casi todos los países con un cierto grado de desarrollo industrial se puso de manifiesto un sentido del presente y un ansia de romper con los estilos del pasado.

Fue un momento agitado y complejo, en el que la búsqueda de lo nuevo convivía con la permanencia del pasado: rechazo de la maquina y aceptación de nuevas tecnologías (que exploraban o anticipaban el futuro), agitación social y anarquismo a la par que consolidación de los valores de la cultura burguesa, además la crisis arte-sociedad se evidencia siendo la característica que conlleva la vanguardia.

Odalisca amarilla, Matisse

Se conoce como vanguardias históricas a los estilos artísticos que aparecieron en la primera mitad del siglo XX. Su propuesta rupturistas fue tan radical que más de un siglo después siguen siendo el paradigma del arte de vanguardia, dado que en la época se produce en el arte una autentica revolución de las artes plásticas.

  1. EL IMPRESIONISMO. CARACTERÍSTICAS. PRINCIPALES AUTORES: MANET, MONET, RENOIR, DEGAS. BERTHE MORISOT.

Durante el siglo XIX el medio por el que los artistas conseguían su aceptación, la difusión de su obra y el prestigio, era a través de los Salones o Exposiciones Nacionales que les abrían las puertas del apoyo y recompensa de la Administración. Para un pintor no ser aceptado en un Salón suponía su marginación y su fracaso. La decisión de incluir o excluir las obras competía a los jurados formados por autoridades académicas cuyos rigurosos criterios se basan en la tradición más conservadora. Se rechazaban las obras originales que supusieran una ruptura con el arte oficial. Ya Courbet se vio obligado a organizar por su cuenta una exposición paralela al no ser aceptado en el Salón oficial.

Salón Carré del Louvre. Giuseppe Castiglione, 1865.

En 1863, el propio Napoleón III influyó para que se organizara una exposición con las obras de los artistas que el jurado no había admitido. A esta exposición se la denominó “Salón de los rechazados”, entre los que se encontraban Manet y algunos de los que años más tarde, en 1874, organizarán la primera exposición impresionista: Monet, Renoir y Pissarro, entre otros.

Las exposiciones realizadas por los impresionistas entre 1874 y 1886 contribuyen a minar el prestigio y la autoridad de los Salones oficiales que ya a finales del siglo XIX pierden todo su crédito.

La exposición de 1874 es una alternativa democrática a la estructura autoritaria del Salón. Los pintores impresionistas se presentan a esta exposición con el nombre de Sociedad Anónima Cooperativa de Artistas. Se proponen exponer libremente sin jurados ni recompensas honoríficas. Esta nueva forma de afrontar la producción artística no prospera, y aún en día hoy parece una utopía, puesto que, desde entonces, la obra de arte se ve sometida como cualquier otra mercancía a las leyes del mercado basadas en una feroz competitividad.

Antecedentes

Algunos rasgos distintivos del movimiento impresionista aparecen por separado en algunas de las preocupaciones técnicas de los maestros del pasado. La reflexión sobre los problemas de la luz y los efectos de la pincelada pastosa y suelta se encuentra en una tradición pictórica que va desde los maestros venecianos hasta Rembrandt, desde Velázquez a Goya, además de los esfuerzos para captar el ambiente atmosférico realizados por Turner y Constable.

No obstante, los impresionistas articulan todos estos caracteres aislados en una formulación coherente preocupada fundamentalmente por su manera de abordar el problema de la visión.

El primer pintor que, sin identificarse totalmente con el impresionismo, revoluciona el panorama pictórico francés a mediados del siglo XIX es Manet.

Edouard Manet (1832-1883)

Nació el 23 de enero de 1832 en París. Hijo de Auguste, jefe de personal del Ministerio de Justicia y de Eugénie-Désirée, hija de un diplomático.

Cursó estudios en la Escuela de Bellas Artes de París y durante su formación con Thomas Couture, copió obras de todo género, centrándose en el Renacimiento y en Velázquez, Rubens y Tiziano. En esas copias sobresalía el protagonismo del color puro y la definición clara de la luz y la sombra.

Fotografía de Manet

Su forma de retratar la vida cotidiana, su utilización de amplias y simples áreas de color y su técnica de pincelada directa, rápida y empastada provocaron el rechazo y las críticas a su obra, aunque él nunca quiso ser un radical y buscaba ser aceptado en un mundo que todavía no estaba preparado para asumir una pintura en la que la vida se presenta tal cual.

La figura de Manet rechaza la tradición académica, pero su formación parte de maestros como Tiziano, Tintoretto, Velázquez y Goya, con los que se familiariza en el Louvre, en España e Italia.

Su polémica entrada en el mundo pictórico la realiza en el ya mencionado “Salón de los rechazados” de 1863 con su obra El almuerzo sobre la hierba (1863), cuadro que escandaliza al público y a la crítica.

El tema parece clásico, inspirado en El concierto campestre de Giogione y Tiziano joven, y en un grabado basado en la obra de Rafael El juicio de Paris. Manet procede a la destrucción de este tema de referencias mitológicas al presentarlo como escena contemporánea a orillas del Sena. Las tres figuras del primer plano aparecen desconectadas entre sí, rasgo que aún se acentúa más si tenemos en cuenta el contraste entre la figura femenina desnuda y las masculinas vestidas. La figura femenina del fondo parece flotar entre las del primer plano debido a una especial representación de la perspectiva.

Pero lo que realmente provoca un fuerte impacto entre el público de su época es el hecho de que Manet ofrece una visión de la luz y la composición que los ojos de sus contemporáneos no estaban preparados para asumir. La sensación de volumen no se crea a partir del claroscuro. La luz se representa como una mancha tonal clara que contrasta violentamente con las zonas de sombra, mediante machas de color yuxtapuestas y sin gradaciones. Las figuras no se sitúan en un espacio ambiental, sino que se funden en él en una perspectiva ilusoria acentuada por unos colores casi planos.

En realidad, Manet propone mostrar la sensación inmediata que produce la aplicación de la luz sobre una escena sin que medien correcciones intelectuales. El mismo procedimiento utilizará en otra de sus más conocidas pinturas como es la Olympia (1863).

Los impresionistas consideran a Manet como su guía, pues ven en su pintura algunas de las características que ellos intentan llevar a sus últimas consecuencias: la importancia de la luz, de la sensación, la variación arbitraria de la perspectiva y los motivos cotidianos que el realismo elevó a la categoría de obra de arte.

