El mundo contemporáneo

El comienzo de la Primera Guerra Mundial, en 1914, dejó paralizada casi totalmente la evolución artística, lo que obligó, tras su finalización, a iniciar una nueva época, partiendo de premisas diferentes, creadas por los planteamientos sociales, políticos y económicos surgidos de la contienda. Por lo que se refiere a la decoración, se produjeron dos tendencias: la tradicional o histórica y la que ha sido designada con el nombre de racionalista. La decoración tradicional proviene de la aceptación y aplicación de las nuevas técnicas y materiales, ocultos bajo una serie de motivos y formas ornamentales de tipo tradicional; por lo tanto, se trata únicamente de una repetición falsa y carente de interés de los estilos clásicos, pero aprovechando las posibilidades y facilidades aportadas por la tecnología moderna.

Villa Weissenhof en Stuttgart 1926 – 1927 diseño de Le Corbusier

La arquitectura y la decoración racionalistas surgen atendiendo las nuevas exigencias aportadas por la enorme variedad de materiales, el aumento de las comodidades, el desarrollo de los medios de transporte y comunicación, los numerosos y progresivos inventos y la tendencia al dinamismo. Los primeros y más auténticos renovadores fueron los ingenieros, al reconocer las crecientes necesidades industriales y la belleza peculiar de las estructuras de acero. Los arquitectos y los decoradores, acostumbrados a las líneas clásicas, tardaron algún tiempo en simplificar sus proyectos y reducirlos a los elementos necesarios para crear un nuevo tipo de diseño que respondiera a las exigencias funcionales.

Factor dominante en la situación fue, sin duda, el de la aparición del individualismo artístico, que facilitó la dispersión del gusto y, sobre todo, la creación constante de nuevos modelos, inmediatamente conocidos por el gran público. En efecto, la gran facilidad de comunicaciones dio lugar a que toda novedad fuera rápidamente conocida, imitada y modificada, impidiendo la formación de escuelas nacionales.

La nueva arquitectura.

En arquitectura, el camino a seguir quedó claramente determinado por un hecho fundamental: los nuevos materiales producen problemas que exigen nuevas soluciones, nuevos métodos constructivos y, por lo tanto, nuevas formas. La arquitectura tiene que buscar el desarrollo total de las posibilidades de los nuevos materiales, siempre dentro del complejo función-forma, pero con un evidente predominio de la función sobre lo puramente accidental. El artista ya no trabaja según el dictado de un único cliente, sino aceptando una responsabilidad social, por lo que la arquitectura y el diseño se convierten en un servicio; los edificios y los objetos de uso cotidiano se proyectan no sólo para satisfacer los anhelos estéticos de sus creadores, sino también y de una manera fundamental, para llenar necesidades prácticas.

Café Zahara, Madrid. 1930

En Francia surge la figura de Auguste Perret, un genial innovador que conjuga perfectamente el espíritu artístico con la más depurada técnica moderna, suavizando el vigor de las formas estructurales con una poética sensibilidad a través de las figuras geométricas elementales y sencillas, capaz de crear una arquitectura de netos y secos volúmenes. Los edificios proyectados en esta misma época por Josef Hoffman, como el Palacio Stoclet, en Bruselas, prueban que el nuevo estilo, con su seguridad en el empleo de los ángulos rectos, resulta tan útil para el lujo como para la función; el secreto, al suprimir ornamentos, molduras y curvas, consiste en utilizar bellos materiales y en producir un armonioso juego de proporciones.

Josef Hoffman. Casa Stoclet, Bruselas.

La mayor contribución por parte de Alemania se debe al arquitecto Behrens, que desarrolló la nueva concepción del diseño industrial, aceptado por la empresa AEG tanto para sus fábricas y comercios como para sus productos; y Walter Gropius, que incorporó las formas del nuevo espíritu cubista. El futurismo italiano contribuyó, asimismo, a la revolución arquitectónica del siglo XX: Marinetti, Boccioni y Sant’Elia incorporaron el lirismo necesario para que el estilo prosperara en determinados ambientes intelectuales.

Peter Behrens. Fábrica de Turbinas AEG. Berlín. 1909.

La concepción moderna de la arquitectura quedó personalizada en el complejo movimiento surgido en los años veinte llamado racionalismo, que tuvo como fundadores a Gropius, Mies van der Rohe y Le Corbusier. De hecho, la arquitectura que se define como funcional, es sólo una de las dos tendencias a través de las cuales se desarrolla el racionalismo del siglo XX, más atento a la misión del edificio o del objeto que a su belleza; por el contrario, algunos edificios de Frank Lloyd Wright, infatigable batallador contra los funcionalismos europeos, demuestran ser bastante más habituales y más humanos, dando lugar a la segunda tendencia, la organicista, de aplicación también a la decoración de interiores y al diseño de objetos.

