Aparición del Modernismo.

El Modernismo, como habíamos señalado, es una reacción estética contra la civilización industrial, buscando acercamiento la naturaleza para escapar de la artificialidad del academicismo histórico y ecléctico. Cuando Ruskin, a mediados del siglo XIX, pronosticó el retorno a la artesanía, Morris trató de ponerlo en práctica, pero su intento fue fracaso, al pretender usar el trabajo manual exclusivamente en un momento de producción mecanizada, necesaria para abastecer a la humanidad masificada. La síntesis de antecedentes del movimiento modernista fue realizada por Mackmurdo, que hacia 1890 resumió las distintas corrientes en la unidad de un estilo coherente, cuyos rasgos dominantes se basaban en la presencia del tema vegetal curvilíneo, los ondulantes tallos, las masas de follaje y las flores. En realidad, a mediados del siglo XIX, el naturalismo dominado en todos los ámbitos y los proyectistas del modernismo se aproximaron a la naturaleza, en busca de formas que expresaran su desarrollo y no el de la producción humana; formas orgánicas y no cristalinas; sensuales y no intelectuales. Es decir, lo que atrajo a los artesanos fueron los elementos naturales que tendían por si mismos a la sinuosidad del modernismo.

Silla Mackmurdo, 1881.

Como campaña para evadirse del historicismo, fue el primer movimiento contemporáneo importante en el campo de la arquitectura y la decoración, aparte de las complacencias y aberraciones a las que pudo llegar; sus características más definitorias estaban en el llamear asimétrico derivado de la naturaleza, manipulada con cierta audacia; y en la negativa a aceptar conexiones con los estilos del pasado. Fue un estilo decorativo más que arquitectónico, que tendió sobre todo a ofrecer amplias superficies para la ornamentación, consiguiendo durante cierto tiempo un éxito internacional, pues comenzó hacia 1893, tropezó al comenzar el siglo con una fuerte oposición y después de 1905, se mantuvo todavía en algunos países, en su mayor parte en decoraciones comerciales.

Fachada norte del Museo Art Nouveau y Art Déco Casa Lis

Puede considerarse que el estilo modernista nació de una forma total en Bruselas, en 1892, gracias a Victor Horta, cuando proyectó la casa Tassel de Bruselas, con un atrio en el que, desde la coronación de una columna de hierro situada al pie de la escalera, se difunden ondulados ramos y sarmientos también de hierro, cuyo movimiento se refleja en la decoración curvilínea pintada sobre las paredes y en el diseño del pavimento.

Victor Horta. Casa Tassel (interior)

En cualquier caso, las variantes introducidas por los diversos países, dieron origen a diferentes denominaciones conociéndose por Art Nouveu en Francia, Jugendstill en Alemania, Modernismo en España, Liberty en Italia y Sezession en Austria. En Inglaterra perduró el nombre de Art and Crafts y en Estados Unidos se denominó Mission y Craftsman.

Arquitectura modernista.

Una de las cualidades predominantes de la arquitectura modernista consistía en dejar vistos los elementos constructivos como parte de la fachada, reservando el ornamento para simbolizar y dar énfasis al enfoque estructural; la forma decorativa del hierro destaca y saca a la luz la construcción y la estructura en un procedimiento muy peculiar de la arquitectura modernista, al que podríamos dar el nombre de simbolismo arquitectónico de la estructura. Por otra parte, el vidrio, desde 1890, se convirtió en un medio independiente de expresión arquitectónica, por lo que el muro de cristal, combinado con otros materiales, tuvo un desarrollo rico e independiente; al mismo tiempo, se dio mayor importancia a las escaleras mixtas de vidrio y hierro.

Vivienda modernista en Zafra

Los modernistas introdujeron un tratamiento plástico del cuerpo del edificio, estrechamente vinculado con el ritmo deslizante de las diferentes partes de la construcción, a veces de línea austera y firme y otras con curvaturas en los paramentos, esquinas y huecos. En realidad, apreciamos en el modernismo una lucha por la silueta cerrada y los efectos sintéticos.

En general, la arquitectura modernista representa una dicotomía estilística, cronológica y geográfica. Pertenece a la primera fase de una arquitectura eminentemente plástica, a veces inspirada en Edad Media y a menudo con estructura simbólica, fundada en el empleo del hierro y del vidrio, que se extendió ampliamente por Francia y Bélgica.

Torre Einstein

Al estallar la guerra de 1914, el estilo modernista quedó completamente agotado. Sin embargo, su influencia se dejó sentir fuertemente en el modelado expresionista de la Torre Einstein, de Erich Mendelson; y en el Goetheaenum, de Rudolf Steiner. En definitiva, lo ocurrido fue que la arquitectura modernista desarrolló y aplicó una serie de expresiones estilísticas, pero la búsqueda del tratamiento unitario del ornato de la fachada, así como la concepción dinámica y plástica de la masa, llegaron a un callejón sin salida; no puede decirse tampoco que se hicieran grandes progresos en la planificación. La estructura visible, su tratamiento ornamental y simbólico, junto con el sentido del valor intrínseco son, probablemente, las aportaciones más notable del estilo, sin olvidar el impulso dado el tratamiento plástico de las construcciones.

