HISTORIA, ARTE Y DISEÑO PARA ESCUELAS DE ARTE

Bloque 4. El Modernismo.

in Fundamentos del Arte by

A caballo entre los siglos XIX y XX, aproximadamente entre 1890 y 1910, por primera vez, y como resultado de un siglo de indefiniciones y variantes, surge un estilo artístico unitario, el modernismo, transmisor de la herencia cultural del siglo XIX y fundamento de muchas de las corrientes arquitectónicas del siglo XX. Contribuyen a su formación, aunque sin poder precisar qué elemento es decisivo para la aparición del nuevo estilo, el neogótico, el movimiento del Arts and crafts, la ingeniería y la arquitectura del hierro, la pintura de los prerrafaelitas, el impresionismo y el simbolismo, y hasta el gusto por los objetos japoneses o las nuevas técnicas en el trabajo en curva de la madera.

  1. LA ARQUITECTURA MODERNISTA. EL ART NOUVEAU. MODERNISME. MODERN STYLE. SECESIÓN VIENESA.

El modernismo es un fenómeno complejo, que se produce en las ciudades de aquellos países donde se ha alcanzado un cierto grado de desarrollo industrial. Incluye muchas de las manifestaciones de su época, desde los espectáculos, los vestidos y el adorno personal hasta las artes figurativas, y desde el mobiliario y la decoración hasta la arquitectura y el urbanismo.

Antoni Gaudí. Casa Batlló, Barcelona.

Pretende, frente al académico y oficial eclecticismo de falsa historicidad, ser el reflejo de una sociedad moderna y activa para hacer una ciudad alegre, nueva y elegante.
Es el estilo de una rica y refinada burguesía de fin de siglo, la más preparada social e intelectualmente, libre de prejuicios, satisfecha y optimista ante los logros del progreso industrial, que necesita unos productos de calidad superior a los que la industria fabrica hasta el momento.

Este estilo se difunde como moda –elemento de primerísima importancia en la actual cultura de masas-, lo que explica el vivo interés por las nuevas formas, a la vez que su integración en los cada vez más rápidos ritmos de producción y cambio del proceso industrial.

Lámpara modernista de la casa Tiffany.

A pesar de las diferentes interpretaciones y nombres que recibe en los países en los que se desarrolla (Art Nouveau en Bélgica y Francia, Jugendstil en Alemania, Sezessionstil en Austria, Modern Style en Inglaterra, Liberty en Italia o Modernisme en Cataluña), mantiene unas características comunes.

  • El modernismo es un estilo de rápida y sincrónica difusión internacional, en la época del desarrollo trasnacional del capitalismo y de las uniones internacionales proletarias.
  • Surge como resultado de la voluntad artística de superar las formas tradicionales y dominar la tecnología moderna para adecuarla a los nuevos gustos. Este dominio tecnológico es el que permite logar la unificación ideal de todas las artes, puras y aplicadas. Los artistas dan la misma importancia y diseñan tanto las vajillas y muebles como la decoración y la arquitectura, es decir, les interesan, por tanto, todas las actuaciones que lleva a cabo el hombre para resolver sus necesidades, para intentar superar la dicotomía artesanía-industria y conseguir unir la vida y e arte. El valor del “diseño” cobra primacía sobre el producto.
  • Una decoración orgánica invade los edificios, fundiendo la arquitectura con la naturaleza y los edificios con los ambientes urbanos.
  • Las fuerzas naturales, en sus oposiciones y contrastes, se reflejan en la fuerza que la línea ondulada de la arquitectura modernista coba en acción y reacción, como en un golpe de látigo.
  • Las superficies curvas y la decoración floral y ondulante dan forma a los edificios y recubren los muebles y las paredes. Las algas marinas, los lirios y los tulipanes, las mariposas y los largos cabellos femeninos se unen en una curiosa mezcla de naturaleza y abstracción que repite el juego de la arquitectura y naturaleza, de los artificioso y lo natural.
  • Se utiliza el hierro en perfiles curvos, como decoración y estructura, se conjuga con el hormigón, y dota de una fuerte linealidad a los conjuntos. Se usan variados materiales: ladrillo, piedra, vidrio, cerámica, en una experiencia que agrupa distintas producciones.
  • La falta de simetría y las extrañas formas que a veces adoptan los planos revelan sorprendentemente un alto grado de racionalismo en la lograda integración y continuidad espacial de todos los elementos del edificio: interiores y exteriores, escaleras y habitaciones, materiales y decoración.