Características del impresionismo

La luz. La tradición pictórica desde el Renacimiento hasta Courbet tiene a representar a los objetos y las personas un tanto artificialmente. Los modelos se sitúan en el estudio siguiendo las indicaciones del artista. La iluminación procede, por lo general, de las ventanas. El artista crea la sensación de volumen mediante las diversas transiciones graduales de la luz a la sombra. Esta forma de iluminar los cuerpos y los objetos es una convención artificial a la que el ojo del hombre se había acostumbrado.

No obstante, cuando la fuente de luz cambia se vuelve más potente, la impresión que recibimos es totalmente diferente. Esto ocurre sobre todo cuando los objetos iluminados lo son por el sol, al aire libre.

Los cuerpos que reciben directamente la luz natural no los percibimos con el mismo volumen que los iluminados con luz indirecta. Al aire libre, los contrastes entre luz y sombra son mucho más violentos, las zonas iluminadas aparecen exageradamente brillantes y las sombras más profundas y oscuras, sin apenas todos medios o grises.

Si observamos sin prejuicios, nos damos cuenta de que lo que vemos al aire libre aparece de forma muy distinta de cómo hasta entonces se había representado en la pintura occidental.

La fotografía. Al mismo tiempo que nace el impresionismo se generalizan las cámaras fotográficas portátiles y las instantáneas. Desde el Renacimiento, una de las misiones sociales de la pintura consistía en representar para la posterioridad la apariencia de las cosas y de las personas (retrato). La aparición de la fotografía priva a la pintura de esta función si la entendemos en su sentido más tradicional. Éste es uno de los motivos por el que, a partir de ahora, los pintores se lanzan a la indagación de nuevos caminos de expresión pictórica que permitan reproducir la realidad desde planteamientos que favorezcan la diferenciación de la reproducción fotográfica.

En realidad, fotografía y pintura no son artes que disputen entre sí, sino dos expresiones artísticas diferentes como lo son la pintura y la escultura.

La estampa japonesa. Cuando a mediados del siglo XIX Japón rompe su aislamiento comercial con occidente, comienzan a circular una serie de grabados que en muchas ocasiones se utilizan como papel de embalar y que se pueden adquirir a precios muy asequibles. Son los llamados Ukiyo-e, que significa “pintura de los mundos flotantes”.

Estas estampas pertenecen a una escuela que, a partir del siglo XVIII, se separa del arte tradicional del Oriente Lejano. En ellas se representan escenas de la vida cotidiana desde puntos de vista y perspectivas insólitos, colores planos y muy vivos finamente contorneados, perfecta captación del ambiente luminoso y atmosférico y una ausencia absoluta de los valores compositivos de la tradición pictórica europea.

Todos estos aspectos entusiasman a los impresionistas, que ven en la estampa japonesa una manera de captar la realidad totalmente afín a sus presupuestos teóricos.

La técnica. El impresionismo, por el hecho de realizar sus obras al aire libre (au plain air) y por la necesidad de captar la inmediatez de los efectos luminosos y atmosféricos, utiliza una técnica de ejecución rápida y en muchas ocasiones sumaria. Las pinceladas suelen ser vigorosas y cargadas de pasta. En unas ocasiones es corta y en otras larga y sinuosa. Otra técnica muy utilizada es diluir el óleo hasta alcanzar una fluidez semejante a la acuarela.

Composición. Sustituyen la representación geométrica del Renacimiento por una concepción del espacio derivada del encuadre fotográfico, lo que supone en muchas ocasiones la ausencia de un tema central e incluso la representación de figuras incompletas al quedar cortadas por los bordes del cuadro.

Los pintores impresionistas

En el Café de Guerbois se reunían una serie de jóvenes pintores en torno a la figura de Manet para discutir sobre arte. Estas reuniones ayudan a pintores como Monet, Renoir, Pissarro, Cézanne y Degas, entre otros, a fijar sus ideas sobre pintura y los caminos que conviene seguir.

En 1874, en el estudio del fotógrafo Nadar, se da a conocer por primera vez el movimiento impresionista mediante una exposición de estos pintores –a excepción de Manet- que viene a mostrar los caminos iniciados por cada uno de ellos entre los años 1860 y 1870. El cuadro de Monet Impresión: Sol Naciente (1872) sirve de pretexto para que un crítico, irónica y despectivamente, los bautizara con el nombre de impresionistas.

Esta exposición y otras posteriores crean un gran revuelo y rechazo tanto del público como de la crítica. Será bastantes años después cuando el impresionismo se convierta en poco menos que en el arte oficial del gusto burgués.

A pesar de una serie de características generales que todos los impresionistas comparten, en realidad cada artista evoluciona por senderos particulares, afirmando su propia visión y personalidad.

Claude Monet (1840-1926).

Nació el 14 de noviembre de 1840 en la Rue Laffitte de París, aunque se crió en Le Havre, donde se trasladó a los cinco años y donde cursó estudios de dibujo y pintó marinas junto a Eugène Louis Boudin. Ganó algo de dinero dibujando caricaturas.

Ingresa en el estudio Gleyre, donde conoce a Bazille, Renoir y Sisley. Frecuentaría este estudio hasta el invierno de 1863-64.

En mayo de 1868 vive en Fécamp con su mujer Camille y su hijo. Su situación familiar es muy difícil y tras un fallido intento de suicidio en el mes de junio, recibe ayuda económica de Gaudibert. En ese mismo verano se traslada a El Havre, donde es condecorado con la medalla de plata de la Exposition Maritime Internationale du Havre.