La Bauhaus

Bauhaus, etimológicamente significa, Casa de Construcción, fue fundada en 1919, en Weimar (Alemania), por Walter Gropius, trasladada en 1925 a Dessau y disuelta en 1933 en Berlin. El espíritu y las enseñanzas de esta institución puede decirse se extendieron por todo el mundo.

En el manifiesto de fundación de la Bauhaus se explicitaron ideas que alentaban y pretendían el retorno a la unidad perdida entre artesanía y arte, apuntando tanto a los aspectos más teóricos como a las implicancias sociales de esta vinculación. El camino utópico a transitar era el de volver a lograr la unidad de las bellas artes.

Edificio principal Bauhaus. Dessau

Se veía como origen de muchos errores y desvíos la separación entre Pintura, Escultura y Arquitectura, posterior al Renacimiento y que sin embargo en la Edad Media formaban una unidad. Se convocaba a unir esfuerzos en busca de la Construcción de la Obra de Arte Total. La cual se expresa en la obra de arquitectura.

PRIMEROS AÑOS EN WEIMAR.

Esta aventura comenzada en Weimar, tuvo en W.Gropius el personaje aglutinador que supo coordinar las variadas tendencias ideológicas, artísticas y religiosas, de los docentes. En la primera etapa de la escuela fechable dede 1919 hasta 1923, predominó la vertiente de la vanguardia alemana expresionista.

En 1919 y por sugerencia de Henry van de Velde, Walter Gropius reanuda los contactos establecidos con el Ministerio de Estado del Gran Ducado de Sajonia-Weimar en 1915, con miras a la creación de un centro de asesoramiento artístico para la industria, la artesanía y los oficios manuales. Walter Gropius se convierte en director de la academia de bellas artes, que incluye la antigua escuela de artes y oficios. Comienza la Bauhaus en Weimar.

Gropius en 1922

El primer maestro del curso preliminar, el suizo Johannes Itten, impulsó una enseñanza basada en el expresionismo pictórico, en la meditación de filosofías y religiones orientales y en la pedagogía de «aprender haciendo». Esto era una flagrante oposición a la metodología apoyada básicamente en cursos teóricos, imperantes en la época, en la pedagogía de la época.

El plan de estudios original que luego se modificó, proponía una serie de talleres, semejantes al de una escuela de oficios, a realizar concluido el ciclo preliminar, donde lo distintivo de cada uno era el trabajo usando un material base: talleres de escultura de piedra (Schlemmer), talla en madera (Muche), muebles (Gropius), cerámica (Marcks), oro, plata y otros metales (Itten), pintura mural y pintura de vitrales (Itten), tejido (Muche), impresión gráfica (Feininger), encuadernación (Klee). arquitectura (Walter Gropius, Adolf Meyer, Carl Fieger). En 1921 se añada un taller de teatro que lo dirigirá Lothar Schreyer. En 1922 Wassily Kandinsky es contratado para dirigir el taller de pintura mural. En 1923 Itten parte hacia nuevos proyectos y es sucedido por Moholy-Nagy, que se hace cargo de los Vorkurs (cursos preliminares) y el taller de metal en octubre. Joseph Albers dirige el estudio de materiales y el taller de vitrales.

ENTRE LA ARTESANÍA y la INDUSTRIA.

La tensión entre la producción artesanal y el mundo de la industria siempre existió en la experiencia Bauhaus. Las tendencias del expresionismo fueron sustituidas a partir de 1923 por la imposición de otras ideas provenientes de la vanguardia internacional de la época, como el Neoplasticismo holandés y el Constructivismo Ruso.

Fritz Schleifer, Póster para la exposición de la escuela estatal de la Bauhaus en Weimar, 1923

En este cambio es clave la sustitución de Itten por Lazlo Moholy Nagy, de origen húngaro. El cual buscó superar lo pictórico del enfoque expresionita por el énfasis en la experiencia de lo sistemático y el uso de los materiales y objetos seriados de posible uso industrial.