El Art Nouveau

El fuerte desarrollo de la industria ligera y la existencia de unos profesionales e industriales preocupados por las artes y las ciencias dan a la Bélgica de fines del siglo XIX un ambiente de renovación y optimismo, atenta a los movimientos artísticos de otros países, como el Arts and Crafts inglés o los pintores impresionistas y postimpresionistas que exponen en Bruselas. 
En este clima ilustrado y dinámico trabajan Victor Horta (1861-1947), iniciador del movimiento, y Henry van de Velde (1863-1957), importante continuador y teórico de este estilo.

Interior de la casa Tassel.

La Casa Tassel (1892-1893) de Bruselas, obra de Horta, es la primera manifestación arquitectónica libre de influencias historicistas y con las características del Art Nouveau. La casa, de tres plantas, tiene un marcado sentido unitario entre sus elementos estructurales y decorativos. La visible estructura de hierro se hace decoración mediante sus ondulaciones y detalles. De la escalera principal arrancan molduras de hierro que forman las barandillas y la ornamentación. Todos los elementos y dependencias se integran armoniosamente en sinuosos ritmos que llenan paredes, vidrieras, puertas y suelos, y en una flexible distribución de su plano. 
Su obra más significativa es la construcción de la Casa del Pueblo de Bruselas (1896-1899) (destruida en 1965). Edificio en hierro y cristal, con funciones comerciales, recreativas y de reunión, contaba con un auditorio en los pisos altos en el que la simplicidad y el funcionalismo de la estructura de hierro se conjugaban con la propia curvatura de las vigas. El exterior, en forma también curvilínea, tenía una cuidada fachada que ponía de manifiesto la variedad de ambientes internos.

Desaparecida Casa del Pueblo de Horta.

Van de Velde se interesa por los problemas teóricos y por la enseñanza y difusión del nuevo estilo mediante escritos y conferencias. Ejerce una notable influencia en sus contemporáneos y trata de mantener el método del proyecto unitario de todos los elementos que se relacionan con la arquitectura. 
Diseña vestidos, joyas, carteles, muebles y otros elementos decorativos. Expone sus trabajos en París en la tienda de Sigfried Bing, llamada LArt Nouveau, que da nombre al modernismo en Francia y Bélgica.

Escritorio diseñado por Van de Velde en 1899.

El Modernisme

El desarrollo industrial de Cataluña no se quiebra con la Primera Guerra Mundial, sino que se mantiene y se crea, entre la enriquecida burguesía, un ambiente fácil y sin preocupaciones y un modo de vida jovial y alegre con un futuro prometedor. Todo ello en los más diversos aspectos de la vida de Barcelona, ciudad que recoge los frutos de ese desarrollo.

Interior del Palau de la Música Catalana.

Este clima de seguridad y vigor inspira el fenómeno cultural de la Reinaixença en su intento nacionalista y renovador por incluir Cataluña en las corrientes estéticas europeas y el Modernisme alcanza arquitectónicamente un desarrollo y una vigencia mayores que en otros lugares, pues se prolonga hasta los años veinte. Característica del Modernisme es el acento neogótico de muchas de sus obras, consecuencia del nacionalismo de la burguesía catalana que pretende encontrar en lo medieval un esplendor modélico.

Entre los arquitectos más imporantes, Gaudí, como artista genial, anticipa y supera en sus edificios el propio marco del estilo. Pero otros muchos arquitectos hacen que Barcelona cobre especiales tonos modernistas.
 Lluís Domènech i Montaner (1850-1923) construye para la Exposición Internacional de Barcelona (1888) un restaurante (actualmente Museo de Zoología). En él entremezcla elementos de inspiración medieval con los más novedosos del modernismo: materiales variados (ladrillo, cerámica, hierro) y vistos, múltiples y originales detalles y un amplio interior logrado mediante una estructura metálica.

Interior del Palau de la Música Catalana.

Pero es quizá en el Palau de la Música Catalana (1895-1908) donde el modernismo de este arquitecto tiene su máxima expresión, tanto por su estructura, que permite grandes superficies de cristal, una variada policromía y una exuberante decoración floral, como por la integración de los diversos materiales (vidrio, mosaico, piedra, escultura.