Pintaba al aire libre paisajes y escenas de la sociedad burguesa, y gozó de cierto éxito en las exposiciones oficiales. Según su estilo evolucionaba, transgredía los convencionalismos en beneficio de una expresión artística más directa. En 1874, junto a sus colegas, organizan sus propias exposiciones. Se autodenominaron los independientes, aunque se les aplicó burlonamente la etiqueta de impresionistas a causa del aspecto inacabado de sus obras (como una primera impresión) y también porque una de las pinturas de Monet llevaba el título Impresión: sol naciente (1872, Museo Marmottan, París). Monet trata de representar un instante de un amanecer, de ahí su título Impresión: Sol Naciente. La simple elección de este tema ya rompe con el academicismo que imperaba a finales del XIX. Dentro del movimiento impresionista no existen unos temas más importantes que otros, cualquier tema es válido, lo importante es como se resuelve el cuadro, y si éste es capaz de capturar el instante. Para Monet la velocidad de los nuevos medios de transporte, la aceleración del ritmo de vida o la rapidez de los acontecimientos debía plasmarse en el arte, así que es que trata de copiar del natural un instante, la luz fugaz del amanecer que llena de suaves y cálidas tonalidades la bahía. Para conseguir esta sensación de fugacidad utiliza pinceladas yuxtapuestas a partir de colores primarios, que reconstruyen la imagen a cierta distancia. Se prescinde de algunos colores como el negro, que no existe en un estado puro en la naturaleza, en su lugar se utilizan tonos fríos para las sombras. Por efecto de la luz, las formas se difuminan logrando la ansiada desmaterialización que persigue el Impresionismo. La técnica utilizada es de pinceladas cortas, pastosas y compactas, prescindiendo de líneas o dibujo, que convierten a la luz en la auténtica protagonista de la obra, tratando de representar el instante fugaz del amanecer. La composición también es más arriesgada que en el arte academicista, así el motivo principal no se sitúa en el centro de la obra. También se prescinde de la perspectiva geométrica.

Uno de los primeros objetivos de Monet es fijar la inmediatez de la sensación visual. Para ello escoge los motivos acuáticos. Pinta en las orillas del Sena y en Argenteuil –donde instala su estudio en una barca- los efectos de luz sobre el agua. Las vibraciones luminosas y los reflejos sobre el agua excluyen la perspectiva y la iluminación fija, dos de las constantes de las reglas tradiciones de la representación pictórica.

Para Monet, el color es el protagonista indiscutible. La línea se ha disuelto a favor de la mancha, de las pinceladas cortas y enérgicas que yuxtaponen los colores según las leyes de la simultaneidad. Los objetos y los reflejos son tratados con la misma contundencia. La solidez del reflejo expresa nuestra forma de percibir; la sensación visual sin ningún tipo de ordenación intelectual nos dice que el color del reflejo es tan sólido como el objeto mismo.

Auguste Renoir (1841-1919).

Nació el 25 de febrero de 1841 en Limoges. Hijo de un sastre que trasladó a su familia a París.

Durante su infancia trabajó como decorador en una fábrica de porcelanas. Con 17 años copiaba pinturas sobre abanicos, pantallas de lámparas y persianas. Fue admitido en la Academia de Bellas Artes y en 1862 se matriculó en la academia del pintor suizo Charles Gabriel Gleyre, donde se encontraría con Fridéric Bazille, Claude Monet y Alfred Sisley.

En su obra más temprana se pudo observar la influencia de pintores como Monet en su tratamiento de la luz, y de Eugène Delacroix en su tratamiento del color. En 1864 tuvo lugar su primera exhibición en París, pero no fue verdaderamente reconocido hasta 1874, en la primera exposición de pintores de la nueva escuela impresionista.

Pierre-Auguste Renoir falleció el 3 de diciembre de 1919 en Cagnes.

Renoir colabora con Monet en la disolución de las formas a través de las vibraciones luminosas, pero a lo largo de su carrera se convierte en el exponente más claro del hedonismo que subyace en la amabilidad de toda la pintura impresionista.

A diferencia de los anteriores pintores prefiere como motivo el ser humano, sobre todo la mujer, que para él expresa la belleza. Sus cuadros de desnudos femeninos vibran en multitud de tonos claros en los que se aprecian las influencias de Fragonard, con el que Renoir se había familiarizado en su anterior trabajo como pintor de porcelanas.

Una de sus obras más importantes es Baile en el Moulin de la Galette (1876). representa uno de los muchos bailes que tenían lugar junto al “Moulin de la Galette” en el barrio de Montmartre, uno de los más famosos y bohemios de París. La escena tiene lugar en el exterior y aparecen numerosos personajes, hombres y mujeres, charlando unos y bailando otros, bajo una luz que se proyecta a través de las copas de los árboles. El cuadro se organiza claramente a través de una diagonal que recorre el cuadro dividiéndolo en dos espacios, el inferior ocupado por hombres y mujeres, organizados en círculo alrededor de una mesa y un banco, charlan de manera distendida. En la mitad superior formando un círculo más amplio aparecen varias parejas bailando. En toda la obra vemos ya inequívocas señales de la técnica impresionista como puede ser el propio tema, la vida urbana tan del gusto de este pintor, como el predominio del color que se aplica a base de pinceladas sueltas y el interés del pintor por captar la luz, filtrada a través de los árboles y que se proyectan en los trajes y en el suelo creando manchas de luces y sombras, violáceas y amarillentas en el suelo o pardas y marrón en la chaqueta del hombre sentado en la silla de espaldas al espectador. El dibujo prácticamente desaparece bajo las pinceladas de color. Asimismo, el pintor ha alterado las leyes de la perspectiva situando dos puntos de vista diferentes dentro de la misma obra, así el grupo inferior, más próximo al espectador, se ve desde un punto de vista alto mientras que las parejas que bailan al fondo tienen un punto de vista frontal.

Edgar Degas (1834-1917).

Nació el 19 de julio de 1834 en París. Hijo de un aristocrático banquero, su madre provenía de una familia de rancia tradición de Nueva Orleans, en Estados Unidos. Fue el primogénito de la familia y desde pequeño su padre lo puso en contacto con el arte.

En 1845 inicia su bachillerato en el Liceo Louis-le-Grand y lo termina en 1853. Abandonó la Facultad de Derecho para pintar. En 1854 se convierte en alumno de Louis Lamothe, discípulo de Ingres, y asiste en 1855 a la Escuela de Bellas Artes en París. Desde 1865, influenciado por el movimiento impresionista, abandona los temas académicos para dedicarse a una temática contemporánea.

Su temática es el teatro, cafés, carreras de caballos y las mujeres, en las que se centra gran parte de su obra intentando atrapar las posturas más naturales y espontáneas de sus modelos. En su afán por capturar el movimiento en una obra de arte, acudía a diario y permanecía horas observando los ensayos de las bailarinas, incluso, contrató algunas para que le sirvieran de modelo mientras pintaba.

Al contrario que los impresionistas, Degas considera que la forma tiene valor en sí misma y no como motivo cambiante según las condiciones que nuestra retina percibe. Su preocupación por este hecho y por la representación del espacio le llevan a preferir los motivos captados en el interior de locales, habitaciones, teatros…

A pesar de su alejamiento de los presupuestos impresionistas sobre el color, la luz y la disolución de la forma llega más lejos que ninguno de éstos en la captación de lo instantáneo, gracias a las posibilidades que le ofrece la nueva visión fotográfica.

