HISTORIA, ARTE Y DISEÑO PARA ESCUELAS DE ARTE

La arquitectura en Mesopotamia

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Los primeros núcleos urbanos aparecieron en Mesopotamia, la “Tierra entre ríos”, lo que propició las condiciones necesarias para que las primeras civilizaciones surgieran y se constituyeran en importantes centros desde el punto de vista económico y administrativo, en donde aparecieron las primeras muestras del uso de un sistema de escritura. Basta citar como ejemplo de ello el llamado Código de Hammurabi, que contiene el primer código escrito del que se tiene registro en la historia.

Las culturas del Próximo Oriente Antiguo se extendieron en una amplia área geográfica que tuvo su núcleo central en Mesopotamia, entre el Tigris y el Éufrates, y cuyo radio de acción llegó a través de Elam, hasta Asia. Los medios y persas, pueblos indoeuropeos llegados en el 600 a. C., formaron Persia; conquistaron y asimilaron la cultura mesopotámica y la dotaron, a su vez, de un nuevo empuje artístico.

Mesopotamia, que significa “Tierra entre ríos”, es una gran depresión que se encuentra en el norte del golfo Pérsico y recibe las aguas de los ríos Tigris y Éufrates. Se divide en dos zonas geográficamente bien diferenciadas:

• La zona norte, llamada Asiria o alta Mesopotamia, es una zona estratégica donde predominan los cultivos de secano.
• LA zona sur, donde se encuentra la región de Caldea o baja Mesopotamia, es una región muy seca donde solo es posible la agricultura con sistema de riego como los canales.

Hace más de 6000 años aparecieron en Mesopotamia los primeros núcleos urbanos.

Arquitectura

El templo. La aparición de estas culturas agrarias obligó a combinar el fervor religioso con la exaltación real. A las deidades terrestres se unieron otras de carácter celestial relacionadas con la observación y estudio de los cielos, esenciales para la elaboración de los calendarios agrícolas. Con la religión surgió un fuerte poder político, imprescindible para la organización del campo y el gobierno de las ciudades. En lagunas zonas como Sumer, los propios sacerdotes eran también los gobernantes; es decir, encarnaban los dos pilares fundamentales de las culturas mesopotámicas.

Templo blanco de Uruk

Para construir la casa de los dioses o la morada de los soberanos, en una zona donde la piedra escaseaba, se utilizó un nuevo tipo de material: el ladrillo, que ayudó a superar las dificultades técnicas de la construcción con grandes piedras, propia de la arquitectura megalítica. El ladrillo crudo o sin cocer (adobe) fue el más usado, mientras que el auténtico ladrillo cocido solía usarse en el revestimiento exterior de los edificios, más expuesto al deterioro por las inclemencias del clima; en ocasiones, se le unía con betún. Los elementos constructivos de uso común en la época eran gruesos muros de carga, arcos de medio punto, sistemas adintelados y bóvedas como cubiertas.

En la tipología de edificios destaca el templo que los sumerios denominaban eanna o “casa del cielo”. Del templo dependían los campesinos, que pagaban un impuesto para su mantenimiento. Uno de los más antiguos era el dedicado a la diosa Inanna de Uruk (época de Uruk, 3700-2900 a.C.), interesante por su rareza constructiva, ya que combina el ladrillo con la piedra caliza, inexistente en la zona, y por su estructura, que nos indica cómo eran estos templos: una planta rectangular en la que se inscribe un espacio en forma de T; es decir, una gran nave longitudinal terminada en otra más corta y transversal. Pero quizá la tipología más conocida sea la del templo-torre, denominado zigurat, construcción compuesta por varias terrazas superpuestas, en cuya cima se eleva el templo.

El zigurat de Ur se erigió en la época neosumeria (2150-2015 a.C.) sobre una planta de 60 metros de lado por 45 de ancho, con una altura estimada, pues en la actualidad está parcialmente arruinado, en 21 metros dispuestos en tres pisos. Como material, se usó el adobe para rellenar los volúmenes internos, mientras los paramentos murales estaban constituidos por una gruesa capa (más de 2 metros) de ladrillos cocidos unidos con asfalto. Su diseño se estructura en un conjunto de terrazas con los muros en talud potenciados por anchos contrafuertes. Grandes rampas escalonadas daban acceso a la puerta, a través de la cual se ascendería por el interior del recinto hasta el tercer nivel, donde se levantaba el templo, de planta cuadrangular.