 

Aspecto exterior del Palau de la Música Catalana.

Antoni Gaudí (1852-1926) es el mejor y más creativo arquitecto de la época del Modernismo y, aunque algunas de sus obras o características coinciden con las de este estilo, su genio individual es difícilmente clasificable.
Conocedor de las nuevas técnicas y presupuestos de la construcción de su tiempo, deja adivinar tras de sí la exaltación simbólica y la fuerza emocional de sus preocupaciones trascendentes en sus obras llenos de elementos caprichosos o extravagantes. Su voluntad de alejarse de las corrientes contemporáneas y de plasmar en la arquitectura su interpretación personal nos impiden considerar sus obras como meramente modernistas.

Retrato fotográfico de Gaudí.

La arquitectura de Gaudí es más audaz y libre de prejuicios técnicos y formales que la de su tiempo y la demostración de la capacidad de la arquitectura como vehículo de expresión lírica, de no estar casi siempre limitada por el utilitarismo y las tradiciones.

Los elementos torcidos, sinuosos, o con aspecto blando, de algunas de sus obras, parecen contravenir las posibilidades técnicas para su realización; aunque esta fantasía y libertad formal es mucho más exigente en su resolución técnica que en edificios más racionales, Gaudí, muy buen conocedor de las nuevas posibilidades que utiliza para lograr la estabilidad de sus edificios, nunca nos muestra sus soluciones, las oculta, menospreciando lo que para él es sólo habilidad y no tan importante como para que todo se supedite a ello.

Detalle de la Casa Batlló.

Hombre muy conservador y religioso, se rebela contra el pragmatismo de su época, aplica con convicción la técnica al servicio de la fantasía y confiere a sus obras con una intensidad rítmica, plástica y colorista mediante la ordenación de estructuras, materiales y funciones.
Como un maestro constructor medieval define y dirige la organización de las estructuras y superficies. En vez de utilizar las nuevas técnicas de producción en serie, él mismo coordina las múltiples producciones artesanales de sus obras: cerámica, forja, mosaico, ebanistería y vidrio como todo un grupo de voces que se unen en su plegaria arquitectónica.

Casa Vicens, Gaudí.

En su obra podemos apreciar claras influencias historicistas, pero que él integra genialmente en nuevas soluciones sin tener que romper con el pasado, como Horta y el modernismo.
En la Casa Vicens (1883-1888), motivos y materiales –ladrillo y azulejos- neomudéjares, curiosamente combinados, anticipan las formas modernistas, años antes de que Horta comience la Casa Tassel, al igual que en El Capricho (1884- 1887) en Comillas, Cantabria.

El Capricho de Comillas, Gaudí.

Posteriormente, sus obras adquieren un sello mucho más personal. Destacan, entre ellas el Palacio Güell (1886-1890), donde sobresale el extraordinario trabajo de las verjas de hierro forjado. La reforma de la Casa Batlló (1904-1906), que recubre con mosaicos multicolores, formas óseas y una coronación crestilínea.

Casa Batlló, Gaudí.

En el Parque Güell (1910-1914), proyecto de una ciudad jardín que nunca llega a concluirse, la portentosa imaginación de Gaudí crea unas formas que quieren ser tan infinitas como las de la naturaleza, sin imitarlas y sin limitaciones. Mediante una asociación singular entre arquitectura (orgánica) y naturaleza emplea todas las posibles fantásticas combinaciones entre arquitectura y escultura y diversos materiales.

Parque Güell, Gaudí.

Entre sus obras más interesantes destacan el Templo Expiatoria de la Sagrada Familia y la Casa Milà o La Pedrera. En el primer caso, se trata de una obra en la que se sintetizan muchas de sus soluciones arquitectónicas más revolucionarias desde que se hiciera cargo de las obras en 1883 hasta su muerte en el año 1926 en que queda inconclusa. Pero Gaudí no investiga ni experimenta para revolucionar la arquitectura por la arquitectura, sino que lo hace para un proyecto personal identificado con su fe católica. De este modo, cada elemento tendrá una fundamentación simbólica: cada transgresión estilística respecto al inicial neogótico condicionante, estará en función de recrear su deseado bosque naturalista para la oración.

Sagrada Familia, Gaudí.