De su producción destaca La clase de danza (1874). Degas acudía con asiduidad a la Ópera de París, como espectador, pero también entre bastidores, a la sala de la danza, donde lo introdujo un amigo músico de orquesta. En dicha época todavía se trataba del edificio de la calle Le Peletier, y no de la Ópera diseñada por Garnier, que pronto la sustituirá. A partir de comienzos de los años 1870 y hasta su muerte, las bailarinas ejerciendo durante los ensayos o en reposo, se convierten en el tema de predilección de Degas, incansablemente recuperado con numerosas variaciones en las poses y los gestos. Más que el escenario y las luces de candilejas, es el trabajo previo que le interesa: en entrenamiento. Aquí, la sesión se acaba: los alumnos están agotados, se estiran, se contorsionan para rascarse la espalda, arreglan su peinado o su ropa, un pendiente, un lazo, poco atentas al inflexible profesor, retrato de Jules Perrot, antiguo maestro de ballet. Degas ha observado con atención los gestos más espontáneos, naturales y anodinos, momentos de pausa, cuando la concentración se afloja y el cuerpo se relaja, tras el esfuerzo de un aprendizaje extenuante y de un rigor implacable. El punto de vista levemente en picado, centrado en la diagonal de la estancia, acentúa la perspectiva lejana de las láminas de la tarima.

Berthe Morisot (1841-1895).

Pintora impresionista francesa, Berthe Morisot era hija de una familia de la alta burguesía y fue educada en el gusto por las artes y la música. Su interés y capacidad creativa hicieron que profundizase en su formación pictórica, junto a su hermana Edma, de mano de los maestros Geoffroy-Alphonse Chocarne y Joseph-Benoît Guichard. Este último exponía regularmente en el Salon y animó a ambas hermanas a visitar el Musée du Louvre y copiar esculturas. En 1858 Berthe y Edma entraron como copistas en el Louvre y conocieron a Henri Fantin-Latour y Félix Bracquemond. Quizá este contacto fue lo que les llevó a proponer a su nuevo maestro, Achille Oudinot, salir a pintar al aire libre. Gracias a Oudinot conocieron a Camille Corot, que influyó en ellas de forma determinante.

En 1869 Edma abandonó su carrera artística tras contraer matrimonio, por lo que Berthe continuó en solitario su actividad pictórica. Su temática, en la que siempre habían predominado los ámbitos domésticos, se centró aún más en escenas en las que las protagonistas eran sus propias hermanas y los hijos de éstas. En 1868, Berthe conoció a Édouard Manet, para el que posó en El balcón (París, Musée d’Orsay), presentada en el Salon del año siguiente. A partir de entonces Manet y Morisot mantuvieron una estrecha relación artística durante el resto de sus vidas, que no hizo sino aumentar con el matrimonio en 1874 de Berthe con Eugène Manet, el hermano del pintor.

Después de exponer en el Salon entre 1864 y 1868, Berthe se unió al grupo de artistas que comenzaron a mostrar sus obras en las exposiciones impresionistas. Sólo una dolencia de su única hija provocó su ausencia en la exposición de 1879. Su relación con los pintores impresionistas fue estrecha y frecuentes las reuniones en su casa con artistas e intelectuales de la época. Tras la muerte de Édouard Manet en 1883, organizó una exposición en su honor con la ayuda de Claude Monet, Émile Zola y otros artistas. Murió en 1895.

Una de sus obras principales es El balcón (no confundir con la de Manet), obra realizada hacia 1872 y que se encuentra en París en una colección privada. Además de escenas intimistas, Berthe Morisot también se interesó por vistas urbanas como ésta, dentro de un estilo muy personal que caracteriza toda su producción en la que la figura humana tiene un papel protagonista, en sintonía con su gran amigo y cuñado Manet. Una bella mujer vestida de negro y una niña contemplan desde un balcón la ciudad en la que destacan la cúpula de Les Invalides y las torres de Notre-Dame. La escena tiene lugar al atardecer y las sombras malvas inundan el fondo; el traje negro de la dama – su hermana Edma – contrasta con las claras tonalidades que le rodean.

  1. EL POSTIMPRESIONISMO. CÉZANNE, GAUGUIN, VAN GOGH.

El Post impresionsimo es un movimiento que surge a raíz del Impresionismo sin características fijas, pues son los diferentes pintores que identificamos como tal los que aportan diferentes visiones de este estilo anterior. En concreto, son cuatro los que vamos a estudiar aquí: Toulouse-Lautrec, Cèzanne, Gauguin y Van Gogh.

Toulouse-Lautrec es conocido como pintor de cabarets, circos y bares de París; capta el ambiente nocturno y no se interesa por pintar al aire libre. En muchos casos sus obras son dibujos a lápiz, carteles publicitarios, pero siempre destaca la forma, el dibujo y una línea sinuosa y ondulada como vemos en Mujer en el baño. En múltiples ocasiones sus cuadros parecen retratar máscaras y no personas; quizás en el fondo haya una silenciosa protesta ante un mundo lleno de contradicciones irresueltas.

Entre sus obras destaca el cartel de Arístide Bruant, Ambassadeurs, realizado en 1892 y que se encuentra en el Art Museum de Chicago. Uno de los personajes más emblemáticos de Montmartre era Aristide Bruant, un cantautor famoso por sus letras desgarradas sobre la lucha de los obreros y los marginados. A pesar de su temática proletaria tuvo un enorme éxito lo que le permitió arrendar uno de los templos nocturnos de París: Le Chat Noir, al que cambió el nombre por Le Mirliton, convirtiéndose en el nuevo centro de reunión de los artistas bohemios. En Le Mirliton expuso Toulouse-Lautrec al público por primera vez y en la revista del mismo nombre publicó algunas litografías. Este cartel lo realizó Henri con motivo de la actuación de Bruant en el Ambassadeurs, el mejor café-concert al aire libre de París – situado en los Campos Elíseos – del que Degas tiene magníficas imágenes. Toda la ciudad fue empapelada con los carteles, lo que contribuyó al éxito de Lautrec. Bruant era un hombre duro, de actitud violenta, siempre envuelto en un traje de terciopelo negro, con sombrero de fieltro y bufanda roja. La dureza del cantautor ha sido perfectamente interpretada por Henri en esta imagen donde se pone de manifiesto su relación con los grabados japoneses a los que tanto debían los pintores impresionistas y post-impresionistas.

