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‘La joven de la perla’ de Vermeer

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Nos encontramos ante una de las imágenes más icónicas de la pintura: La joven de la perla, obra realizara por Jan Vermeer en el año 1666 y que se encuentra en el Mauritshuis de La Haya.

Es fácil ver por qué esta imagen irresistible se ha convertido en la obra más querida de Jan Vermeer (1632-1675). Muestra una composición simple y equilibrada, un aire de misterio, su sempiterna paleta de azules y amarillos, y delicados efectos de luz perlíferos sin precedentes hasta entonces.

La joven de la perla demuestra que Vermeer era mucho más que un pintor de encantadoras escenas de género de la vida cotidiana a pequeña escala. El pintor atrae al espectador hacia el lienzo debido a que la modelo le mira por encima del hombro. Los labios entreabiertos añaden sensualidad al misterio: ¿quién es ella? Su turbante presta exotismo a esta mezcla tentadora, pero la explicación es fácil.

El cuadro no es un retrato, sino uno de los estudios de la cabeza de una mujer conocidos en tiempos de Vermeer como “tronies”. Estos representaban ciertas emociones o tipos, y aquí muestra un tipo exótico. Los colores de la pintura son frescos y la técnica del pincel suave, pero lo bastante enérgica para capturar todos los matices de a luz; además, la composición, poco corriente, es poderosa pero armónica, y el conjunto está unificado por límpidos efectos de la luz.

La perla, plasmada con dos pinceladas, refleja con claridad el cuello blanco de la modelo, sus ojos centellean, y diminutos reflejos salpican el turbante. Pese a convertirse en el presidente de la cofradía de pintores de Delft, Vermeer solo conoció una modesta fama local durante su vida, y su reconocimiento internacional tuvo que esperar mucho tiempo. Sus técnicas, en particular la maestría de la luz, han inspirado a artistas modernos de variadas tendencias, incluido Salvador Dalí.

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