Goetheanum

Decoración modernista.

También el modernismo completó la evolución decorativa, en primer lugar en las casas de las clases acomodadas, sobre todo en las de propiedad del inquilino, únicas que ofrecen ocasión para formar locales verdaderamente arquitectónicos y para crear una organización decorativa de estilo único. En la vivienda de alquiler, la organización arquitectónica es invariable e impone ciertas obligaciones decorativas, ya que el propietario de casas de alquiler distribuye sus locales de la manera más indiferente posible, para que toda clase de estilos y tipos de mobiliario, encuentren un fondo apropiado, por lo que en estos edificios, apenas sí se puede hablar de decoración. Por lo que se refiere al modernismo, existió una tendencia a conseguir una relación lógica entre la arquitectura, la decoración, el mobiliario y todos los objetos a utilizar, así como una exigencia general de llevar la cultura decorativa desarrollada en viviendas de lujo, a la casa del pequeño burgués, acomodándola a los medios más reducidos de que disponga. En este sentido, deben recordarse los esfuerzos de las asociaciones modernistas para conseguir una mejora del gusto general, en oposición al concepto puramente lucrativo de los fabricantes de muebles en serie o de los suministradores de muebles destinados a causar sensación, sin aportaciones estéticas o funcionales de ningún tipo.

Interior del museo modernista Can Prunera

Con la decoración modernista, se pierde el abigarramiento de elementos, objetos y adornos amontonados en las habitaciones, característico de la decoración romántica y ecléctica del siglo XIX. El modernismo pone al desnudo las líneas estructurales de la estancia, haciéndolo de forma que resulten prácticamente imposibles ulteriores añadidos.

Diseño decorativo de Mackintosh

Los diseños decorativos de Mackintosh, fueron habitualmente sobrios y elegantes, a base de blanco y negro, con predominio del blanco y algunos toques rosa, lila, plata o marcar, para acentuar el efecto; su tema decorativo más popular fue la rosa abierta estilizada, incrustada en marfil o en vidrio de color, o estampada en las tapicerías. Estos colores preciosistas y refinados, eran armonizados perfectamente con los recios montantes y con las ligeras curvas; por otro lado, el radicalismo de la abstracción ornamental y la lírica suavidad de los colores, también se contradecían, produciendo una tensión entre lo sensual y lo estructural que confiere su carácter único a la decoración de este arquitecto. Su acción y la de Morris, con el Domestic Revival, produjeron una intensa influencia británica en el continente durante los años del modernismo.

Complementos decorativos.

Un fenómeno característico del modernismo fue el gran desarrollo de los complementos decorativos, en un intento de incorporar el arte a la vida cotidiana; con este fin, se produjeron objetos pensados en función de la autenticidad de los materiales y de los procedimientos y también del acercamiento a la naturaleza, en busca de una originalidad entendida como acercamiento a lo primitivo. Al mismo tiempo, se destacaba el aspecto sensual de los elementos decorativos, a través del empleo del nácar y del ópalo, de lo translúcido, del tornasol, de lo lechoso o neblinoso, de los irisados, de los tonos verdes y violetas, y de los personajes de doble condición, como la niña perversa, el hada bruja, la ninfa princesa o la desnuda vestida. Todo ello, acompañado de un culto a lo efímero, a la nube, a la espuma marina, a las mariposas y libélulas, a las flores y al latiguillo de cintas volando en el espacio y entre torbellinos de humo.

Vidriera de la Tiffany & co. ca. 1890

La orfebrería tuvo un marcado interés por el material: la plata no fue cincelada, sino repujada; las piedras semipreciosas se utilizaron como contraste con la superficie de otras piedras y metales; el vidrio se utilizó en formas opacas y semitranslúcidas, produciendo maravillosos vasos en vidrio tallado y hojaldrado; con cerámica se crearon nuevos diseños e introdujeron técnicas; por último, se alcanzó un alto nivel artístico en el empleo de hierro forjado y martilleado.

Diseño de tela para pared de Arthur Silver

En el seno del esteticismo anglojaponés, Mackmurdo creó un repertorio de dibujos para cristales emplomados, ya iniciados por Louis Tiffany en América antes de 1900. Con ellos contribuyó al concepto tabicado de la decoración, al introducir campos de color cerrados por gruesos trazos. Ante el fracaso social de la artesanía de Morris en 1880, Arthur Silver fundó una manufactura de objetos de material barato para las clases medias y baja, a la que se unieron los producidos por la marca Liberty, que dio uno de sus nombres al estilo; ambas pusieron de moda los entrelazados celtas. Louis Confort Tiffany fabricó, desde 1880, una serie de objetos de cristal irisado y opalino Fabrile de gran calidad y originalidad. Sus vidrieras para ventanas, conocidas en Europa desde 1892, sirvieron de patrón para el sintetismo pictórico.