Cézanne es uno de los pintores más importante de esta época, ya no sólo por lo que hizo, sino también por lo que supuso, pues adelantó algunos movimientos artísticos que veremos más adelante; de hecho, se suele hacer referencia al pintor francés como el padre del arte moderno.

El rasgo principal de su pintura es la “geometrización”, es decir, sus figuras pueden parecernos algo encorsetadas o rígidas pues construía sus pinturas con figuras geométricas: cilindro, esfera y cubo. Los matices de luces desaparecen, Cézanne se centra en los objetos, observándolos con detenimiento, haciéndolos y volviendo a hacerlos si no quedaban a su gusto, como le ocurrió con La Montaña de Sainte Victoire. Además de aquí, todos estos rasgos pueden verse en sus bodegones y en sus retratos como Madame Cézanne o pinturas con personajes como Los jugadores de cartas (1890-95, Museo de Orsay): el color ha cedido paso a la figura, pero reduciéndola en cierto sentido a lo esencial. Se trata de una pintura que se aleja de cada vez más de la figuración y que, enfrentada con los medios de reproducción mecánica, busca su identidad. Sin duda nos encontramos con los antecedentes directos del cubismo: se trata de descubrir la verdadera estructura de la realidad. En el mismo, las dos figuras se sientan a ambos lados de una pequeña mesa sobre la que apoyan los codos. Una alta botella nos da paso hacia la cristalera del fondo, por la que se intuye un abocetado paisaje. Los dos hombres están concentrados en el juego, interesándose el maestro en captar sus expresiones, y se presentan tocados con sendos sombreros típicos de las clases sociales humildes de la Provenza. El espectador se convierte en uno de los frecuentes observadores que contemplan estas partidas en las tabernas, al situarnos el maestro en un plano cercano a la escena y no hacer apenas referencias espaciales. La iluminación artificial se manifiesta en las sombras, especialmente en el reflejo blanco de la botella.

Van Gogh es quizás uno de los pintores más conocidos de toda la historia del arte, no tanto por su obra como por su personalidad atormentada y compleja. El pintor holandés, que primero sintió la vocación religiosa, estuvo toda su vida obsesionado con la tarea artística y con vender sus cuadros para sobrevivir. Su mirada está abierta a todo tipo de influencias: la luz, el color (que utiliza como una forma de expresar sentimientos), el impresionismo, la estampa japonesa… Su pincelada se hace rápida y gruesa, acelerada, con ello se quiere ver un acercamiento al Expresionismo. Curiosamente, uno de los pintores más valorados hoy sólo logró vender en vida un cuadro… esta situación nos pone delante una problemática quizás antigua, pero que en la sociedad burguesa acabará adaptando formas nuevas: el valor del arte. Desaparecida la vieja aristocracia, rechazadas las exigencias de los clientes burgueses (que entienden el arte en muchos casos como pura decoración)… ¿qué hará el artista?, ¿para quién pinta? durante un tiempo fue la bohemia (también en la literatura), una vida puesta permanentemente al borde de la indigencia; pero con el tiempo, por desgracia, será el mercado el que acabe decidiendo en buena medida el valor de las obras artísticas (con lo que los intermediarios tenderán a adquirir más importancia: tener un buen marchante será garantía de éxito).

Todo ello puede verse en sus primeras obras como los Comedores de patata, una obra oscura y realista. Poco a poco, va evolucionando y mantiene contacto con otros pintores como Gauguin con el que llega a vivir durante una temporada. Llegan entonces algunos de sus cuadros más conocidos como La habitación del artista en Arlés y Los girasoles. Este recorrido quizás es mucho más claro en sus autorretratos, pues uno de las obsesiones de Van Gogh era su rostro y la representación del mismo.

Esas obsesiones hablan de los problemas psiquiátricos que sufrió durante toda su vida; tanto que llega a ser ingresado en un centro mental y, como es de sobra conocido, en uno de sus arrebatos, se corta una oreja. Sin duda eso es cierto, pero no se puede reducir su arte a eso. Todo esto se plasma en sus  pinturas, por ejemplo, en Campo de trigo uno de los cuadros que hace antes de suicidarse con un disparo en la cabeza. El manejo admirable del color y, quizás sobre todo, la forma de empastar son características llamativas en la pintura de Van Gogh. Su mano es capaz de expresar el interior de aquello a lo que no se le reconoce interior (una silla, una cama…). No se trata ya de subjetivismo, sino de ver la realidad al fondo, situada con frecuencia en una frontera (sus estrellas, por ejemplo) que pocos se han atrevido a cruzar. La preocupación religiosa no aparece en los temas, pero si en la manera que Van Gogh tiene de contemplar la realidad.

Una de sus obras más conocidas en La noche estrellada (1889, MoMA, Nueva York). Esta famosa escena resulta una de las más vigorosas y sugerentes realizadas por Vincent. En pocas obras ha mostrado la naturaleza con tanta fuerza como aquí. Vincent se encuentra recluido en el manicomio de Saint-Rémy desde el mes de mayo de 1889 y muestra en sus imágenes lo que contempla desde su ventana. La noche le había atraído siempre – Café nocturno o La terraza del café – especialmente porque se trataba de una luz diferente a la que se había empleado hasta esos momentos. Es de destacar el tratamiento de la luz de las estrellas como puntas de luz envueltas en un halo luminoso a su alrededor, obtenido con una de las pinceladas más personales de la historia de la pintura: un trazo a base de espirales que dominan el cielo y los cipreses de primer plano, tomando como inspiración a Seurat y la estampa japonesa. Al fondo se aprecia la silueta de un pueblo con la larga aguja de la torre de la iglesia presidiendo el conjunto. Las líneas del contorno de los edificios están marcadas con gruesos trazos de tonos oscuros, igual que las montañas que recuerdan la técnica del cloisonnismo empleada por Gauguin y Bernard. Los tonos que Van Gogh utiliza son comunes a todas las obras de eta primavera del 89: malvas, morados y amarillos que muestran el estado de ánimo eufórico del artista, aunque da la impresión de predecir la grave recaída que tendrá Vincent en el mes de julio.

