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La arquitectura egipcia

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La civilización del Egipto antiguo ha aportado una religiosidad elevada, avances científicos, y un arte de gran originalidad. Examinemos, en primer término, algunas dimensiones de esa civilización enigmática, que influyen en sus creaciones estéticas.

Religión. El culto a los dioses y las ideas sobre la vida de ultratumba impregnan todas las manifestaciones del arte egipcio y de manera más relevante su arquitectura, limitada a una finalidad religiosa y funeraria (templos y tumbas). Se presta más atención a la casa de los muertos que a la vivienda de los vivos. En principio, se redujo a creencias fetichistas, que otorgaban a un objeto a un animal poderes sobrenaturales. Así aparecen considerados como animales sagrados leones, gatos, buitres, bueyes, y en alguna población se otorga tal carácter a alguna especie de plantas. En un proceso de antropomorfización, los dioses terminan adoptando formas y cualidades humanas, tras un periodo mixto en el que se combina la forma humana y animal: HORUS en principio se representaba como un halcón y en la VI dinastía es una figura sentada con barba.

Influencia del vivir agrario. Desde Herodoto, todos los historiadores que se ocuparon del Egipto antiguo han resaltado que se trata de una civilización fluvial, de base agraria; las crecidas periódicas del Nilo han permitido a lo largo de su curso los centros de población, el río es fuente de fertilidad. En el mundo agrario nace la geometría, la medida, el catastro. Estos nuevos hábitos mentales enmarcan la arquitectura, su disposición de planos cuadrangulares, su aparejo de losas geométricas y enriquecen los temas de la pintura, con plantas y flores, se introducen en los elementos arquitectónicos (capiteles con hojas) y refuerzan el sentido de las proporciones en la estatuaria.

Monarquía divina. Desde que MENES unifica el Alto y Bajo Egipto en el año 3400 a.C., el faraón tiene carácter sagrado, es un dios en la tierra, y la supervivencia en la vida de ultratumba depende de su proximidad. Solo así se explica la existencia de un pueblo que vivió para construir las tumbas de sus reyes. Asombra la desproporción entre la magnitud de las pirámides y su función de simple tumba de la familia real, pero más asombrosa ha resultado la comprobación de que tan colosales construcciones se realizaron con precarios medios técnicos, sin conocimiento de la rueda, es decir sin poleas ni rodillos, lo que exigió una mano de obra numerosa y un sentido colectivo de disciplina, incompatible con otra estructura política menos centralizada.

COLOSALISMO ARQUITECTÓNICO

La primera aportación de la arquitectura egipcia estriba en que se trata de construcción en piedra, labrada de manera geométrica (sillares); no se reduce ya a bloques desbastados de forma tosca, como en los megalitos, sino a piezas de medidas precisas, con las que se pueden elevar muros sin salientes y edificios de perfiles rectilíneos. Se ha explicado la preferencia por la piedra por razones geológicas; los egipcios disponen de piedra, mientras que los mesopotámicos carecen de ella. Pero no puede ser esta la única razón, ya que durante siglos, en el Egipto predinástico, se construyó con cañas, madera y ladrillos de arcilla cruda. Así la labra de piedra aparece como una conquista voluntaria, una manifestación más del espíritu geométrico que impregna una civilización agraria. Conservamos el nombre del máximo reformador de los procedimientos constructivos, IMHOTEP, a quien, segun los textos literarios, los egipcios elevaron a la categoría de dios.

El rasgo más evidente de la arquitectura del Egipto antiguo es el colosalismo: la edificación resulta desproporcionada en relación con la función, ni se precisaba tal volumen para enterrar en una pirámide el cadáver del faraón ni en los templos se congregaban muchedumbres que reclamaran espacios tan vastos. Se trata también aquí de una dimensión consciente, de un propósito definido. El egipcio está obsesionado por la presencia de fuerzas sobrenaturales y por el sueño de la supervivencia; en consecuencia, el edificio desborda la escala humana, se impone por su grandeza al ánimo del espectador y suscita sentimientos de temor.