EL TRASLADO A DESSAU

El período de Weimar se termina con la crisis financiera de esta escuela estatal y tras largas y difíciles negociaciones la escuela se muda a Dessau en 1925, inaugurando un edificio, diseñado especialmente, en hormigón armado y con ventanales en muro cortina, paradigma de la arquitectura moderna. Ese mismo año y si las obras del edificio terminadas, comienzan oficialmente las clases en Dessau. Todos los maestros de la forma, excepto Marcks se trasladan a Dessau, mientras que los antiguos alumnos convertidos ya en maestros jóvenes se apoderan de los talleres, se produce entonces la abolición de la subdivisión del personal docente en maestros de oficio y maestros de la forma (los artistas): Josef Albers («Vorkurs»), Herbert Hayer (Tipografía), Marcel Breuer (Muebles), Hinnerk Scheper (Pintura mural), Joost Schmidt (Escultura), Gunta Stölzl (Tejidos). Las clases se imparten en la Escuela Municipal de Artes, Artesanías y Oficios manuales pendientes de finalización del edificio de la Bauhaus, mientras que los talleres se imparten en los almacenes de una empresa de venta por correo.

En 1926 los talleres se trasladan al nuevo edificio de la Bauhaus y se redactan unos estatutos nuevos. El gobierno de Anhalt reconoce el nuevo título de «Hochschule für Gestaltung» (Escuela Superior de Diseño) de la Bauhaus, la Bauhaus ahora formalmente una institución académica oficial. su propósito es, primero, dar forma a los intelectuales, la artesanía y las habilidades técnicas de los seres humanos de manera creativa con talento para prepararlos para el trabajo de diseño, en particular la construcción, y, segundo, llevar a cabo experimentos prácticos, sobre todo en la construcción de viviendas e interiores, para desarrollar modelos para la industria y los oficios manuales (ordenanza de la Bauhaus Dessau noviembre 1925). el edificio de la Bauhaus se inaugura con la presencia de más de 1.000 clientes nacionales y extranjeros, despertando gran interés internacional. Pero los problemas y suspicacias que la Bauhaus despierta desde su inicio en el Poder, cada día más netamente conservador, una asociación de base en Dessau decide protestar contra el «no alemanes» Bauhaus (incluyendo una campaña de distribución de panfletos con un texto de Dessau arquitecto Kurt Elster, coincidiendo con la inauguración).

En 1928 Walter Gropius presenta su renuncia al cargo de director y presenta su renuncia oficial. Moholy-Nagy, Herbert Bayer y Marcel Breuer abandona la Bauhaus, junto con él. Hannes Meyer es nombrado sucesor de Gropius por sugerencia de este último. En 1929 Walter Peterhans es nombrado jefe del nuevo taller de fotografía y Otto Neurath imparte un taller sobre estadísticas visuales y la actualidad.

En 1939 Hannes Meyer es llamado para dar cuenta de la creciente politización de la Bauhaus y destituido por la ciudad de Dessau acusado de alentar y promover actividades comunistas entre su alumnado. Ludwig Mies van der Rohe es nombrado nuevo director de la Bauhaus. Este prioriza cursos de estudio más centrados en la arquitectura, en particular, la conexión entre la tecnología de la construcción y las cuestiones estéticas. Las actividades del taller se redujeron. Mies van der Rohe busca preservar a la Bauhaus de todos los conflictos políticos y expulsa a los estudiantes de orientación comunista.

MUERTE EN BERLÍN

Pero los problemas políticos iban en crecimiento. En 1932 el partido nacional-sindicalistaministro (NSDAP) sube al poder en Dessau y en su programa llevaban la eliminación de la Bauhaus y el derribo de sus edificios. A las pocas semanas de llegar al poder, el NSDAP en Dessau inicia una moción para el cierre de la Bauhaus. La reunión del Consejo aprueba la moción del NSDAP para el cierre de la Bauhaus y el despido de todo el personal docente con sólo cuatro votos en contra.

Mies mantiene conversaciones sobre el traslado de la Bauhaus a Magdeburgo y Berlín. la Bauhaus se traslada a Berlín. su nueva casa es una antigua fábrica de teléfonos en Siemensstrasse, distrito de Steglitz. Mies van der Rohe se las arregla para garantizar los derechos del nombre Bauhaus y los ingresos por licencias. la Bauhaus en Berlín pasa a llamarse Escuela privada Ludwig Mies van der Rohe.