La vida de Gauguin, quien recordamos vivió una temporada con Van Gogh, nos es menos agitada que la del pintor holandés. Paul Gauguin nació en una  familia acomodada de París, aunque pasó parte de sus primeros años en Lima. Allí comienza a interesarse por el arte, pero antes pasó por varios oficios: se alistó en la marina mercante y trabajó como agente de bolsa; trabajo este último que le proporcionó abundantes recompensas económicas. Con la caída de la bolsa, siente la pasión del arte y lo deja todo para dedicarse a ello.

Comienza marchándose a la Bretaña junto con los demás componentes del llamado grupo de Pont Aven. Aquí su pintura se caracteriza por una utilización aleatoria del color y de forma plana, algo que podemos observar en Visión después del sermón. Justo después parte a Thaití  donde realiza sus pinturas más conocidas, siempre dando especial importancia a los colores, por ejemplo: Dos Tahitianas, Tata te miti. Estas obras tuvieron especial influencia en los posteriores fauvistas y nabis, que veremos más adelante.

  1. EL FAUVISMO. MATISSE. LA PINTURA NAÏF. ROUSSEAU

El Fauvismo es un estilo que procede del término “fauves”, fiera en francés, palabra que utilizó un crítico llamado Louis Vauxcelles, quien escribió una crítica llamada Donatello entre fieras refiriéndose al Salón de Otoño de 1905 en que se exponía la obra de Henri Matisse.

En concreto, el núcleo duro de este estilo estaba formado por: Matisse, Derain y Vlamick: Los tres compartían la utilización original y aleatoria del color aunque procedían de estilos diferentes.

Matisse se obsesionó por la pureza de los colores, por un estilo armonioso y equilibrado que se traduce en grandes masas de color vivo y poca complicación en el dibujo. Todo esto se puede apreciar en uno de sus cuadros más conocidos: La danza donde aparecen personajes unidos en círculo y en movimiento. Lo genial de esta obra es esa sensación de movimiento con tan pocos recursos: tres colores y, como decimos, un sencillo dibujo.

La trayectoria del pintor se centró en el estudio de los colores, es decir, no dejó nunca de lado el fauvismo como también podemos observar en Mantel, armonía en rojo o en La raya verde donde cada vez se reduce más el dibujo y, en contraposición, se resalta la combinación de colores.

Derain también se mantuvo fiel al fauvismo, aunque por su cercanía a Picasso, tuvo leves influencias del cubismo. También manifestó una tendencia muy cercana a Cézanne y Van Gogh. Sus obras fauvistas más conocidas son vistas de ciudades como El puente de Waterloo.

Van Gogh también fue determinante para Vlamick, quien empezó formándose como músico para terminar como pintor en el grupo de los fauvistas. Como todos sus compañeros, presta especial atención al color y a expresar sus sentimientos con ellos, como en  Paisaje con árboles rojos.

El movimiento Naïf nace también en Francia. Este arte “ingenuo”, infantil si se quiere, forma parte de la evolución del impresionismo. Se trata de una pintura informal, que se quiere no profesional (y es cierto, piénsese en el caso de Rousseau, que una buena parte de los integrantes del movimiento naïf tenía otros trabajos). No recibieron formación académica y muchos de ellos fueron autodidactas; en ese sentido, huyen del tecnicismo: no usan líneas de fuga (por lo tanto, su sentido de la perspectiva parece nulo) con lo cual los objetos parecen sólo superpuestos (algo así como las manchas de color entre los Nabis). Sin embargo, dieron muchas importancia a la forma: se trata siempre de obras figurativas en las que los perfiles están nítidamente definidos (pensad en una historieta o en el dibujo de un niño: primero dibuja la silueta y sólo después la rellena de color) y el volumen se consigue mediante el color y no mediante juegos de sombras. Los temas parecen tradicionales: la vida familiar, retrato, temas religiosos, costumbres… en todas las obras destaca el toque infantil—ingenuo—y la vitalidad y viveza. Puede decirse que es una pintura alegre y no sólo por el color. El aduanero, Henri Rousseau, señala los inicios del movimiento Naïf. Camille Bombois, André Bauchant y Séraphine Louis son miembros destacados del grupo

  1. EL IMPRESIONISMO EN ESPAÑA. SOROLLA Y REGOYOS.

Joaquín Sorolla y Bastida nació en Valencia en 1883. Acude de niño a la academia de artesanos de Valencia y, posteriormente, a la Escuela de Bellas Artes. España en esa época (estamos en los años finales del siglo XIX) no parecía estar para muchas innovaciones estéticas (sobre todo en las Academias de Bellas Artes) por lo que podemos suponer con bastante seguridad que su formación no tendió a fomentar su creatividad, sino más bien a moverse dentro de los esquemas realistas de la pintura de la época. Los años siguientes continúa su formación, pero sin que le acontezca nada relevante; pero en los primeros años de la década de los ochenta conoce al pintor Ignacio Pinazo, que había importado de Italia la técnica de manchas de color superpuestas. Aunque comienza a usar esa técnica, sus cuadros son en esta época del gusto burgués, por decirlo así, y obtiene diversos premios en exposiciones en España. Fue quizás su viaje a París, donde conoce la obra de Courbet y Millet, donde se produce el giro decisivo de su pintura: acaba convencido de que, de alguna manera, debe volver a las raíces, al campo, al mar… Esto se reflejará con nitidez en el ciclo de pinturas que realizó para la Hispanic Society de Nueva York años después (que pudo verse en una exposición en Sevilla no hace muchos años). En los años noventa comienza a obtener cierto éxito: muchas de sus pinturas de la época mantienen el tema marinero (como había aparecido en Y aún dicen que el pescado es caro), aunque cada vez se hace más presente la luz del mediterráneo y el tema del ocio burgués. Los retratos, en los que brilló con luz propia, comienzan a ocupar espacio en su obra. Esto le dio prestigio internacional y a finales del siglo XIXy principios del XX era ya un artista conocido y respetado en Europa (fue condecorado en 1907 con la legión de honor).