En cuanto a la Casa Milá, realizada entre los años 1906 y 1910 y situada en pleno Paseo de Gràcia, fue concebida como un gran pedestal de roca erosionada para el grupo escultórico de Mani (Virgen del Rosario y arcángeles san Gabriel y san Miguel), que no fue colocado para serio disgusto de Gaudí. Es de todos modos y en realidad una obra doméstica insólita en el modernismo. Más que rememorar el concepto de gruta marina presente en la Casa Batlló, parece aludir a las montañas de la naturaleza con agujeros informes y nevadas cumbres, ajenas al pulso con que los arquitectos suelen trazar la retícula ortogonal de una fachada. La monocromía y sequedad se compensa con creces mediante el ritmo ondulante, los arbustos-balcones y la fantástica legión de seres antropomórficos de la azotea.

 

El Modern Style

En Inglaterra, el movimiento Arts and Crafts se mantiene activo e influye en el continente. Aunque sus seguidores ingleses recelan del exceso decorativo del Art Nouveau, surge en Glasgow un grupo de pintores que participan más de las nuevas ideas, del Modern Style, y se amplía a otros artistas en la Escuela de Arte de Glasgow.

Entre ellos destaca Charles Rennie Mackintosh (1868-1928), diseñador que alcanza pronto gran fama en Europa, especialmente a partir de la Exposición de sus diseños en la Secesión de Viena en el año 1900. Sin embargo, sus novedosas experiencias no tienen fácil aceptación en el ambiente de su país con una clase dominante celosamente conservadora de sus costumbres y tradiciones. Desde 1913 no encuentra ningún encargo ni en Escocia ni en Inglaterra.

Exterior de la Escuela de Arte de Glasgow.

En su obra somete la exuberancia curvilínea del Art Nouveau a una geometrización que se hace mayor a medida que diseña los elementos más estructurales. En los objetos decorativos pequeños, pinturas y vidrieras, los ritmos curvilíneos tienen cierta presencia, pero en muebles, y sobre todo en arquitectura, predomina el rigor geométrico.

Sillas diseñadas por Mackintosh.

En 1897 gana un concurso para la construcción de la nueva Escuela de Arte de Glasgow (1898-1899), la mejor de sus obras. El edificio presenta una fachada asimétrica en piedra, con una entrada que evoca a formas arquitectónicas tradicionales escocesas, y unas grandes cristaleras de aulas enmarcadas en hierro. La sensibilidad de las proporciones y los delicados ornamentos de hierro dan unidad al edificio.

La Secesión vienesa

La aristocrática Viena imperial mantiene durante todo el siglo XIX el gusto por el eclecticismo historicista y especialmente por el neoclásico, del que perdura su equilibrio y claridad en las nuevas tendencias en mucha mayor medida que en otros lugares.

Un desarrollo separado de los elementos decorativos y de la organización volumétrica de los edificios da lugar a una característica mezcla entre elementos clasicistas en la composición, simplicidad y simetría, y detalles modernistas, naturalistas, lineales y planos en la ornamentación. Cuando los elementos decorativos desaparecen, esta separación prepara la evolución hacia un elemental esquematismo se transformará en el protorracionalismo . Las formas cuadradas, la decoración plana y geométrica y una simplicidad cromática son características del modernismo austríaco.

 

Estación del metro de Viena, Otto Wagner.

Otto Wagner (1841-1918), arquitecto que trabaja dentro de las tradiciones académicas, pone en su discurso de 1894, para el nombramiento de profesor de la Academia de Arte de Viena, las premisas para la renovación arquitectónica: vincular la arquitectura con las exigencias de la época, contar con las nuevas técnicas y liberarse de la imitación de otros estilos. Una de sus principales obras son las estaciones, viaductos y oficinas del Metro vienés (1894-1889), que propagan por toda la ciudad el nuevo gusto. Sustituye la decoración ecléctica por las nuevas formas, pero, sin apartarse de la tradición, mantiene los clásicos esquemas compositivos.

Palacio Stoclet, Hoffmann.