Edificio de la Bauhaus en Berlín

La experiencia de Berlín no durará mucho. Herida de muerte y con el fascismo invadiendo toda Alemania, la Gestapo entra en la Bauhaus por orden de la oficina del fiscal de distrito de Dessau, Alfred Rosenberg. 32 estudiantes son detenidos y se presenta una solicitud para el cierre de la Bauhaus. Ludwig Mies van der Rohe disuelve la Bauhaus al comienzo del semestre del verano de 1933 con el consentimiento de los patronos

PRINCIPALES PERSONAJES DE LA BAUHAUS

Walter Gropius tenía 36 años cuando se fundó la Bauhaus en Weimar, pero ya era una de las grandes figuras de la arquitectura alemana. La primera muestra de que Gropius se anticipaba a su tiempo fue su primer proyecto, la Fábrica Fagus. El edificio se construyó entre 1911 y 1913 y supuso una innovación por sus grandes ventanales con marcos de acero que dan ligereza a la estructura de ladrillo. El joven arquitecto puso especial mimo en la fachada visible desde el tren que pasaba cerca del edificio.

En la escuela comenzó siendo un director idealista que anteponía los métodos artesanales a la mecanización, creía en los maestros que daban igual importancia a las destrezas técnicas y al desarrollo del carácter del alumno. Diseñador de la sede de Dessau, el centro educativo era su vida y estaba incluso por encima de sus proyectos arquitectónicos: defendió la escuela de los nacionalistas —que sospechaban que era una institución simpatizante del comunismo— y hasta de los artesanos locales de Weimar, que la veían como una amenaza para sus negocios. Los conflictos con la administración pública (que no daba suficiente dinero para material) se juntaron al desencanto del alumnado por la falta de recursos. Algunos profesores también se rebelaron contra Gropius. Tomó decisiones equivocadas en una situación política y social compleja, la falta de dinero y las ideas incendiarias que gestaban el desastre del nazismo eran cada vez más sofocantes.

Vassily Kandinsky fue profesor de diseño para principiantes junto con Paul Klee y daba un curso de teoría avanzada. En sus talleres de pintura comenzó a desarrollar sus teorías del color y las formas abstractas, que aplicaba a sus obras en los años veinte, sustituyendo las formas por un lenguaje más subjetivo.

Tenía 56 años cuando comenzó a trabajar para la Bauhaus y su aspecto reservado y distante combinaban a la perfección con su tendencia a teorizar. El conjunto le daba un aire de profesor infalible, que parecía revelar en sus discursos verdades incontestables: los alumnos lo veían poco accesible y excesivamente frío.

Algunos se atrevieron a bromear sobre las enseñanzas de Kandinsky. Un alumno le enseñó el lienzo en blanco: “Maestro. Por fin he conseguido con éxito pintar una pintura absoluta de absolutamente nada”. El artista tomó en serio la propuesta y le preguntó al alumno por qué había escogido el blanco, a lo que contestó que “el plano blanco representa la nada”. “La nada es demasiado. Dios creó el universo de la nada. Así que ahora lo que queremos es crear un pequeño mundo”, contestó Kandinsky. Cogió pinceles y pintura y sobre la superficie vacía hizo una mancha roja, otra azul y otra amarilla. Una sombra verde lateral unificaba los tres colores en una pintura que en cuatro pasos era una síntesis de tonos.

El curso se hizo cada vez más popular y se ofertó hasta que la escuela cerró. Con los análisis de corte científico, muchos estudiantes apreciaron las teorías del color y de la forma y encontraron grandes oportunidades creativas en buscar el equilibrio entre un arte controlado con el intelecto pero emocionalmente expresivo.

Oskar Schlemmer era pintor, escultor, diseñador y coreógrafo. En 1923 comenzó a dirigir el taller de teatro de la Bauhaus. La escenografía era una oportunidad ideal para poner en común conocimientos de diferentes disciplinas y además las representaciones eran una oportunidad para la escuela de popularizar sus diseños.

Sus ideas sobre la relación de la figura con el espacio fueron el origen del Triadisches Ballett (Ballet Triádico), su obra más famosa, estrenada en Stuttgart en 1922 y un éxito en el momento. Los personajes iban ataviados como marionetas (que el autor consideraba sumamente expresivas), se convertían en figuras geométricas, danzaban para combinar sus estructuras como en un cuadro abstracto…

Schlemmer veía el mundo moderno guiado por dos corrientes: la mecánica (el cuerpo como máquina) y la de los impulsos primordiales (el espíritu creativo). Su ballet mostraba a personajes que sintetizaban esas dos caras de la existencia humana.

Marcel Breuer fue uno de los alumnos de la Bauhaus que se convirtieron después en maestros. Arquitecto y diseñador de muebles, comenzó a estudiar en el taller de ebanistería en 1920 y sus piezas reflejaban el interés de la escuela por las corrientes expresionistas y el arte africano. Comenzó a despuntar por sus diseños de sillas de madera, simples y a la vez de una geometría rompedora. Su mueble más famoso es tal vez la Silla Wassily (bautizada así en honor a Kandinsky), una estructura tubular y curva inspirada en la bicicleta de Breuer. Creada en 1925, era la primera silla de la historia con esas características.