Sorolla es conocido como el pintor de la luz, sin duda, es cierto, pero ¿qué queremos decir exactamente con eso? Hubo en el pintor una evolución estética y temática (por ejemplo, en su primera etapa la religión como rito está muy presente en su obra: más que luz podemos hablar en esta época de iluminación: El resbalón del monaguillo, El beso de la reliquia… Al final de su vida… la luz parece inundarlo todo y, con ella, los blancos prodigiosos. Sin embargo, hay algo más: cualquiera que vea Cosiendo la vela (de 1896) no podrá evitar pensar en Velázquez no sólo por el tipo de pincelada—impresionista podríamos decir, suelta y que no perfila los contornos—, sino también por la forma de la composición. Lo mismo puede decirse de la carnalidad de algunos de sus desnudos, que recuerdan a la venus velazqueña. De hecho, el propio Sorolla homenajeó directamente al maestro sevillano en María Guerrero, lienzo terminado hacia 1906. Por lo tanto, podemos decir que la luz es también la forma, algo que va haciéndose más evidente con el paso de los años. Ciertamente, hubo momentos decisivos (véase la obra de 1904 Mediodía en la playa de Valencia) en los que su forma de pintar era casi expresamente postimpresionista y se acercó a las puras manchas cromáticas que constituían la forma de la obra. Incluso en sus retratos, donde la forma debería haber sido más decisiva (teniendo en cuenta el gusto burgués de la época), el color es lo más importante: los cuerpos y los objetos apenas están abocetados y el vigor de la obra se centra en la mirada, luminosa, y en los efectos de luz (el caso de Una investigación, de 1897, o de su Miguel de Unamuno, pintado un poco a la manera de Manet, pero en el que destaca el blanco del cuello y el brillo dorado de las gafas del filósofo vasco). En su evolución no permaneció ajeno a los movimientos de la época; en La siesta, de 1912, encontramos elementos expresionistas en el tratamiento de color, pero también la conversión del color en textura. La luz fue, sin embargo, el elemento presente—y cambiante—a lo largo de toda su trayectoria artística; esa luz que invade el aire (un poco, una vez más, al estilo de Velázquez) y que juega majestuosamente con las sombras (sus últimas pinturas de los jardines de su casa). Pero la luz se mueve con rapidez, señaló Sorolla en una ocasión, y por eso hay que pintar rápido: el mundo cambia constantemente y captar el presente es, en la obra de Sorolla, la forma de acercarse a la eternidad.

Regoyos es otro de los pintores que se pueden considerar impresionistas en España pues en su obra destaca la utilización de la luz y el color; pero a diferencia de Sorolla, experimenta con otras tendencias artísticas como el simbolismo.  Regoyos nació en Asturias en 1857 pero rápidamente aparece en él una enorme curiosidad por los nuevos estilos, por lo que se hacía en el extranjero, de hecho, llega a viajar a Bruselas lo que le permitirá estar en el grupo L’Essor con otros artista de la época.

Su pintura tiene dos tendencias diferenciadas: íntima y crítica. En la primera tendencia se acude a recuerdos y a momentos o instantes, por ejemplo, El gallinero o Recogiendo fresas. En la tendencia crítica los tonos son más oscuros y se llega a acercar al expresionismo.

  1. EL CUBISMO. PICASSO.

La aparición del cubismo supone uno de los momentos más importantes de la historia del arte occidental desde el Renacimiento. El cubismo representa la destrucción de las convenciones espaciales que impusieron su dominio en la pintura y, al mismo tiempo, la creación de una nueva forma de concebir el cuadro y el espacio.

El cubismo. Características y cronología

Como corriente artística, el cubismo nace en París a principios del siglo XX. Su denominación data de 1908 cuando el crítico Louis Vauxcelles en la revista Gil Blas, habla de cubos, para referirse en tono peyorativo a la técnica que observó en una exposición de Braque en la galería Kahnweiler.

Los antecedentes del cubismo, influido por el arte primitivo y africano, debemos buscarlos en el puntillismo o neoimpresionismo y sobre todo en Cézanne, quien pretendía, reducir la realidad a su última esencia geométrica: el cilindro, el cono, la esfera… Esta teoría queda reflejada en obras como Los jugadores de cartas o sus vistas de La montaña de Santa Victoria. Dos destacados cubistas, Gleizes y Metzinger, justificaban esta relación diciendo que «quien comprende a Cézanne presiente el cubismo».

El cubismo debemos entenderlo como un proceso de investigación, casi científica, aplicado al arte plástico que se caracteriza por:

  • No renunciar en ningún momento a la planitud de la tela, del lienzo, es decir, se rompe definitivamente con la idea de la «ventana albertiana» (lo representado debe tratarse de manera ilusoria, reflejando la profundidad, la perspectiva, el modelado de las figuras).
  • La independencia definitiva del objeto artístico con respecto a la naturaleza que representa. Se elimina así uno de los objetivos principales de las artes plásticas tradicionales.
  • Introducir por primera vez en el arte plástico la cuarta dimensión, es decir, el tiempo, en un espacio de dos dimensiones como es la tela. El objeto se representará, a la vez, desde diversos puntos de vista a través de facetas o planos angulosos desde diferentes ópticas que permiten al espectador observar con una sola mirada varios aspectos de la figura.
  • Reducir la realidad a sus facetas geométricas fundamentales, lo que provocará ese aspecto de «cubos», término que contribuye a la nomenclatura del estilo.
  • La importancia de la idea pensando solo en las formas esenciales. Así, Picasso se propone, según sus propias palabras, «no solo pintar lo que se ve sino también lo que se sabe». Pintar la idea del objeto, su imagen total.

Desarrollo del cubismo

Sin tratarse de una obra cubista propiamente dicha, Las señoritas de Avignon (1907, MoMA) está considerada como la verdadera precursora del cubismo. Picasso une en ella la influencia del arte primitivo (máscaras africanas y arte íbero sobre todo), a los planos facetados y las visiones múltiples para expresar un rotundo rechazo hacia la perspectiva clásica.

En 1908 comienza la investigación sistemática de Braque y Picasso, que irán avanzando en lo que Apollinaire denomina «cubismo científico», y que se divide principalmente en dos momentos: a) el cubismo analítico y b) el cubismo sintético.

Cubismo analítico (1910-1912).

El objeto se analizará descomponiéndolo en múltiples planos, resultando una apariencia de cubos o poliedros como reflejo de la multiplicidad de ángulos de visión. La paleta cromática se irá reduciendo a pardos, tierras y grises. El camino tomado llevará a obras en las cuales las referencias con la realidad van desapareciendo, colocándose al borde de la abstracción.

Cubismo sintético (1912-1913).

