El racionalismo arquitectónico de principios del siglo XX dio lugar a unos espacios interiores en los que, lógicamente, no podía desenvolverse el modernismo; fue necesario buscar una nueva fórmula decorativa, basada en la sencillez de las formas y en la pureza de los ornamentos, es decir, una decoración en lógica relación con la estética del momento, tanto en el campo arquitectónico, como en los de la pintura y la escultura, de acuerdo con la teoría de la integración de las artes. Era necesario romper con todo la anterior y crear una decoración auténticamente moderna y revolucionaria, semejante a lo que el cubismo había representado para la pintura; precisamente, la nueva decoración tomó de esta escuela no sólo sus principales características, sino incluso su propio nombre. La exposición universal de París de 1925, dedicada a las artes decorativas e industriales, señaló el triunfo del estilo cubista sobre el modernismo.

Cartel de la exposición universal de 1925

Los interiores, tratados hasta entonces con tonos suaves, se enriquecieron con negros y blancos, violetas o naranjas. El color era una novedad y la gama cubista representó como una fiesta, a la que colaboraba la iluminación eléctrica; en efecto, ésta se incorporó a la decoración como elemento ornamental en techos, cornisas, molduras o zócalos.

Los interiores cubistas, a pesar de su voluntad de simplificación de formas y ornamentos con respecto al modernismo, denotan un deseo de magnificencia, una cierta tendencia a un lujo opulento, que queda limitado por la sencillez y finura de las formas, pero surgen en la suntuosidad de los materiales, en la perfección de las instalaciones y en los complementos decorativos. El vidrio se utilizó para crear objetos, lámparas y apliques, de especial importancia dentro de la decoración cubista. El hierro recupera su puesto y se emplea en forma de rejas, colocadas incluso en medio de las habitaciones. El cuero fue utilizado para tapizar muebles de asiento en su totalidad, como ocurre con el sillón club, de gruesos brazos y patas cúbicas, que tuvo gran aceptación, o con los sofás Chester, de inspiración inglesa y almohadillados.

Sofá tipo Chester

El repertorio decorativo estaba integrado por motivos geométricos influidos por la pintura cubista, con predominio de círculos y cuadrados: motivos inspirados por el arte negro y las artes primitivas; y motivos vegetales, como frutas exhibidas en cesta o frutas estilizadas. Todos estos predominan en las tapicerías y empapelados de los interiores cubistas.

Escritorio Art Déco diseñado por Paul Follot

Los principales promotores del cubismo decorativo francés fueron Dufrene, Luis Sore, Ruhlmann, Frantz y Jourdain, Süe, Paul Follot y Paul Vera, que trabajaron a base de grandes espacios y techos elevados; paredes de color muy claro, a menudo incluso blancas y casi desnudas.

Pareja de sillones diseñados en 1925 por Maurice Dufrene

Hacia 1933, Ruhlmann presentó una habitación totalmente tapizada de seda y con el mobiliario realizado en chapa, laqueada en un tono verde agua. Fue la última muestra de decoración cubista que, a partir de entonces, dejó el campo totalmente libre al racionalismo propugnado por la Bauhaus, dando lugar a las dos tendencias imperantes en el siglo XX: el funcionalismo y el organicismo.

Diseño interior art déco realizado en 1925 por Ruhlmann

Holanda tuvo una importante actividad, con la ebanistería elementarista de Thomas Rietveld, que consiguió modelos fáciles de producir en serie. Son famosos sus sillones, construidos mediante sencillas placas de madera, diferenciados sólo por el color.

Silla diseñada por Rietveld

En el mueble cubista, la unidad es lo primero, pero ésta no se consigue sin un justo equilibrio entre sus componentes, y estos no aportan nunca nada extraño al conjunto, porque han sido planteados según sus propias posibilidades internas. En cuanto a la tapicería, se recurre solamente al juego de colores y a la textura, evitando todo dibujo o motivo que atraiga la atención. En realidad, el cubismo devolvió al diseñador de muebles la dignidad y responsabilidad de su arte, posibilitando el hallazgo de formas y sistemas.

Imagen de un libro con diseños de Rudenauer

Por último, cabe señalar la aparición de nuevas tipologías de muebles, como el diván, uno de los más representativos, pues se usa como sustitución de la cama debido a la carencia de espacio propia de nuestros días. Los modelos del diseñador Wilhem Kästner son de construcción maciza, en maderas de fresno y nogal, con líneas sobrias que consiguen, gracias al listado de la tapicería, cierto movimiento de conjunto. Los diseñados por Adolf Ruedenauer tienen el cojín de la cabecera cilíndrico y tapizado en dos colores, haciendo juego con el pie, también cilíndrico y bicolor.