Con la llegada de los nazis, el artista, de origen judío, escapó a Londres y después a los EE UU, donde se convirtió en un arquitecto de éxito.

Ludwig Mies van der Rohe fue el segundo y último director de la Bauhaus, un puesto al que Walter Gropius renunció —quemado por las constantes presiones políticas y teóricas— dos años antes de que terminara su contrato.

El recién llegado ya era un afamado arquitecto, admirado por la sencillez de sus líneas y su utilización del acero y el cristal. Recibió una herencia complicada, tenía que restaurar la reputación de la escuela y librarla de las connotaciones políticas de las que la acusaban sus enemigos.

Se vio obligado a adoptar una postura autoritaria para aplacar a los estudiantes más contestatarios con la creciente radicalización de la política en la Alemania de principios de los años treinta. La actitud no lo ayudó a ser popular: muchos veían al nuevo director como el arquitecto de las casas lujosas para ricos que no se interesaba por las viviendas para la clase trabajadora. En la cafetería de la escuela, había reuniones encendidas que amenazaban con convertirse en revueltas e incluso tuvo que ir la policía.

Mies van der Rohe prohibió todo tipo de manifestación política y cargó los programas de teoría, los estudios se estancaron y la producción artística cayó en picado. Los talleres relativos a los muebles, los murales y el metal se fusionaron en Diseño de interiores, todo un símbolo del enfoque esnobista que el director quería darle a la institución.

Aún con el toque formal e inocuo, la Bauhaus tenía un estigma antialemán del que no se libraba. Los nazis proclamaban que era una amenaza para el paisaje típico de Alemania y que ese cosmopolitismo, que traía estilos de países como EE UU, Holanda y Francia, “contaminaba” las tradiciones. Además, los teóricos del nazismo clasificaban los techos planos (típicos de las creaciones de Mies van der Rohe) como ajenos al clima del norte y típicos de oriente, particularmente de los judíos. El arquitecto intentó salvar la escuela incluso mitigando las diferencias que pudiera haber con el gobierno nazi, no se sabe si por amor a la escuela o por amor propio, pero pronto se dio cuenta de que la emigración era la única salida. La Bauhaus cerró para siempre.

Hábitat racionalista

Una de las tentativas más interesantes del siglo XX es la de recuperar la relación entre hombre, casa y ciudad. La primera solución, la más típica, fue la propugnada por Le Corbusier con su unidad marsellesa, de desarrollo vertical, a la que puede contraponerse la unidad horizontal realizada por Adalberto Libera en el barrio Tuscolano de Roma. Casi todos los experimentos urbanísticos actuales se mueven entre estos dos tipos extremos: casas altas, en torre, o casas bajas, unifamiliares y en hilera.

Le Corbusier. Unité d’Habitation, Marseille

La revolución industrial y la explosión demográfica provocaron el desbordamiento de las ciudades antiguas, por lo que la mayor parte de los urbanistas creyeron en la desaparición de las grandes ciudades en beneficio de una síntesis entre ciudad y campo. Esta idea fue recogida especialmente en el mundo anglosajón, donde el inglés Ebenezer Howard construyó hacia 1898 su teoría de las ciudades jardín que, después de la IGM, ejerció una gran influencia en Inglaterra, Holanda y Escandinavia. Al mismo tiempo, el ingeniero español Arturo Soria, planteó la ciudad en función de la máquina y de la circulación, proponiendo en 1882 la teoría de la ciudad lineal, basada en el principio de una vía de circulación bordeada por una estrecha banda urbanizada, que no podía crecer en espesor, sino tan sólo longitudinalmente.

Ciudad Lineal, la utopía construida de Arturo Soria

Lo que contaba a principios del siglo XX era el edificio y no la vivienda, el propietario y no el usuario; por el contrario, los arquitectos actuales toman como punto de partida la célula familiar. En los interiores se establece un ambiente de acuerdo con el estilo actual, iniciado con la decoración y el mobiliario cubista, con una búsqueda forzada de efectos geométricos, causante de su corta duración. Posteriormente, surgieron la decoración y el mobiliario funcionalista, con la pretensión de llegar a todos, por sus aspectos prácticos y de utilidad para la mayoría. Por último, aparecieron la decoración y el mobiliario organicista, con los que el hombre vuelve a ser el auténtico protagonista, hasta cierto punto tipificado y mecanizado por el excesivo funcionalismo.

DOCUMENTAL: BAUHAUS, EL ROSTRO DEL SIGLO XX