Otro arquitecto importante fue Joseph Hoffmann (1870-1956), preocupado por el problema de la decoración, está solo en parte relacionada con el anterior y casi entra de lleno en el desarrollo de las variantes protorracionalistas. En el Palacio Stoclet (1905-1911) en Bruselas, una lujosa residencia para un rico industrial, las blancas superficies de mármol y las aristas de bronce dorado, que enmarcan un variado juego de simples formas geométricas, destacan la cuidada riqueza del diseño de los elementos interiores. Éstos, influidos por Mackintosh, e incluso con murales de Klimt en el comedor, son realizados por el taller de artes decorativas de Hoffmann y van a tener una gran difusión por toda Europa.

  1. EL CARTELISMO. ALPHONSE MUCHA Y RAMÓN CASAS.

Para comprender la relevancia que tuvo dentro del Modernismo Alphonse Mucha (Ivancice, 1860 – Praga,1939) baste recordar que el concepto Art Nouveau se asoció en un principio al llamado Estilo Mucha, como si de la misma corriente artística se tratara.

Pintor, ilustrador, diseñador gráfico y artista decorativo, Mucha elaboró una impronta personal netamente codificada e inconfundible que lo llevó primero al éxito internacional y más tarde, tras años de una carrera que asombra por lo prolífica, a ser reconvenido por el gran público. Irónicamente, su aclamado estilo se percibirá ya desfasado a las puertas de la Primera Guerra Mundial, vanguardias mediantes.

Pero empecemos por el punto de inflexión en la historia de Mucha, esto es, la oportunidad que se le presenta a finales de 1894 y que sabrá utilizar a su favor. Tras años de formación y trabajos de calidad diversa en Moravia, Viena y Munich, Mucha se había acabado instalando en París, lugar donde recibe el encargo que determinará el resto de su vida profesional: la confección del cartel para la obra de teatro Gismonda, de Victorien Sardou.

Cartel para Gismonda, Mucha.

La comitente no es otra que Sarah Bernhardt, actriz, empresaria del Théâtre de la Renaissance y uno de los personajes más influyentes del París de la época. Bernhardt quedará fascinada por este cartel, que en enero de 1985 copa las calles de la ciudad despertando considerable revuelo por su estética novedosa y su gran tamaño. Pronto la Bernhardt le ofrecerá a Mucha un contrato en exclusiva para los siguientes seis años, en los que no sólo se encargará de la cartelería, sino que diseñará decorados, vestuario y complementos para su compañía.

Cartel para el papel de fumar Job, 1896

A raíz de este feliz encuentro, la fama y obra de Mucha crecerán exponencialmente. Al mismo tiempo, se codificará, repetirá e imitará ad infinitum por todo Europa su particular estilo, en el que abundan las figuras femeninas como alegorías del placer mundanal. Jóvenes lánguidas, de melenas exuberantes cargadas de flores y joyas, con vestimentas de corte neoclásico e indefectiblemente enmarcadas por círculos de filigranas, símbolos y arabescos, configurarán este arquetipo femenino de Mucha.

Plafón decorativo titulado El Zodíaco, 1896

El ornamento decorativista que refuerza las imágenes remite al lujo y la ostentación orientales así como a la linealidad del grabado japonés, de tanto calado entre los pintores occidentales del momento. En resumen, Mucha sintetizará diversas influencias vigentes en su época, sin olvidarse en el proceso de plasmar su propia mirada artística.

Cartel para las bicicletas Perfecta, 1902

El pintor Ramón Casas (1866-1932) abrió la ventana de la modernidad en España y entonces entró el aire fresco que corría por las calles, ateliers, galerías y academias de París. Que en realidad no era más que un parte del vendaval que se sentía en otras partes del mundo. El país pudo conocer, gracias a él, qué es lo que estaban haciendo maestros como Toulouse-Lautrec -del que heredó la pasión por el cartelismo- y se rompió de una manera moderada, pero eficaz, con el academicismo que guiaba la pintura española a finales del siglo XIX. Por ese motivo, su nombre es uno de los que siempre hay que reivindicar a la hora de hablar de esa transición pacífica que acabaría con la llegada de las vanguardias en la primera parte del siglo XX.

Nació en Barcelona el año 1866, y pronto demostró gran interés por el dibujo, vocación que propició la familia, cuyo poder económico facilitó que el joven acudiera a diversos talleres tanto en Barcelona como en París, a donde viajó en 1881, cuando la ciudad era un hervidero de arte, y capital del impresionismo.

Cartel para un espectáculo de sombras chinas en Els Quatre Gats.

