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Inocencio X de Francis Bacon

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Nos encontramos ante una obra conocida como “Estudio del Papa Inocencio X de Velázquez”, pintura realizada por el irlandés Francis Bacon en el año 1953 y que actualmente se encuentra en Iowa, Estados Unidos. Por su estilo, se adscribe al expresionismo figurativo.

Esta obra muestra dos elementos claves en la obra del pintor irlandés Francis Bacon: por un lado, el homenaje recurrente a los grandes maestros del pasado, especialmente a Velázquez; por otro lado, se esconde detrás del retrato una crítica brutal ante los abusos de la iglesia y que él sufrió durante su dura infancia.

Inocencio X por Velázquez, 1650, Galería Doria, Roma.

Frente a la severidad y colorido velazqueño del papa barroco, Bacon subraya la dureza de las facciones casi descompuestas. Frente al trono papal, una suerte de silla eléctrica. Frente a la púrpura del papa Pamphili, el inglés le coloca una suerte de bata de hospital.

El rostro, desencajado, es casi espectral y se acentúa con la violencia con la que ejecuta los trazos verticales que dominan la obra. El resultado es una deformación de los gestos que, lejos de sorprender, intimida.

Durante los años 50, Bacon desarrolló este tema en diversas ocasiones, recurriendo a Velázquez en varias ocasiones.

Bacon nace en Irlanda en 1909 en una familia muy estricta en cuando a la moral y la educación se refiere. Expulsado de su casa con 16 años al conocerse su homosexualidad, vaga por Europa estableciéndose en Alemania, donde decide dedicarse a la pintura tras conocer la pintura, entre otros, de Picasso. Bacon se centra en la figura humana como tema principal y en ella muestra siempre la angustia vital y la tragedia de la existencia, vinculándose al movimiento expresionista. Contrario a la abstracción que por los años cuarenta dominaba el panorama americano, él defiende la figuración como base pictórica, convirtiéndose en un referente.

Bacon no solo era homosexual e incluso masoquista, sino que era adicto al tabaco y al alcohol, lo que hizo que su vida se sumergiera en una especie de espiral autodestructiva que agudizó su existencialismo y que fue fuente inagotable para su catarsis pictórica.

Bacon buscaba en su pintura el sufrimiento humano y que el espectador se viera retratado en él, por lo que incluso en ocasiones colocaba cristales sobre sus pinturas buscando un efecto espejo. El hombre, para él, está amenazado por un mundo salvaje y deshumanizado. Y es quizá el mejor representante de un mundo sórdido, oscuro pero tremendamente potente.

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