Es arquitectura arquitrabada, desconocedora de los principios constructivos del arco, basada exclusivamente en líneas horizontales y verticales, o, como en las pirámides, en un dispositivo diagonal. En el caso de la arquitectura religiosa, la columna juega un papel, además de estructural o de sustentación, decorativo. En la arquitectura funeraria habíamos encontrado un geometrismo frío, la construcción sometida al imperio de la forma desnuda y escueta; pero ya en el templo la columna supone una innovación audaz, la introducción de un elemento que recuerda la forma vegetal de la palmera. En un princpio fueron las columnas simplemente haces de troncos, luego fueron sustituidos por los fustes de piedra, pero con una disposición de estrías verticales que recuerda los fustes vegetales; sólo posteriormente el fuste liso señala un distanciamiento de los orígenes. No obstante, el recuerdo del árbol perdura en los capiteles, diseñados con hojas de loto (lotiformes) o de papiro (papiriformes) o palma (palmiforme).

La forma de enterramiento más antigua es la mastaba. Hacia el año 3000 a.C., durante la fase en la que se produce la unificación del Alto y Bajo Egipto, es la tumba de los personajes notables, sacerdotes o nobles, y de los primeros faraones. El deseo de grandeza y la acumulación de poder del faraón provoca la superposición de mastabas para distinguir la tumba real, así nace la pirámide escalonada, como al de ZÓSER (2700 a.C.).

A partir de entonces, la pirámide distingue la tumba faraónica de la de los grandes dignatarios. A la cuarta dinastía corresponden las grandes Pirámides de Gizeh. localidad cercana a El Cairo. La más imponente, la de KEOPS (137 metros) destaca de las de KEFRÉN y MIKERINOS (entre 2600 y 2500 a.C.). Son la construcciones más grandiosas entre una serie que se levanta a lo largo de 150 kms. Las pirámides están rodeadas de edificaciones menores. La Gran Esfinge que inicia el recinto funerario de Gizeh es el retrato del faraón KEFRÉN combinado con rasgos animales, es decir, deificado, en una época en que se concebía a los dioses como un sincretismo de humanidad-animales sagrados. El interior de las pirámides es un conjunto de galerías, pozos, cámaras, de extraordinaria complicación, con el objeto de impedir el expolio del riquísimo ajuar. 

Con la Dinastía XVIII el centro político está en el sur, en Tebas, en el Valle de los Reyes y allí se construye un nuevo tipo de tumba excavada en la ladera de una montaña, el hipogeo, con la misma disposición laberítica para preservar los tesoros. Son tumbas enriquecidas con pinturas y de un singular valor arqueológico por su ajuar; el tesoro de TUTANKHAMÓN ha sido el más opulento de los conservados.

Es también la dinastía XVIII, fundadora hacia el año 1580 a.C. del imperio tebano o Nuevo, la que impulsa la construcción de templos inmensos. La grandeza de los espacios, que ofrecen un escenario deslumbrante a las festividades religiosas y políticas, se inicia con la avenida, que desemboca en el templo propiamente dicho y en la que se suceden dos hileras de esfinges, el obelisco y los pilonos. entrada monumental constituida por dos moles trapezoidales. En el interior del templo, un patio rodeado de columnas prepara el acceso a la sala hipóstila (de columnas) que estaba recubierto de un techo de madera pintada; finalmente, la zona noble comprendía las habitaciones de los sacerdotes y la Barca de Osiris, cámara del altar del dios. los más importantes son los de LUXOR y KARNAK.

Alrededor de 1500 a.C. la reina HAPTSHEPSUT ordenó levantar el primero de estos templos magnos, el de Deir-el-Bahari, junto a una colina. Se trataba de una innovación, ya que el recinto se excava en el interior de la montaña; es el tipo denominado speo, que más adelante repite RAMSÉS II en abu-Simbel que puede considerarse antecedente del espíritu griego en el propósito de fundir la belleza de la arquitectura con la del espacio natural.

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