Ya en 1883 presentó en un salón oficial su autorretrato vestido de flamenco, cuadro que fue aceptado. Paris y Barcelona fueron sus lugares de residencia habituales. En 1890, residía en el Moulin de la Galette, con Santiago Rusiñol y Miquel Utrillo. Era una época en la que se popularizaba la obra de Toulouse Lautrec, que sería uno de sus inspiradores en materia de cartelismo

Ya en los noventa, y vuelto a Barcelona, Casas destaca como animador social y cultural. Ese carácter original y creativo ya se había mostrado eventos como el de 1889, cuando recorrió Cataluña en carro, junto con Santiago Rusiñol.

Cartel para el cava Codorniu.

En Barcelona exponía en la sala Parés, temas de diversa indole, desde escenas sencillos a pintura social; fue también animador de “Els Quatre Gats”, taberna de vanguardia, donde se presentan exposiciones, conciertos, lecturas, ets. Allí se vio, por ejemplo, obra de Nonell y Picasso.

Las revistas “Els Quatre Gats” y “Pèl & Ploma” fueron cauce de su obra, mientras destacaba tanto en el plano publicitario como dibujante y retratista. En el ámbito del retrato- entre una multitud de trabajos- realizó un retrato ecuestre de Alfonso XIII

Hasta su muerte, en 1932 mantuvo una notable actividad artística y social, que le llevó por diversos puntos de España, Europa y Estados Unidos

Cartel de Anís del Mono (detalle).

Los carteles de Anís del Mono, Codorniu y Cigarrillos París son tres ejemplos de trabajos premiados en los que se muestra el valor comunicativo del artista, su magnífico uso del dibujo y el color, la sencillez del mensaje (lo que agranda su penetración), así como la utilización de la mujer en el ámbito de la publicidad.

  1. LA JOYERÍA MODERNISTA. RENÉ LALIQUE Y LLUIS MASRIERA.

Las joyas alcanzan gran protagonismo en el Modernismo por las formas decorativas, la utilización de piedra semipreciosas, por la inspiración en la naturaleza y por la influencia  del arte japonés. Los dos focos más importantes fueron París y Bruselas.

René Lalique (1860-1945)

René Lalique, joyero y vidriero francés; uno de los mejores  diseñadores del Art Nouveau. Fue el joyero más importante de finales del siglo XIX y principios del XX.

El estilo de Lalique se caracteriza por inspirarse en  la naturaleza creando formas de gran elegancia y delicadeza.  El uso del vidrio se convertirá  en un elemento característico de los diseños de los objetos y joyas del artista.

Se inspiró en el arte japonés para diseñar los broches de libélulas. Revolucionó el mundo de la joyería al dar prioridad a las formas  escultóricas y a la introducción de materiales (hasta ahora descartados) como cristales, mosaicos, marfil, piedras semipreciosas y sus característicos esmaltes opalescentes (gama de colores del azul al verde). Otra de sus señas de identidad es la presencia de la mujer metamorfeada en partes de insectos y  el mundo animal: libélulas, mariposas, insectos, pájaros, seres fantásticos…

Lalique dio a conocer sus obras en la Exposición Universal de París del año 1889, aunque el éxito le llegará más tarde, a finales del XIX, convirtiéndose en el joyero de lujo de Francia. Trabajó para la casa Cartier o Boucheron. Consiguió fama en vida y hoy es un referente del lujo, creatividad e imaginación.

Lluís Masriesa (1872-1958), barcelonés, pertenece a una familia culta de joyeros y orfebres. La firma Masriesa es una de las más prestigiosas del mundo joyero.

El descubrimiento del trabajo de los orfebres franceses en la Exposición Universal de París fue un momento clave para él. Empezó a hacer sus propios diseños hasta convertirse en el joyero del Modernismo catalán y uno de los principales representantes de la joyería del Art Nouveau, logrando renombre internacional. Creó la técnica de esmaltado Barcelona y moldes que aún se conservan. Sus joyas tienen un singular carácter decorativo, desde temas simbolistas, hasta joyas plagadas de ninfas, flores y libélulas. Hizo Colgantes, pulseras, pendientes, broches, peinetas, cuberterías, juegos de café, etc. Trabajaba el oro, plata, marfil, pero lo más apreciado son sus esmaltes

Descárgate los apuntes en PDF AQUI.

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