Llegados al punto de casi perder pie con la figuración, con la naturaleza, los cubistas reaccionan. A partir de ahora no se tratará de descomponer todo el objeto en facetas, sino de hacer una síntesis de sus elementos más importantes o de sus fragmentos esenciales. Los temas principales serán las naturalezas muertas (instrumentos musicales, bodegones, mesas de café…). Algunos tendrán una base de collage (papier colles). El collage es una invención surgida en mitad de las experiencias e investigaciones cubistas, para evitar de manera definitiva la «re-presentación» y presentar en el lienzo aspectos identificables de la realidad; no se representa un periódico, por ejemplo, sino que se presenta directamente el periódico pegado en el lienzo.

No hay duda de que los grandes creadores del cubismo son Braque (1882-1963) y Picasso (1881-1973) y, por extensión, los principales cubistas científicos, contando además con Juan Gris (1887-1929), destacado autor del cubismo sintético.

Principales artistas y obras 

George Braque (1882-1963). A partir de los contactos de Braque con Picasso y del impacto que le produce Las señoritas de Avignon, se adentra en la estética cubista. Pero en Braque no encontramos saltos bruscos ni estridencias de colorido ni rupturas. Es un pintor sereno, de tonos suaves que huye de cualquier tipo de violencia compositiva o cromática: El portugués (1911).

Juan Gris (1887-1927). El madrileño José Victoriano González, Juan Gris, es el más cerebral y cientificista de los cubistas. Se convierte en el mayor defensor del cubismo sintético, del que supone su auténtica culminación. En el proceso de construcción de sus obras invierte el proceso de su realización, ya que afirma partir de la idea y no de la realidad, mediante un proceso deductivo. Como ejemplo de su producción se puede citar Naturaleza muerta ante una ventana (1915) y Guitarra y frutero (1921).

Fernand Léger (1881-1955). Elabora un lenguaje cubista partiendo de formas cilíndricas (tubismo). Su pintura se opone radicalmente a la Braque por sus formas y composiciones bruscas y ásperas. Le fascina captar la vida de la civilización industrial, con su agitación, movimiento y velocidad, así como el mundo de las máquinas, como en su Mujer de rojo y verde (1913).

Pablo Picasso (1881-1973). Por supuesto debemos hacer un apartado dedicado a uno de los grandes genios de la pintura universal, Pablo Picasso. Pese a ser el gran creador del cubismo junto a Braque, una de las vanguardias más sobresalientes del siglo XX, Picasso es mucho más que un artista cubista. Así lo reconoce él mismo en su vejez, es una de «las varias maneras que he usado».

Tras sus primeras obras de formación en la Barcelona modernista, comienza su primer periodo relevante como pintor entre 1901 y 1904. Es el periodo azul, caracterizado por el predominio de la paleta fría de tonalidades azuladas y por la preferencia por los temas tremendistas y patéticos relacionados con la pobreza española del momento. Ciertos sentimientos de tristeza y melancolía invaden su obra en la cual es patente la influencia de El Greco.

En 1904 se instala en París e inicia su periodo rosa, abandonando el patetismo inicial y la fría paleta azul, dejando paso a una serenidad más clásica y equilibrada. Ahora predominan los temas de la vida del circo que traen consigo una visión más optimista de la vida. La paleta también se hace más alegre, predominando los colores tierra, ocres y rojos. En esta época se evidencia la visión menos crispada que el artista tenía de la vida respecto a la época azul.

En estas dos primeras etapas de su producción, el artista malagueño muestra su vinculación al dibujo y a la estética de los grandes maestros españoles. Sin embargo, el tratamiento de los temas y la manera de abordar la realidad le convierten en un artista de vanguardia.

En París, Picasso entra en contacto con el arte africano y sus máscaras, con el arte íbero y descubre que le atraen el arte románico, El Greco y, por supuesto, Cézanne. Todo ello será decisivo en su obra posterior. A partir de 1906, se adentra en las investigaciones cubistas que le harán universalmente famoso.

En el Salón de Otoño de 1907 se expone una retrospectiva de Cézanne. La magistral lección que aparece en las obras de este autor es asimilada e interpretada con extremismo e intransigencia por Picasso y Braque.

En el caso de Picasso, el influjo cézanniano se acompaña de las formas arcaicas de la escultura ibérica y, más tarde, del arte africano.

En este mismo año, Picasso termina una obra que ya se puede clasificar de protocubista: Las señoritas de Avignon. La génesis de esta obra se puede seguir a través de los dibujos preparatorios. El tema es el interior de un burdel en el que las prostitutas están acompañadas por un estudiante y un marinero –estas dos figuras desaparecen en la obra definitiva- dentro de un espacio que aún se representa convencionalmente. Pero en la versión definitiva sólo aparecen cinco mujeres desnudas (en el rostro de las dos del centro se evidencian el influjo ibérico, y las de la derecha, el de las máscaras africanas). El espacio queda definido por los propios cuerpos, el bodegón y los cortinajes. Se ha suprimido la profundidad. Apenas existe la ilusión de una tercera dimensión. El concepto renacentista de situar las figuras y las formas en un espacio que nos crea la sensación de profundidad ha desaparecido. No hay punto de fuga: los conrtinajes, el bodegón y las formas del fondo invaden en bruscos ángulos los huecos espaciales que los cuerpos femeninos han dejado libres. Todo aparece en el mismo plano, sin prioridades.

Su investigación cubista se ve bruscamente frenada con el inicio la Primera Guerra Mundial. Pese a que el cubismo siempre tendrá cabida en sus obras, Picasso hará gala de infinitas posibilidades de expresión artística. En este momento realizará una serie de pinturas llamadas neoclásicas con las que regresa a la figuración, manifestando una gran influencia de los vasos griegos y la escultura grecorromana. Recupera el modelado, la forma, el interés por las composiciones sólidas y la simetría.

Hacia 1925, Picasso se verá influido por las nuevas corrientes artísticas (surrealismo y expresionismo), realizando una serie de obras que causan cierta sensación de inquietud en el espectador. Quizá la obra más reconocida del maestro llegó como encargo para el pabellón de la España de la República en la Exposición Internacional de París de 1937, para el que pinta su célebre Guernica, donde recopilando los mejores elementos de su bagaje artístico crea una obra maestra, en la cual logra una imagen que muestra la esencia de la tragedia, de la crueldad y la muerte.

Su último periodo es el que dedica a reinterpretar desde su peculiar e inconfundible pincel las obras maestras de la pintura universal (Poussin, Courbet, Velázquez, Goya, Rembrandt…).

Picasso no solo fue pintor, sino que también dedicó su arte a la escultura. Sus obras de metal, normalmente de hierro, son auténticos estudios del espacio que evocan una múltiple complejidad de formas.

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