HISTORIA, ARTE Y DISEÑO PARA ESCUELAS DE ARTE

‘El profeta’ de Pablo Gargallo

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A principios del siglo XX, los escultores llevaron a cabo una de las más revolucionarias conquistas de la escultura actual: la introducción del vacío en sus obras.

El profeta de Gargallo es una muestra exquisita de esta nueva manera de entender la corporeidad, y que el artista aragonés utilizó para conseguir una mayor expresividad.

Pablo Gargallo nació en Maella (Zaragoza) y pasó su juventud en Barcelona. Fue alumno de la escuela de Bellas Artes de la Lonja y frecuentó el café Els Quatre Gats, donde hizo amistad con Picasso y Casas. Viajaba con frecuencia a París, donde se estableció en 1923.

Su obra más importante es El profeta, realizada en yeso en 1933 y la definitiva en bronce en 1936. La obra tiene siete reproducciones que se localizan en varios museos como el Reina Sofía o el Pablo Gargallo de Zaragoza. En cuanto a su estilo, podemos adscribirla al cubismo.

El profeta fue concebido en yeso (1933), pero posteriormente se realizaron siete ejemplares en bronce (1936). Las versiones en bronce combinan el uso de lámina plana, tubo ondulado y vacíos estratégicos.

En la escultura de Gargallo era habitual invertir los conceptos, es decir, que el original que constaba de relieve acabara siendo liso o vacío en la obra definitiva. Los volúmenes ausentes están acotados por elementos curvos, como se aprecia en la mejilla izquierda de El profeta. Es precisamente en la cabeza donde se concentra la vehemencia del personaje, con los vacíos de la boca, que nos permite “ver” el grito, y de la mejilla izquierda.

La figura de este visionario, ligeramente inclinada hacia delante y cubierta con una esquemática piel de cordero, se estructura en torno a un eje central formado por la cabeza, la columna vertebral y la pierna izquierda; a partir de este eje crecen los diferentes elementos del cuerpo mediante un juego de curvas y contracurvas.

La maleabilidad del bronce permite crear y deshacer tensiones entre las formas convexas (que dejan deslizar la luz suavemente), las cóncavas (que la reflejan) y el aire (que la deja pasar sin interferencias). El resultado es un perfecto equilibrio compositivo entre las zonas cóncavas y las convexas.

En cuanto a la temática de la obra, nos encontramos ante un profeta que lleva un cayado en la mano izquierda, incitando a unos imaginarios interlocutores para que lo sigan.

El profeta invita a seguirlo con el gesto firme de su brazo derecho, que condensa en su cuidada línea sinuosa una gran fuerza expresiva. Es un hombre en pleno arrebato de pasión, como se desprende de su expresión vehemente, pero con sus macizos pies sólidamente aferrados al suelo.

En las obras de Gargallo se detecta una fuerte influencia de la tradición familiar en el uso de la técnica de la forja.

En 1907, año fundamental en su trayectoria artística, dio sus primeros pasos importantes en el camino de la innovación al utilizar cobre y planchas metálicas (en lugar de materiales tradicionales, como el bronce y la piedra) y al experimentar con el Cubismo. Ahora bien, su plena identificación con las premisas cubistas no se produjo hasta su viaje a París en 1912.

El profeta sintetiza todas las aportaciones significativas de Gargallo: utilización de los vacíos; equilibrio entre la verticalidad dominante y las líneas curvas que forman los laterales; estudio de la incidencia de la luz y concepción de la figura desde el especio interior.

Para saber un poco más te dejo estos dos enlaces: el primero de laguia2000 y el segundo de El Señor del Biombo.

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