Zigurat de Ur

El zigurat es una construcción escalonada, generalmente de siete pisos (los cinco primeros dedicados a los cinco planetas conocidos y los otros a la Luna y el Sol). En el último escalón se encontraba un templete en el que se guardaba la estatua de la divinidad.

El zigurat es, pues, sólo un procedimiento para acercar el templo al cielo. En cuanto a su finalidad, se ha aludido a razones prácticas, como la observación astronómica, pero su sentido auténtico, de acuerdo con los textos de la época, es religioso. El interior del templo era habitado ciertas noches por una sacerdotisa o hieródula, cuyo único mobiliario consistía en un lecho y una mesa. Esperaba que Marduk, supremo dios mesopotámico, descendiera de los cielos para yacer con ella. En este sentido, la morada de Marduk, como se le llama en los textos, elevada sobre la tierra, aislaba a la escogida del resto de los mortales, a la vez que acortaba la distancia con su dios.

Palacio. Si los sumerios se caracterizaron por el espíritu religioso de sus sacerdotes-gobernadores, o patesis, las demás culturas de la zona, sin olvidar las devociones sagradas, imprimieron una impronta más belicosa a sus asuntos, pues realzaron y distinguieron a sus reyes como representantes de los dioses, pero también como invencibles guerreros que defendían a sus pueblos. En esta línea de pensamiento se inscribe la arquitectura civil, centrada principalmente en la ciudad, rodeada por una muralla, como en el plano de Dar Sharrukin (Khorsabad), edificada por Sargón II (721-705 a. C.; época asiria). La grandeza política y la perfección geométrica se plasman en un cuadrado de casi 2 kilómetros de lado, salpicado de torreones-puerta y formado por una muralla de cientos de contrafuertes que proporcionan un plano dentado de la misma. En su parte norte se hallaba la ciudadela y, entre ella, en un lugar preferente, el palacio del soberano. Esta disposición fundía fortificación, ciudad y residencia real.

Palacio de Khorsabad (artehistoria)

Las murallas rodeaban y protegían las ciudades con torres de defensa y grandes puertas fortificadas. La ciudad de Babilonia estaba rodeada por una de estas murallas, que tenía ocho puertas, de las cuales se conserva solo la Puerta de Isthar.

Puertas de Ishtar de Babilonia, siglo IV a. C. Los templos estaban dentro de las ciudades. Posiblemente el caso más significativo sea Babilonia (época neobabilónica, 625-539 a.C.), ciudad hoy totalmente arruinada de la que se conservan unas puertas cerámicas, las de Ishtar (siglo VI a.C.), con una muralla de características similares a las Khorsabad.

Puerta de Ishtar, Museo de Berlín

Según el historiador Herodoto (Libro 1, 37), disponía de un foso exterior paralelo a las murallas y por el centro la atravesaba el río Éufrates; las casas era de tres o cuatro pisos y su plano estaba diseñado en cuadrícula, aunque esto no ha sido enteramente confirmado por las excavaciones. Aunque este autor exagera algunos datos, es muy interesante su descripción de materiales como los ladrillos cocidos y el asfalto, o la situación del palacio real y el zigurat de forma cónica, del que, señala, poseía un templo en la cima.

Reconstrucción hipotética de la antigua Babilonia

Es precisamente en este zigurat en el que parece inspirarse la Biblia para el relato de la torre de Babel y constata en forma documental su construcción. Éste aparece en los textos mencionado como Etemenanki, “casa fundamento del cielo y de la tierra”. Por otra parte, según una tablilla conservada en el museo del Louvre, la altura de la torre de Babilonia era de unos 90 metros, con lo cual sería vista a gran distancia y constituía así un símbolo tanto del poder religioso como del civil. Las excavaciones arqueológicas han rescatado la magnífica placa cerámica del frontis del salón del trono del palacio real que, junto con las mencionadas puertas, suponen los ejemplos más esplendorosos de la desaparecida ciudad.

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